Psicoterapia

¿Es efectiva la psicoterapia en casos de baja autoestima?

Psicoterapia para casos de autoestima

Los problemas de baja autoestima son parte de los motivos más frecuentes por los que personas de todas las edades acuden a terapia psicológica.

Y es que valorarse poco a uno mismo no solo causa un significativo malestar; además, se traduce en dinámicas de comportamiento que traen muchos problemas tanto en el ámbito personal como laboral.

Ahora bien… ¿Es efectiva la psicoterapia en casos de baja autoestima? ¿Hasta qué punto los psicólogos pueden ayudar a reforzar la autoestima, y qué estrategias utilizan para conseguirlo? Veámoslo en las siguientes líneas

¿Qué son los problemas de autoestima?

La autoestima es la valoración que hacemos de nuestro autoconcepto, es decir, del concepto de nosotros mismos que tenemos. Si el autoconcepto es el conjunto de ideas y de creencias que hacen referencia a cómo es uno mismo, la autoestima es el componente valorativo y emocional que se aplica sobre esa descripción del “Yo”.

Por otro lado, entendemos por problemas de autoestima un patrón de valoración del “Yo” que da problemas por desgastar la calidad de vida de la persona que lo experimenta en sus carnes, y/o la del resto de personas de su entorno. Es decir, consiste en tener un nivel de autoestima que no encaja con un modo de vida satisfactorio o que no es fácil de integrar en relaciones sociales significativas y armoniosas.

En teoría, este desajuste entre autoestima y capacidad para adaptarse al entorno de una manera adecuada y gratificante puede darse tanto por autoestima excesivamente inflada como por baja autoestima. A la práctica, sin embargo, los problemas por baja autoestima son mucho más frecuentes en personas que buscan ayuda profesional en psicoterapia.

Además, si bien los problemas de baja autoestima pueden darse sin ir de la mano de otros problemas psicológicos, muchas veces surgen junto a la depresión, trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia o la bulimia, el Trastorno Obsesivo-Compulsivo o las adicciones.

La efectividad de la psicoterapia en el tratamiento de la baja autoestima

A la hora de tratar en psicoterapia los problemas de baja autoestima, en psicología se suele optar por la terapia cognitivo-conductual adaptada a las características de esta forma de malestar.

La función de la terapia cognitivo-conductual es intervenir en dos ámbitos de la psicología humana: los procesos mentales, o parte cognitiva, y los procesos comportamentales, o parte conductual.

Por ejemplo, si una persona llega a la consulta de un psicólogo con la voluntad de tratar su baja autoestima, el psicoterapeuta aplicará estrategias que lleven al paciente a adoptar estilos de comportamiento que no alimenten esa percepción negativa de uno mismo, a la vez que le ayudará a cuestionar esas creencias limitantes que le llevan a dar por supuesto que vale poco como ser humano.

Es decir, que por un lado se actúa en el componente dinámico del modo en el que el paciente suele relacionarse con el entreno y con los demás, y en el componente relativamente estático de las creencias pesimistas ligadas al autoconcepto, del estilo de “no valgo nada”, “soy incapaz de gustar a otros” o “no le importo a nadie”.

¿Es eficaz esta psicoterapia para tratar la baja autoestima? Los estudios científicos realizados sobre este tema indican que sí,  dado que las personas que pasan por este tratamiento psicológico tienen un mejor funcionamiento autónomo, presentan menos tendencia a manifestar síntomas depresivos, y tienen menos probabilidades de presentar otros trastornos mentales.

Estos efectos de la psicoterapia aparecen porque gracias al trabajo de los psicólogos tanto en el área del comportamiento como en el área de los patrones de pensamiento y de percepción de la realidad, los pacientes se exponen a más experiencias capaces de evidenciar sus propias virtudes y a la vez son más capaces de detectar estas señales de la propia valía y de reconocerlas como tales.

De esta manera, se ha de romper con el círculo vicioso de quienes por problemas de autoestima se aíslan de los demás, no toman la iniciativa de empezar proyectos estimulantes, y asumen que cualquier expresión de sus propias virtudes (poco frecuentes, dado su modo de vida pasivo) son en realidad producto de la suerte o de la intervención de otras personas.

¿Cómo se trabajan estos problemas en terapia psicológica?

Estas son algunas de las estrategias que utilizan los psicólogos para contribuir a que los pacientes con baja autoestima adopten una manera más adaptativa y realista de quiénes son y de qué son capaces.

1. Reestructuración Cognitiva

La Reestructuración Cognitiva tiene como objetivo hacer que el paciente se cuestione ciertas creencias a las que se ha estado aferrando mucho tiempo a pesar de que no son realistas y le causan dolor o problemas en la interacción con los demás.

Y es que muchas personas tienen baja autoestima, entre otras cosas, porque dan por supuesto ideas  que definen su propia identidad y que resultan poco razonables.

2. Entrenamiento en habilidades sociales

La autoestima está formada a partir de la interacción con lo que nos rodea, y por lo tanto, también a partir de la interacción con los demás. El modo en el que percibimos cómo nos ven influye mucho en el autoconcepto.

Por eso, en psicoterapia para casos de autoestima se contribuye a mejorar el modo en el que la persona se relaciona con los demás y valora esas relaciones personales: a veces, el hecho de que según quien no nos acepte es de hecho algo positivo, mientras que la actitud positiva que otras personas tienen hacia nosotros nos puede pasar desapercibida por no atrevernos a profundizar en esas relaciones.

3. Activación conductual

Esta herramienta terapéutica se utiliza mucho en personas que además de baja autoestima presentan síntomas depresivos. Consiste en crear contextos en los que el paciente se anime a involucrarse en actividades estimulantes capaces de poner en relieve las cualidades positivas de uno mismo: empezar un programa de entrenamiento, empezar a dibujar, etc.

En todos estos casos, ver el progreso y el perfeccionamiento de ciertas habilidades en relativamente poco tiempo (al ser actividades que antes no formaban parte de la rutina que se seguía) refuerzan la autoestima.

Referencias bibliográficas

  • Orth, U., Trzesniewski, K.H., Robins, R.W. (2010). Self-esteem development from young adulthood to old age: A cohort-sequential longitudinal study. Journal of Personality and Social Psychology, 98(4), 645-658.
  • Waite, P. (2012). Cognitive behavior therapy for low self-esteem: A preliminary randomized controlled trial in a primary care setting. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry 43(4): 1049 – 1057.
¿Es efectiva la psicoterapia en casos de baja autoestima?

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Psicoterapia para casos de autoestima

12 claves para elegir correctamente a tu psicólogo

Elegir psicólogo

Saber cómo elegir al psicólogo que te va a atender en sesiones de psicoterapia es muy importante. Y es que no solo hay que asegurarse de que va a ser un profesional de la asistencia psicológica con la formación y cualificaciones suficientes; además, hay que procurar que sus áreas de trabajo y de especialización sean compatibles con nuestras necesidades. A lo largo de este artículo veremos varias claves para elegir un psicólogo correctamente, y en qué debemos fijarnos para valorar cada opción.

