Trastorno de estrés postraumático: qué es y cuáles son sus causas

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El trastorno de estrés postrumático puede desarrollarse después de vivir directamente un acontecimiento traumático o ser testigos de ello.

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¿Qué es el estrés postraumático?

Todos hemos sentido en algún momento el horror y la angustia ante un suceso dramático; bien porque conocemos de alguna catástrofe natural, accidente o suceso más o menos cercano a nosotros, bien porque lo hemos experimentado en primera persona.

Cuando nos encontramos en una situación en la que nuestra vida o la de otras personas corre peligro, se activa inmediatamente en nosotros un instinto de supervivencia que nos ayuda a reaccionar. Las facultades cognitivas y fisiológicas se activan y las reacciones de búsqueda de soluciones ante el peligro nos protegen.

Cuando el acontecimiento traumático es muy intenso, bien porque lo sufrimos directamente o porque somos testigos, puede desarrollarse lo que conocemos como síndrome de estrés postraumático.

El estrés postraumático según el DSM IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) se caracteriza por una reacción psíquica y fisiológica posterior a un acontecimiento traumático en el que “la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás”, reaccionando con “temor, desesperanza o un horror intensos”.

Síntomas

Según este mismo manual de psicodiagnóstico algunos de los síntomas son:

  • Imágenes intrusivas y repetitivas o flasback en forma de recuerdos, sobre escenas del acontecimiento.
  • Pensamientos recurrentes sobre el acontecimiento.
  • Sueños recurrentes sobre el suceso traumático o pesadillas.
  • Malestar psicológico intenso al recordar algún detalle del acontecimiento.
  • Sensaciones o percepciones de que el suceso se está experimentando de nuevo.
  • Malestar fisiológico y psicológico intenso ante estímulos que recuerdan al suceso traumático.
  • Evitación de estímulos que se asocian al suceso (lugares, personas, objetos).
  • Desmotivación y desesperanza sobre el futuro.
  • Falta de emociones de tipo afectivo.
  • Irritabilidad.
  • Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  • Hipervigilancia y estado de alerta desproporcionado.
  • Dificultad para concentrarse y mantener la atención, en gran medida debido a los pensamientos e imágenes intrusivas.
  • Amnesia o lagunas de memoria, de algunos de los aspectos más importantes del suceso traumático.

 

Lo que en principio es una respuesta de alerta normal tras haber corrido un peligro, puede mantenerse en el tiempo generando una ansiedad generalizada con sentimientos de indefensión y un bajo estado de ánimo.

Características

La ansiedad generalizada se caracteriza por la aparición y mantenimiento de pensamientos catastrofistas del tipo: “si cualquier cosa terrible puede pasar en cualquier momento y no depende de mi control, no puedo bajar la guardia”, de este modo la cotidianidad puede verse sensiblemente influida por esta premisa, afectando a nuestras relaciones sociales y familiares, debido a las conductas fóbicas y evitaciones con que se suele manifestar.

el tratamiento psicológico es imprescindible para destraumatizar y desaprender el miedo, evitando así que este malestar se cronifique.

La aparición de síntomas físicos de un trastorno de ansiedad, como taquicardia, sudoración, tensión muscular, sensación de ahogo o presión en el pecho, hiperventilación, etc, también suelen darse, manteniendo el temor y alerta constante.

 

El trastorno de estrés postraumático no aparece únicamente tras accidentes o sucesos violentos puntuales; una persona que ha vivido una situación de violencia y temor, de forma continuada, como ocurre en los casos de maltrato en el entorno familiar, laboral o escolar, puede desarrollar este trastorno de forma crónica. Aunque el objeto que provoca el miedo no esté presente, y la situación familiar haya cambiado, el temor continua en nuestras vidas y esa sensación de alerta y miedo sigue estando presente. La indefensión aprendida con el consecuente bajo estado de ánimo y la ansiedad generalizada, queda implantada en la cotidianidad de la persona, que en la mayoría de las ocasiones no entiende que le pasa, creyendo que su angustia y tendencia a la melancolía es parte de su personalidad.

 

Algunos síntomas físicos del estrés postrumático

Las somatizaciones en estos casos suelen ser evidentes, algunas de las expresiones físicas más comunes son:

  • Bruxismo (apretar las mandíbulas durante el sueño)
  • Contracturas casi permanentes debido a la tensión muscular.
  • Dolores de cabeza de origen tensional.
  • Problemas digestivos.
  • Trastornos del sueño: agitación, pesadillas, dificultad para conciliar o mantener el sueño…

 

Es fundamental identificar en niños que han vivido malos tratos en casa su evolución, con el objetivo de tratar cuanto antes “el miedo instalado” o aprendido en sus vidas. Representar el suceso o sucesos traumáticos en sus juegos, dibujar reiteradamente lo que les preocupa o angustia, muestras de ira y agresividad, llanto injustificado y pesadillas, son algunas de las expresiones de la ansiedad en la infancia.

En todos los casos descritos, el tratamiento psicológico es imprescindible para destraumatizar y desaprender el miedo, evitando así que este malestar se cronifique.

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