¿Cómo elegir a tu psicólogo?

A la hora debuscar un psicólogo, es importante tener en cuenta los siguientes puntos

1. Asegúrate de que es realmente psicólogo o psicóloga

En España, solo son psicólogos quienes han terminado la carrera de Psicología y por consiguiente tienen el título de Licenciatura o de Grado universitario en esta disciplina. Sin embargo, si lo que buscas es un psicólogo que te trate como paciente, hay algo más que debes tener en cuenta y que veremos en el siguiente consejo.

2. Fíjate en su formación de posgrado

Para dar psicoterapia, es necesario haber pasado al menos por algún programa de formación de posgrado o Máster. Mira en qué áreas ha seguido aprendiendo más allá de las bases que aporta la carrera de Psicología, y busca información sobre los centros e instituciones en los que ha realizado esos posgrados o Másters.

3. Comprueba que da terapia en tu idioma

El idioma en el que se habla no es en sí algo que nos aporte información sobre la profesionalidad y experiencia de un psicólogo o psicóloga, pero no hay que olvidar que en psicoterapia es muy importante entenderse bien

Puestos a elegir un psicólogo, busca psicoterapeutas que hablen muy bien tu idioma materno.

4. Asegúrate de que se ha registrado en el Colegio Oficial de Psicólogos

Todo psicólogo que atienda a pacientes y realice psicoterapia debe tener un número de colegiado en el Colegio Oficial de Psicólogos, entidad que vela por los estándares de calidad de los servicios ofrecidos y por velar por el cumplimiento del código deontológico.

Solo en el caso de que no busques asesoramiento en los ámbitos clínico y de la salud, puedes contar con los servicios de un psicólogo sin colegiar.

5. Mira sus años de experiencia

Hay una gran diferencia entre llevarse dedicando a la psicoterapia durante una década o tener una trayectoria profesional de dos años. Valora el conocimiento que dan las carreras profesionales largas, porque la Psicología no se aprende solo en las clases de la facultad.

6. Fíjate en su especialización

En terapia psicológica hay muchas especializaciones posibles; busca los perfiles profesionales que más se adapten a tu problema o necesidad.

Por ejemplo, si buscas psicólogos para atender a tu hijo en edad escolar, procura que sean expertos en psicoterapia infanto-juvenil, y no solo en pacientes adultos.

7. Comprueba que tiene los medios necesarios

Si buscas un tipo de tratamiento específico, es posible que para llevarlo a cabo se necesite de un equipamiento especial.

Por ejemplo, en el caso de que te interese el uso de Neurofeedback, comprueba que puede realizar ese servicio con los dispositivos electrónicos de los que dispone. Si buscas terapia para las fobias basadas en realidad virtual, lo mismo, etc.

8. Asegúrate de que ofrece objetivos concretos

Es importante consultar el modo en el que trabaja el profesional al que nos estamos planteando acudir en sesiones de psicoterapia, y preguntar de qué manera se establecen las metas a alcanzar

Lo esperable es que en las primeras dos o tres reuniones ya se establezca una meta y un plazo para comprobar si se ha llegado a los objetivos. Que el profesional no se quiera comprometer en este aspecto no es buena señal.

9. Busca opiniones

Hay recursos que siempre son útiles, y el buscar opiniones de otros clientes es uno de ellos. Rastrea por Internet comentarios de otros usuarios haciendo referencia al psicólogo al que te planteas ir, pero no te fíes de una sola persona, porque a fin de cuenta es muy fácil inventarse críticas negativas por mala fe.

10. Asegúrate de que deja claras sus tarifas

Un psicólogo no debería hacer variar sus tarifas dependiendo de su manera de percibir la dificultad del tratamiento, ni de la complejidad del trastorno o problema a tratar. Las tarifas se establecen por tiempo, y normalmente se fijan indicando una cantidad a pagar por una sesión de 50 o 60 minutos.

Esta es una de las claves para elegir un psicólogo más fáciles de llevar a cabo, porque normalmente esta información está disponible en la página web del psicólogo o de su clínica.

11. Fíjate en si usa lenguaje pseudocientífico​

Otro de los consejos para saber elegir psicólogos que tienen que ver con detectar señales de alarma (y por lo tanto, al descarte) es el uso de un lenguaje lleno de conceptos pseudocientíficos o que aluden a una realidad prácticamente mágica

Por ejemplo, ideas como que los trastornos mentales son consecuencia de las vidas pasadas de nuestros antepasados, o que hay que dejar que la energía del trastorno se manifieste en nuestro cuerpo, o que el agua tiene memoria, etc.

Para saber detectarlos fácilmente, hay que recordar que la psicoterapia es fundamentalmente intervención psicológica orientada a desaprender ciertas conductas y a aprender otras, de un modo similar a como lo hacemos incluso inconscientemente en nuestro día a día fuera de la consulta, pero en este caso estando guiados por profesionales de la conducta.

12. No dejes de valorar los resultados

Incluso una vez que ya has elegido a un psicólogo y se ha iniciado el paso por psicoterapia, no hay que aceptar acríticamente todo lo que el profesional ofrece. Si crees que no se está llegando a los objetivos planteados en un inicio, hazlo saber, y si no te convence la propuesta de solución ante este problema, siéntete libre de cambiar de terapeuta.

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10 falsos mitos sobre la Psicología y la Psicoterapia

Falsos mitos sobre la psicología

La Psicología es una disciplina científica de la que se habla mucho, pero que también puede llegar a generar cierta confusión debido a lo complejo de los fenómenos que estudia.

Por un lado, mucho de sus temas de investigación aún están llenos de incógnitas y de elementos para el debate, dado que la Psicología no ofrece respuestas simples. Por el otro, muchas veces los medios de comunicación no especializados deforman el conocimiento científico extraído de la Psicología, o directamente difunden ideas falsas aprovechando el interés que despierta esta ciencia.

Por eso, en este artículo veremos una serie de falsos mitos sobre la Psicología y la Psicoterapia, dos ámbitos de trabajo orientados hacia la obtención de conocimiento y el uso de este conocimiento para mejorar la vida de las personas, respectivamente.

Falsos mitos de la Psicología

Estas son ideas que hay que rechazar para entender qué es la Psicología y la Psicoterapia, y cómo es aquello que investigan e intervienen.

1. Usamos solo el 10% del cerebro

Este es uno de los mitos sobre la Psicología, y es fácil comprender su popularidad: viene de la mano con la ilusionante idea de que tenemos un gran potencial escondido en cada uno de nosotros, en términos de inteligencia, memoria, creatividad, etc.

Sin embargo, esta idea es totalmente falsa. Nuestro cerebro es uno de los conjuntos de órganos más importantes del cuerpo humano, y no tendría sentido que invirtiéramos tantos recursos para mantener sus células en forma si en realidad usáramos una parte tan pequeña de su capacidad real.

2. La terapia psicológica consiste en hablar

La idea de que ir al psicólogo consiste en pagarle a alguien por contarle nuestras preocupaciones es una de las creencias falsas más extendidas de entre los mitos acerca de la Psicoterapia.

En realidad, acudir a sesiones con profesionales de la terapia psicológica implica involucrarse en actividades y realizar entrenamientos mentales y comportamentales; ir mucho más allá de expresar sensaciones a través del habla.

3. Es posible hipnotizar a alguien para que obedezca órdenes

La hipnosis no tiene el poder de obligar a alguien a ir contra sus valores éticos más fundamentales; en todo caso, influye en su manera de experimentar lo que ocurre en el aquí y el ahora e induce a un estado de sugestión en el que se pierden un poco las inhibiciones fruto de la presión social, pero sin llegar a extremos peligrosos.

4. La Psicoterapia es para personas “locas”

El concepto de la locura no es una categoría clínica con validez científica, sino un término usado para referirse a conductas extravagantes o que no encajan con los patrones de comportamiento socialmente aceptados.

Por otro lado, tampoco estaríamos en lo cierto si dijéramos que la terapia psicológica es para pacientes con trastornos mentales: hay muchas necesidades y formas de malestar que escapan a los criterios diagnósticos que hay que cumplir para tener un trastorno mental. Incluso es posible ir al psicólogo solo para mejorar en algún aspecto, sin creer que haya algo en nuestras vidas que vaya mal.

5. Todo el mundo tiene recuerdos reprimidos por ser traumáticos

No es cierto que todas las personas tengan recuerdos reprimidos que dejaron una emocional dolorosa en su mente y que no son accesibles por la consciencia.

Normalmente, tendemos a recordar más aquello que tiene una gran carga emocional para nosotros, con algunas excepciones en las que el exceso de ansiedad evita que “almacenemos” bien una vivencia en el cerebro, de manera que no se transforma en recuerdo.

6. Los psicólogos lo solucionan todo danto psicofármacos

Esto es falso por muchos motivos. El principal es que los psicólogos no medican, dado que esta forma de intervenir en pacientes solo puede ser hecha por médicos. Además, incluso los psiquiatras tienen otras herramientas de trabajo que van más allá de las pastillas.

7. Los psicólogos no curan, hay que ir a terapia para siempre

No es cierto que la terapia psicológica sea algo a lo que hay que recurrir de por vida. De hecho, en la mayoría de casos se intenta que los objetivos sean alcanzados en el periodo más corto posible.

Solo en ciertos casos en los que hay enfermedades crónicas, especialmente si son graves, se entiende que la terapia será un proceso de muy largo plazo.

8. La Psicología se basa en la reflexión

Otro de los falsos mitos de la Psicología es que trabaja a partir de la confrontación de argumentos y de ideas. Esto es en todo caso competencia de la Filosofía, no de la Psicología, sobre todo porque es muy cuestionable que los seres humanos (o los animales en general) se comporten como lo hacen según dicte la razón y la lógica.

9. El problema lo tiene siempre el paciente

Aquello que hay que solucionar en Psicoterapia no siempre reside en el paciente de manera individual. En muchas ocasiones, el problema está en una relación. Por eso se trabaja mucho en terapia de pareja y en terapia familiar.

10. La Psicología se centra en el estudio del alma

Aunque la etimología del término “Psicología” nos lo dé a entender así, los psicólogos no estudian nada que sea sobrenatural o que esté por encima de las leyes científicas fundamentales

Por mucho que los procesos mentales y los patrones de comportamiento no sean algo que se puede tocar, no son menos objetivos y pertenecientes al funcionamiento normal de la naturaleza.

Referencias bibliográficas:

  • Lilienfeld. S.O., Jay Lynn, S. (2016). 50 grandes mitos de la psicología popular. Vilassar de Dalt: Biblioteca Buridán
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Falsos mitos sobre la psicología

La Psicología es una disciplina científica de la que se habla mucho, pero que también puede llegar a generar cierta confusión debido a lo complejo de los fenómenos que estudia.

Por un lado, mucho de sus temas de investigación aún están llenos de incógnitas y de elementos para el debate, dado que la Psicología no ofrece respuestas simples. Por el otro, muchas veces los medios de comunicación no especializados deforman el conocimiento científico extraído de la Psicología, o directamente difunden ideas falsas aprovechando el interés que despierta esta ciencia.

Por eso, en este artículo veremos una serie de falsos mitos sobre la Psicología y la Psicoterapia, dos ámbitos de trabajo orientados hacia la obtención de conocimiento y el uso de este conocimiento para mejorar la vida de las personas, respectivamente.

Falsos mitos de la Psicología

Estas son ideas que hay que rechazar para entender qué es la Psicología y la Psicoterapia, y cómo es aquello que investigan e intervienen.

1. Usamos solo el 10% del cerebro

Este es uno de los mitos sobre la Psicología, y es fácil comprender su popularidad: viene de la mano con la ilusionante idea de que tenemos un gran potencial escondido en cada uno de nosotros, en términos de inteligencia, memoria, creatividad, etc.

Sin embargo, esta idea es totalmente falsa. Nuestro cerebro es uno de los conjuntos de órganos más importantes del cuerpo humano, y no tendría sentido que invirtiéramos tantos recursos para mantener sus células en forma si en realidad usáramos una parte tan pequeña de su capacidad real.

2. La terapia psicológica consiste en hablar

La idea de que ir al psicólogo consiste en pagarle a alguien por contarle nuestras preocupaciones es una de las creencias falsas más extendidas de entre los mitos acerca de la Psicoterapia.

En realidad, acudir a sesiones con profesionales de la terapia psicológica implica involucrarse en actividades y realizar entrenamientos mentales y comportamentales; ir mucho más allá de expresar sensaciones a través del habla.

3. Es posible hipnotizar a alguien para que obedezca órdenes

La hipnosis no tiene el poder de obligar a alguien a ir contra sus valores éticos más fundamentales; en todo caso, influye en su manera de experimentar lo que ocurre en el aquí y el ahora e induce a un estado de sugestión en el que se pierden un poco las inhibiciones fruto de la presión social, pero sin llegar a extremos peligrosos.

4. La Psicoterapia es para personas “locas”

El concepto de la locura no es una categoría clínica con validez científica, sino un término usado para referirse a conductas extravagantes o que no encajan con los patrones de comportamiento socialmente aceptados.

Por otro lado, tampoco estaríamos en lo cierto si dijéramos que la terapia psicológica es para pacientes con trastornos mentales: hay muchas necesidades y formas de malestar que escapan a los criterios diagnósticos que hay que cumplir para tener un trastorno mental. Incluso es posible ir al psicólogo solo para mejorar en algún aspecto, sin creer que haya algo en nuestras vidas que vaya mal.

5. Todo el mundo tiene recuerdos reprimidos por ser traumáticos

No es cierto que todas las personas tengan recuerdos reprimidos que dejaron una emocional dolorosa en su mente y que no son accesibles por la consciencia.

Normalmente, tendemos a recordar más aquello que tiene una gran carga emocional para nosotros, con algunas excepciones en las que el exceso de ansiedad evita que “almacenemos” bien una vivencia en el cerebro, de manera que no se transforma en recuerdo.

6. Los psicólogos lo solucionan todo danto psicofármacos

Esto es falso por muchos motivos. El principal es que los psicólogos no medican, dado que esta forma de intervenir en pacientes solo puede ser hecha por médicos. Además, incluso los psiquiatras tienen otras herramientas de trabajo que van más allá de las pastillas.

7. Los psicólogos no curan, hay que ir a terapia para siempre

No es cierto que la terapia psicológica sea algo a lo que hay que recurrir de por vida. De hecho, en la mayoría de casos se intenta que los objetivos sean alcanzados en el periodo más corto posible.

Solo en ciertos casos en los que hay enfermedades crónicas, especialmente si son graves, se entiende que la terapia será un proceso de muy largo plazo.

8. La Psicología se basa en la reflexión

Otro de los falsos mitos de la Psicología es que trabaja a partir de la confrontación de argumentos y de ideas. Esto es en todo caso competencia de la Filosofía, no de la Psicología, sobre todo porque es muy cuestionable que los seres humanos (o los animales en general) se comporten como lo hacen según dicte la razón y la lógica.

9. El problema lo tiene siempre el paciente

Aquello que hay que solucionar en Psicoterapia no siempre reside en el paciente de manera individual. En muchas ocasiones, el problema está en una relación. Por eso se trabaja mucho en terapia de pareja y en terapia familiar.

10. La Psicología se centra en el estudio del alma

Aunque la etimología del término “Psicología” nos lo dé a entender así, los psicólogos no estudian nada que sea sobrenatural o que esté por encima de las leyes científicas fundamentales

Por mucho que los procesos mentales y los patrones de comportamiento no sean algo que se puede tocar, no son menos objetivos y pertenecientes al funcionamiento normal de la naturaleza.

Referencias bibliográficas:

  • Lilienfeld. S.O., Jay Lynn, S. (2016). 50 grandes mitos de la psicología popular. Vilassar de Dalt: Biblioteca Buridán
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Falsos mitos sobre la psicología

¿Qué son los traumas y cómo se pueden tratar desde la psicología?

Los traumas psicológicos son parte de los aspectos de la mente humana que más interés generan. Es en parte por eso que en obras de ficción de todo tipo algunos personajes quedan definidos como seres traumatizados, cuya identidad pende de heridas emocionales relacionadas con su pasado. En estos casos, dicha vulnerabilidad sirve para mantener la historia en movimiento.

Sin embargo, más allá de la carga dramática o incluso el glamour que los traumas imprimen en el mundo de la literatura, el cine y similares, en la vida real este tipo de trastornos mentales no dependen de arcos narrativos: de hecho, eso es algo que los vuelve aún más dolorosos.

Por sí solo, el trauma psicológico no es un medio que nos lleve a transformarnos en alguien más interesante o maduro que antes, eso depende enteramente de nuestra manera de gestionarlo y de regular su capacidad de hacernos sentir mal. Y es ahí donde entra en juego la importancia de la psicología y concretamente de la psicoterapia. Así pues, veamos qué son los traumas y cómo podemos tratarlos desde la psicología.

¿Qué es un trauma?

Un trauma psicológico es un conjunto de recuerdos pertenecientes principalmente a la memoria emocional que han quedado almacenados en nuestra mente de manera que vienen a nuestra consciencia de manera relativamente frecuente y nos causan un gran malestar, normalmente vinculada a la angustia y muchas veces también a la vergüenza y los sentimientos de indefensión.

A la práctica, los traumas están basados en experiencias pasadas que están relacionadas de algún modo con la violencia y la muerte: palizas, abusos sexuales y violaciones, pérdidas de seres queridos por accidentes, etc.

Por otro lado, el concepto de trauma no es en sí una categoría diagnóstica en psiquiatría o en psicología clínica, sino que es un concepto más global y abstracto que se expresa a través de trastornos más definidos y acotados; sobre todo, el Trastorno de Estrés Postraumático y el Trastorno por Estrés Agudo.

En estas categorías diagnósticas se describen cuadros clínicos en los que la persona sufre episodios de fuerte ansiedad, malestar general y pensamientos intrusivos tras haber vivido una experiencia marcada por la violencia en alguna de sus formas, sufrida por uno mismo de manera directa o presenciada mientras les ocurría a otros.

Estas imágenes recurrentes que saltan a la consciencia de manera incontrolada e imprevista, por su contenido, tienen que ver con esas vivencias, y producen una gran incomodidad y angustia.

La principal diferencia entre el Trastorno por Estrés Agudo y el Trastorno por Estrés Postraumático es la duración: en el segundo caso, los síntomas duran varios meses.

Síntomas

Los principales síntomas relacionados con los traumas son los siguientes.

1. Estado de alerta e hipervigilancia constante

En las persona con fuertes traumas, hay fases de aparición frecuente en las que se está en un estado de alerta constante, irritabilidad, reacciones exageradas ante estímulos poco significativos, y problemas para dormir.

2. Pensamientos intrusivos

Ideas e imágenes vinculadas a la vivencia traumática invaden la consciencia de la persona de manera imprevista, trayendo consigo toda una serie de sensaciones altamente desagradables o dolorosas: vergüenza, frustración, miedo…

3. Evitación de situaciones vinculadas al trauma

La persona con traumas intenta estar alejada de los lugares o contextos que le recuerden la experiencia que originó el trastorno psicológico.

4. Síntomas del estado de ánimo

Quien sufre por traumas psicológicos se siente agotado anímicamente, en parte por tener que gestionar todos los síntomas vistos hasta ahora, y es más difícil que experimente placer o que tenga sentido del humor.

Causas

Las causas de la aparición de traumas tienen dos componentes: uno experiencial y otro neuropsicológico.

En el primero encontramos hechos que con mucha frecuencia son vistas como fuentes de peligro o señales de que algo muy grave pasa en el entorno, como un accidente de tráfico o un abuso sexual. Estos eventos tienen implicaciones significativas para la integridad de las personas, y por eso tienen una alta carga emocional.

En el segundo, el aspecto relacionado con el funcionamiento del sistema nervioso, encontramos el modo en el que la información referente a estos hechos es procesada y almacenada por el cerebro.

Como en episodios de alta ansiedad el encéfalo trabaja de un modo algo diferente, porque segrega proporciones de sustancias químicas distintas a las habituales, la experiencia queda “grabada” en el cerebro junto a aquellos rastros que deja la activación anormal del sistema nervioso.

Dicho de otro modo, en el encéfalo queda un rastro de la experiencia traumática que hace que esta tenga una gran facilidad para ser “recordada” una y otra vez, junto a toda una serie de sensaciones y emociones negativas.

A su vez, el temor a experimentar otra vez los efectos dolorosos del trauma aumenta la ansiedad anticipatoria, lo cual contribuye a que ese recuerdo dañino no se debilite con el paso del tiempo.

Tratamiento psicológico de los traumas

Desde el punto de vista de los profesionales de la salud mental, en las sesiones de psicoterapia para tratar a pacientes con traumas hay varias herramientas eficaces que pueden ser utilizadas para intervenir en estos casos.

Una de las más habituales es la terapia de exposición al trauma, parecida a los procedimientos utilizados para tratar las fobias y otros trastornos de ansiedad.

El objetivo de estas prácticas es contribuir a que la persona se enfrente a esos recuerdos e imágenes intrusivas viendo que no está predestinada a reaccionar a esto desde la ansiedad y el malestar. Dicho de otro modo, se intenta que la persona asocie esas vivencias a la experimentación de un estado emocional más neutral, lo cual favorece también que la ansiedad anticipatoria se disipe.

Al seguir las indicaciones del psicólogo o psicóloga, los recuerdos vinculados al trauma no desaparecen, pero van perdiendo importancia y pasan a tener menos capacidad de retener nuestra atención y el poder de llevarnos al estado de hipervigilancia.

El uso de psicofármacos solo es considerado una opción cuando es necesario para controlar los síntomas, algo que ocurre sobre todo en la primera etapa del tratamiento. En cualquier caso, el consumo de ansiolíticos o medicamentos similares solo debe darse si hay indicación médica para hacerlo.

Referencias bibliográficas:

  • Caballo, V. E. (1998). Manual de técnicas de terapia y modificación de conducta (4ª edición). SIGLO XXI.
  • Frommberger, U. (2014). Post-traumatic stress disorder – a diagnostic and therapeutic challenge. Deutsches Arzteblatt International. 111 (5): 59 – 65.
Trauma

Los conflictos más habituales en las parejas

Una de las quejas más frecuentes que aparecen a lo largo de las sesiones de terapia de pareja tiene que ver con la decepción. Ocurre, normalmente, cuando uno o ambos miembros de la relación vivían instalados en la creencia de que las relaciones amorosas son el encaje entre dos piezas que se corresponden de manera perfecta: el mito de la media naranja.

Y es que para bien o para mal, el vínculo afectivo que se produce al tener pareja dista mucho de ser un encaje perfecto; los conflictos forman parte de la naturaleza de estos, así que la clave está no en evitar a toda costa que surjan (algo imposible), sino en saber gestionarlos. Para que sea más fácil, en este artículo veremos un resumen de los conflictos más habituales en las parejas, y qué podemos hacer para combatir sus efectos.

Los conflictos más frecuentes en las relaciones de pareja

Estos son los principales tipos de conflictos que aparecen tanto en los matrimonios como en las relaciones con novios o novias, y las claves para poder gestionarlas sin dejar que el malestar y la hostilidad vaya a más.

1. Falta de objetivos comunes

La sensación de no saber cuál es el rumbo que debe tomar la relación es algo que genera mucho malestar y discusiones muy enconadas. Por ejemplo, no saber a qué país trasladarse, no tener claro si hay que dedicar más tiempo al cuidado de los hijos o al trabajo, o incluso tener serias dudas acerca de cómo debería experimentarse la sexualidad, suele dar problemas.

En estos casos, es necesario planear momentos para hablar de ello de manera honesta, aceptando de entrada que no debemos procurar dar la mejor imagen de nosotros mismos sino expresar lo que de verdad sentimos. Normalmente con una charla no suele ser suficiente, ya que hay muchos temas que tratar; en cualquier caso, si surgen problemas a la hora de entenderse, la terapia de pareja es un muy buen contexto para hacer esto.

2. Celos

Los problemas de confianza relacionados con los celos son más frecuentes de lo que muchos están dispuestos a admitir.

Aunque los indicios para sospechar que alguien podría cometer una infidelidad o traicionar alguno de los principios de la pareja sean mínimos, los sacrificios y esfuerzos invertidos en la relación hacen que esta posibilidad sea vista como catastrófica, lo cual, unido a una concepción muy controladora de la vida amorosa, hace que esta clase de conflictos surjan.

Simplemente, la idea de que podamos estar siendo traicionados aparece como una posibilidad que aunque es pequeña, atrae toda nuestra atención debido a su gravedad.

Los celos son uno de los motivos de conflictos en la pareja más difíciles de gestionar, y normalmente no dependen tanto del tipo de vínculo que se tiene con la otra persona como de las creencias y la manera de interpretar la realidad que tiene uno mismo. Por ello, si hablar honestamente del tema con el ser querido no funciona, lo recomendable es asistir a terapia de pareja.

3. Mala comunicación

En las relaciones amorosas, puede darse la paradoja de que la expectativa de poder conocer a la otra persona de un modo que nadie más lo ha hecho nos lleve a asumir demasiadas cosas sobre lo que nuestra pareja siente, quiere o piensa.

No hay que olvidar que las relaciones de pareja existen porque existe un diálogo constante, y que si ese diálogo se interrumpe, la relación estará caminando sobre la nada. Dedicar momentos a hablar y a aclarar malentendidos es primordial, y no hay que asustarse si en el proceso descubrimos que mucho de lo que creíamos sobre ese ser querido resulta ser falso; es natural y esperable que no podamos conocer a la perfección a otro ser humano, por mucho que lo queramos.

4. Desatención

La idea de que se está desatendiendo la vida amorosa también es uno de los conflictos de pareja más habituales, y está vinculado a la desmotivación.

Sin embargo, esto no es tanto una causa de conflicto, como una consecuencia de que hay algo que subyace a esta desatención; es esa causa primaria la verdadera fuente de malestar sobre la que hay que intervenir, y su naturaleza puede variar mucho. Hay que indagar en ello y ver qué se esconde bajo esa aparente indiferencia hacia el amante, el esposo o la esposa.

5. Mala asignación de las tareas

Muchas veces olvidamos que las relaciones de pareja que ya están consolidadas son, además de un vínculo amoroso, una relación de convivencia que se lleva a cabo en términos muy materiales: limpiar la casa, llevar al día la economía doméstica, cocinar, atender a los hijos (si los hay), etc. En muchos casos, la pareja y el reparto de responsabilidades familiares son dos fenómenos indesligables.

Por eso, hay que tener claro que independientemente de la intensidad con la que se ame a alguien, si el reparto de actividades que tienen que ver con el cuidado de la casa o de los hijos no funciona, surgirán frecuentes conflictos de pareja. Abordar el tema de manera directa y llevando a cabo un cálculo de las horas de trabajo doméstico que debe cubrir cada uno es la mejor solución.

6. Problemas de compatibilidad sexual

La mala compatibilidad en cuento a la vida sexual es otro factor a tener en cuenta a la hora de analizar los conflictos por los que puede estar pasando una pareja. Afortunadamente, en muchos casos esto puede ser solucionado mediante terapia sexual y de pareja, y en muchos casos se debe a problemas de inseguridad, mala comunicación, ideas preconcebidas sobre lo que quiere la otra persona, etc.

Referencias bibliográficas:

  • Chapman, A.L. y Compton, J.S.: (2003) From Traditional Behavioral Couple Therapy to Integrative Behavioral Couple Therapy: New Research Directions The Behavior Analyst Today, 4 (1), 17 – 25.
  • Halford, K., Markman, H., Kline, G., Stanley, S. M. (2003). Best practice in couples relationship education. Journal of Marital & Family Therapy. 29(3), pp. 385 – 406.
  • Sternberg, J. (1997). Satisfaction in close relationships. Nueva York: Guilford Press.
Conflictos en las parejas

20 trastornos que precisan la atención de un sexólogo

La sexualidad humana está llena de matices, y es en parte por ello que es uno de los ámbitos más importantes de la vida. Sin embargo, el hecho de que nuestra manera de experimentar el sexo esté llena de complejidades hace que existan muchas maneras posibles de que surjan trastornos sexuales.

A continuación veremos varios trastornos que necesitan la atención de un sexólogo o sexóloga, profesionales de la salud especializados en este tipo de problemas. Pero antes, veamos de qué se encargan estos expertos de la terapia sexual.

Las funciones de la sexología

Entendemos por sexología el ámbito de investigación e intervención terapéutica interdisciplinar centrado en nuestra manera de vivir el sexo.

Su faceta más conocida consiste en dar terapia a pacientes con problemas sexuales, pero también se aplica a muchos otros ámbitos: la mejora de la experiencia, la educación, la investigación sobre las diferencias culturales relacionadas con la sexualidad, etc. Además, como es interdisciplinar, se la puede abordar desde la medicina, la psicología, la antropología y muchos otros campos científicos.

La terapia sexológica se centra en el bienestar sexual de los pacientes que recurren a ella

Dicho esto, ahora nos centraremos en la parte de la sexología vinculado a las ciencias de la salud y veremos varios trastornos sexuales que pueden ser motivo de consulta con sexólogos.

Trastornos que requieren terapia con un sexólogo

Estas son varias de las alteraciones de la salud y el bienestar que llevan a los pacientes a citarse con un sexólogo o sexóloga.

Algunas de ellas son de causas más bien psicológicas, mientras que en otras la raíz es de tipo más biológico y fisiológico, si bien en muchos casos ambos factores influyen de manera importante. Por otro lado, también es muy frecuente que varios trastornos o fuentes de malestar se solapen entre sí; esto no impide que se pueda realizar una intervención por terapia sexual, sino que forma parte de la normalidad en el día a día de los sexólogos.

1. Fetichismo

Tener fetiches sexuales no es algo necesariamente malo, pero en algunos casos este fenómeno llega a ser patológico siendo considerado un tipo de parafilia.

Normalmente, esto ocurre cuando las preferencias sexuales de la persona son tan concretas y específicas que no puede satisfacer esa clase de gustos con la regularidad deseable, o bien cuando ese fetiche comporta el sufrimiento físico o emocional de personas directamente afectadas por esto.

Por ejemplo, el hecho de disfrutar del sexo solamente cuando se realiza en situaciones de riesgo puede ser motivo de consulta.

2. Vaginismo

El vaginismo es la contracción involuntaria de los músculos perineales, ubicados en la vagina, durante la penetración. Esto impide el coito, o lo hace doloroso.

3. Eyaculación precoz

Este trastorno se debe a la falta de control voluntario en el reflejo eyaculatorio, el cual hace que la eyaculación se produzca mucho antes de lo que se quería: normalmente, en segundos o en los primeros minutos tras iniciar el contacto sexual.

4. Dispareunia

La dispareunia, llamada también coitalgia, es una categoría que abarca diversas formas de malestar y dolor físico durante el coito, o justo antes o después. Por otro lado, el coito doloroso puede afectar tanto a hombres como a mujeres.

5. Trastorno sexual hipoactivo

Esta alteración consiste en la ausencia de deseo sexual durante periodos largos, debidos normalmente a experiencias pasadas o problemas en otros ámbitos de la vida. Resulta especialmente común en mujeres.

6. Trastorno de la excitación sexual femenina

Consiste en la imposibilidad de llegar a niveles altos de excitación sexual por parte de algunas mujeres, lo cual también genera una insuficiente lubricación en la vagina.

7. Voyeurismo

El voyeurismo es la obtención de satisfacción sexual observando a otras personas. Este fenómeno llega a ser parafilia si se trata de la única manera de encontrar placer sexual o si las terceras personas involucradas deben no ser conscientes de que se las está observando mientras esto ocurre.

8. Frotteurismo

Este trastorno sexual es similar al voyeurismo patológico, en el sentido de que involucra terceras personas que no tienen por qué ser conscientes de lo que pasa o consentir que eso ocurra. Aquí, el placer se obtiene mediante el roce con otros, muchas veces sin quitarse la ropa y en lugares públicos.

9. Inseguridades por homofobia o transfobia

Las consecuencias de la discriminación contra colectivos LGTBI pueden hacer que muchas personas tengan una relación conflictiva con su manera de vivir el sexo, se avergüencen de sus gustos y preferencias, o no sepan qué quieren o qué pueden esperar de esta faceta de sus vidas.

10. Masoquismo sexual

Muchas personas sienten que no pueden disfrutar del sexo con normalidad porque para ello dependen de adoptar un rol de sumisión absoluta, o en el que se es humillado y golpeado.

11. Sadismo

La necesidad de humillar o herir a otros para obtener excitación sexual es también una parafilia.

12. Exhibicionismo

Los pacientes con exhibicionismo acostumbran a encontrar placer en mostrar su desnudez a desconocidos o personas que no han dado su consentimiento, normalmente en lugares públicos en los que tienden “emboscadas”.

13. Urofilia

La urofilia aparece en pacientes cuya excitación depende de involucrar la orina en sus relaciones sexuales.

14. Otras parafilias

Entre el resto de parafilias encontramos la somnofilia, la blastolagnia, el triolismo o la dependencia de la asfixia erótica para satisfacerse, si bien hay muchas más.

15. Trastorno orgásmico femenino

Estadísticamente, la anorgasmia es uno de los problemas más frecuentes que experimentan las mujeres. Consiste en la baja intensidad o el retraso excesivo en la aparición del orgasmo.

16. Trastorno orgásmico masculino

La anorgasmia también puede darse en hombres. También aquí cuesta mucho llegar al orgasmo, o este es poco intenso.

17. Traumas psicológicos

El haber sido víctima de una violación o de abusos sexuales muchas veces genera secuelas en muchos aspectos de la vida, siendo la sexualidad uno de los más afectados. Por ello, el trauma psicológico es uno de los trastornos que precisan de la atención de un sexólogo o sexóloga.

18. Adicciones sexuales

En algunos casos, se desarrolla un trastorno sexual por el cual se desarrolla una necesidad incontrolable de realizar acciones sexuales, lo cual muchas veces interfiere con otros ámbitos del día a día: la adicción al sexo, a la pornografía o a la masturbación pueden, por ejemplo, producir problemas amorosos, laborales, etc.

19. Impotencia masculina

Este es uno de los problemas más habituales en hombres: los problemas para alcanzar la erección. Normalmente tiene una raíz psicosexual, más que biológica.

20. Fobias

Ciertos tipos de fobias pueden dañar significativamente la capacidad de desarrollar una sexualidad plena. Por ejemplo, el miedo a estar desnudo, o la fobia al coito, limitan mucho. Afortunadamente, este tipo de trastornos de ansiedad responden bien al tratamiento por parte de sexólogos con formación en psicoterapia.

Referencias bibliográficas:

  • Diamond, Milton (2004). Sex, gender, and identity over the years: a changing perspective. Child and Adolescent Psychiatric Clinics of North America. 13 (3): 591–607.
  • Ellis, A. (2008). Psychology of Sex. Read Books.
Avance Psicólogos Madrid
Trastornos sexólogo

¿Cómo funciona la terapia online y para qué casos es positiva?

Uno de los problemas que afrontan quienes quieren encontrar un psicólogo que atienda su caso es la falta de tiempo. Afortunadamente, a medida que la tecnología ha ido avanzando, el desarrollo de las herramientas online ha hecho posible que surja un nuevo tipo de psicoterapia que se adapta mejor a los horarios de las personas: la terapia online.

Si continúas leyendo, aprenderás cómo funciona la psicoterapia online, cuáles son sus ventajas y en qué casos resulta especialmente útil para los pacientes.

Terapia online: qué es y cómo funciona

Dicho de manera resumida, la terapia online es fundamentalmente la versión a distancia de la psicoterapia de siempre, utilizando las ventajas y los recursos de Internet.

Así, la psicoterapia online es una modalidad de intervención psicológica que se adapta al potencial de las nuevas herramientas desarrolladas en el mundo digital y aprovechando su capacidad para flexibilizar el tipo de servicio ofrecido.

En la gran mayoría de los casos, los psicólogos y clínicas de psicología que realizan sesiones de evaluación y tratamiento a pacientes a través de Internet no requieren que estos últimos tengan grandes conocimientos de informática; al contrario, plantean estas sesiones para que sea muy fácil usarlas. Desde el punto de vista de quienes quieren encontrar ayuda psicológica en la terapia online, solo es necesario poseer un nivel básico, de usuario, en el uso los aparatos conectados a la red virtual.

La psicoterapia online se suele basar en la videollamada, la experiencia es muy similar a la de las sesiones presenciales, y su eficacia es la misma.

Y decimos “aparatos” en general porque la terapia online no se limita solamente a los ordenadores tipo PC, sino que puede desarrollarse mediante aparatos más pequeños siempre que tengan acceso a la web. Eso sí, para sacar máximo provecho de este tipo de servicio, en general se recomienda que en los momentos de iniciar la interacción con el profesional de la salud mental se esté en un lugar tranquilo y apartado, y que se pueda disponer de una pantalla que permita ver bien al terapeuta.

Más allá de estas diferencias técnicas  con la terapia presencial, la terapia online no se diferencia mucho de las sesiones de psicoterapia de toda la vida. El principal componente distintivo entre recurrir a los psicólogos online y asistir al gabinete o consulta para asistir a la cita con el psicólogo es el medio a través del cual tiene lugar la comunicación. Todas las diferencias entre una modalidad y la otra parten de eso.

Como la psicoterapia online se suele basar en la videollamada, la experiencia es muy similar a la de las sesiones presenciales, y su eficacia es la misma.

Ventajas: un tipo de asistencia psicológica especialmente positiva para…

A continuación veremos varios de los puntos fuertes y ventajas que tiene la terapia online, y el tipo de pacientes que más se pueden beneficiar de este servicio.

1. Ahorrar en tiempo

Con la psicoterapia online no es necesario realizar desplazamientos desde casa ni prepararse para salir a la calle; tan solo hay que encender el ordenador o dispositivo similar, y en unos pocos clics ya se inicia la sesión a la hora acordada.

De esta manera, quienes tienen un horario muy ajustado porque deben atender a un gran número de responsabilidades en casa o en el trabajo, encuentran en la terapia online un recurso para dedicar tiempo a su bienestar psicológico de una manera más eficiente.

2. Preservar aún más el anonimato y la discreción

Si bien la idea de que ir a terapia es motivo para avergonzarse ha ido desapareciendo en las últimas décadas a medida que se ha asumido que todo el mundo puede necesitar de estos servicios en algún momento de su vida, no es poco frecuente que algunos pacientes tengan reparos a la hora de exponerse yendo al psicólogo.

Se trata de un  temor irracional que a pesar de que solo existe a causa de la tradicional estigmatización de los pacientes de terapia, puede llegar a afectar a muchas personas. Y esto hace que a pesar de que realmente se necesite asistencia psicológica, se busquen excusas para no ir.

Afortunadamente, la terapia online ayuda a combatir estos miedos limitadores. Los sistemas de cifrado que utilizan la mayoría de plataformas digitales en las que se apoya la terapia online hacen que todo el contenido del intercambio de información entre pacientes y psicólogos online sea anónimo y privado.

Además, el hecho de no tener que ir a una clínica o gabinete de psicología hace que la discreción aumente.

De esta manera, las personas con tendencia a preocuparse por el qué dirán, o que sientan que su entorno cercano busca cualquier excusa para criticar su estilo de vida, encuentran en la terapia online un potente aliado que paradójicamente les puede ayudar también a dejar de estar sujetas a esa clase de temores y fuentes de ansiedad.

3. No verse limitado por la geografía

Gracias a la terapia online, no vivir en el mismo pueblo o ciudad que el profesional de la psicoterapia no resulta un impedimento importante.

Esto resulta especialmente útil para quienes viven en zonas relativamente aisladas o en las que no hay demasiada oferta en cuanto a psicólogos, y permite elegir al psicoterapeuta que encaje con lo que se busca sin preocuparse por el factor geográfico.

4. Mantenerse en un lugar seguro

Evidentemente, técnicamente casi cualquier centro de psicología es seguro; pero el hecho de poder recibir asistencia psicológica casi en cualquier lugar gracias a la terapia online permite que muchos pacientes se sientan más seguros y cómodos al abrirse a esta experiencia en un espacio que les resulta familiar.

Esta característica es algo que agradecen especialmente las personas que van a terapia sintiendo una cierta inseguridad e incertidumbre sobre lo que pasará, de manera que resulta una ventaja que se plasma sobre todo en las primeras sesiones.

Referencias bibliográficas:

  • Feixas, G. y Miró, M.T.(1998). Aproximaciones a la psicoterapia. Una introducción a los tratamientos psicológicos. Barcelona: Paidós.
  • Gratzer, D. y Khalid-Khan, F. (2016). Internet-delivered cognitive behavioural therapy in the treatment of psychiatric illness. CMAJ, 188(4) pp. 263 – 272.

El apego y la autoestima: ¿qué son y cómo se trabajan en psicoterapia?

La creación de los primeros vínculos emocionales con las principales figuras de apego, padres o cuidadores, que sustentarán la sensación de protección y cuidado del niño al nacer y durante su desarrollo, son fuentes fundamentales para la construcción de una buena valoración personal, así como pilares fundamentales de futuras relaciones afectivas y unas buenas habilidades sociales. Por esto el conocimiento del tipo de apego desarrollado en la infancia en fundamental en psicoterapia.

El apego y la autoestima en psicoterapia

Gracias a la Teoría del Apego de Bowlby, sabemos hoy hasta que punto es necesario establecer vínculos afectivos de seguridad y cuidado desde el nacimiento de los hijos, para que estos crezcan desde la confianza y optimismo necesarios para su futuro bienestar.
Bowlby describe el apego como un mecanismo afectivo, a través del cual se dan una serie de conductas de protección y cuidado, cuya función es la supervivencia de la especie.

Funciones secundarias, pero no por ello menos importantes, son facilitar la exploración del entorno para el aprendizaje y el desarrollo social y emocional.

Tipos de apego

En un estudio realizado en 1978, dirigido por Mary Ainsworth, en el que se observaba el comportamiento del niño cuando la madre estaba presente junto a una persona extraña, abandonaba la sala, quedando el niño con el extraño y volvía tiempo después, se definieron los tipos de apego, en función de las reacciones de los niños en estos tres momentos.

  • Apego seguro: el niño explora el entorno con cierta tranquilidad y seguridad. Cuando la madre abandona el recinto muestra ansiedad y angustia recuperándose cuando esta vuelve y buscando el contacto físico.
  • Apego ansioso-ambivalente: explora el entorno con reservas, sin perder de vista a la madre ni alejarse demasiado. Cuando ésta sale de la sala la reacción de angustia es intensa y no cede cuando esta vuelve, expresando enfado e incluso en ocasiones rechazo, en un primer momento.
  • Apego evitativo: muestra desinterés hacia la madre, excesiva independencia incluso cuando ésta abandona el recinto,sin mostrar demasiada angustia. Con su regreso sigue impasible y no la busca, manteniendo distancia y desapego. Poca confianza en la figura de apego.

En posteriores estudios se observó un cuarto tipo de apego denominado desordenado, en el que el niño muestra una reacción de bloqueo, con respuestas desorganizadas y extrañas, incluso cuando la madre vuelve a entrar en la sala.

Sabemos hoy hasta que punto es clave establecer vínculos fuertes y de seguridad durante la infancia. En terapia muchas de las dificultades y sufrimientos de las personas que acuden a consulta, vienen de estos primeros aprendizajes. Es por esto que la Teoría del Apego está más vigente y presente entre los profesionales de la psicología que nunca, al dar respuesta a muchas de las dificultades de relación social y de pareja con las que nos encontramos.

Un apego ansioso-ambivalente puede dar lugar a una baja autoestima y baja confianza en los demás, puede generar relaciones de dependencia en un futuro así como inseguridad y pocas habilidades sociales.

El apego evitativo podrá manifestarse en miedo al compromiso y a la intimidad, desconfianza en los otros y desinterés por las relaciones sociales. Por todo esto es fundamental que las principales figuras de apego generen sensación de seguridad en los primeros años de infancia. La congruencia en los mensajes, el refuerzo positivo y que el castigo nunca sea desproporcionado o demasiado largo, junto al contacto físico y las expresiones de afecto, son claves para que se dé un apego seguro.

La oxitocina y el vínculo amoroso

Es interesante saber, que esta hormona se segrega cuando el vínculo afectivo es positivo. Si en mi relación con determinadas personas me siento a gusto, mi hipófisis liberará oxitocina al torrente sanguíneo. Esta hormona está relacionada con la memoria y el aprendizaje,  modula las relaciones sociales, favorece la  empatía, ayuda a bajar los niveles de ansiedad y disminuye el miedo a la vez que aumenta la confianza.

En los últimos meses del embarazo, ante el aumento de estrógenos y progesterona, los niveles de oxitocina se multiplican a la vez que se dan nuevos receptores específicos en las mamas y en el útero, para la preparación al parto y la lactancia.

La liberación de la oxitocina responde especialmente bien a las caricias y expresiones de afecto, por lo que acunar y acariciar al recién nacido, expresando calma y tranquilidad, respondiendo a sus necesidades sin miedo ni impaciencia, a la vez que se siente cuidado y atendido fomentarán un vínculo afectivo fuerte y seguro.

Esta hormona, conocida también como “la hormona del amor”, será imprescindible también en las futuras relaciones. En la relación de pareja por ejemplo, es fundamental para mantener el vínculo amoroso. De ahí la importancia de las caricias y el piel a piel, así como una vida sexual satisfactoria, para que la pareja perdure. Si mi pareja o amigos me hacen sentirme bien y yo a ellos, se reforzará el vínculo, gracias entre otras cosas a la sensación placentera que provoca esta hormona genial.

Asociada a la oxitocina, y complementándose se segregan otras hormonas fundamentales para la preparación al parto y la lactancia, como son la prolactina y los estrógenos.

La proláctina estimula las glándulas mamarias además de promover conductas maternales; los estrógenos, como opiáceos naturales, disminuyen la sensación de dolor.

La primera hora después del parto es crucial a la hora de establecer el vínculo materno. Hoy sabemos, que el mayor pico de oxitocina se segrega entre el momento del parto y la expulsión de la placenta, por lo que es crucial para que madre e hijo “se enamoren” que en ese momento de la primera mirada, se les permita entrar en contacto físico, sin distractores ni nerviosismo a su alrededor, aprovechando que el neocórtex de la madre está en un punto de descanso y ensoñación que favorece la vinculación.

Otro momento crucial sobre el estudio del apego, se da en los años 50 con los experimentos llevados a cabo por Harry y Margaret Harlow. En sus ensayos, observaban la conducta de un grupo de crías de mono, colocando en las jaulas una “madre sustituta” cubierta de tela y otra de alambre, pero que tenía un dispensador de leche.

Se observó que las crías preferían estar con la madre de tela, buscando el contacto físico, a las madres que suministraban alimento. Más adelante se observó también una mayor preferencia si estas madres artificiales se mecían y estaban calientes. Este descubrimiento llevó a adquirir conciencia de la importancia de la afectividad en la supervivencia y de la necesidad del contacto físico para el apego.

Nuestra valoración personal, seguridad y autoimagen, así como el modo en cómo establecemos relaciones con los demás, son fruto de las relaciones de apego y vínculos emocionales, más o menos seguros en la infancia y a lo largo de nuestro desarrollo.

Hoy sabemos también, que tomar conciencia de uno mismo, de nuestras inseguridades y miedos, entendiendo de dónde vienen y cómo los mantenemos, para reconducir nuestro modo de relacionarnos con los demás, superando las carencias o faltas que se hayan podido llegar a generar de un primer aprendizaje del vínculo, es posible.

Bibliografía:

  • “Vínculos afectivos: formación, desarrollo y pérdida” Jonh Bowlby, 1993. Editorial Paidós
  • “El apego y la pérdida”, Jonh Bowlwy, 1998. Editorial Paidós
  • “¿Por qué amamos?”, Helen E. Fisher, 2004. Editorial Taurus
El apego y la autoestima
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