¿Hay ciertos estados emocionales que te cuesta mucho transitar? ¿Te ha pasado alguna vez que has experimentado alguna emoción de manera tan intensa y desagradable que has deseado ser un robot y no sentir nada en absoluto? ¿Te llevas muy mal con muchas de tus emociones? Si estas preguntas te resuenan, te invitamos a que continúes leyendo este post porque puede ser de tu interés.
Hay algunas emociones, las denominadas por algunos autores como emociones aflictivas, que nos generan sensaciones muy desagradables que pueden ser difíciles de experimentar. A lo largo de este artículo, describiremos qué son éstas emociones, para qué nos sirven, cuáles son algunos de sus efectos y cómo podemos gestionar las emociones de la manera más saludable posible.
Índice de contenidos del post
¿Qué son las emociones aflictivas?
Antes de definir qué son las emociones aflictivas, es necesario recordar que las emociones son señales que percibimos en nuestro cuerpo de cosas que suceden fuera y dentro de nosotros/as mismos/as que nos afectan. Todas los tipos de emociones en sí mismas son positivas, porque nos dan información importante para nuestro bienestar, por ejemplo, de cambios que tenemos que hacer en nuestra vida, de cosas que nos hacen daño o de cosas que nos vienen bien. Diferenciamos las emociones en función de lo agradables o desagradables que son las sensaciones que éstas nos producen.
Las emociones son denominadas aflictivas (por algunos autores) cuando las sensaciones que nos generan son desagradables y, por tanto, son a veces evitadas y negadas por las personas ya que son más difíciles de sentir y gestionar. Lo que ocurre es que las evaluamos negativamente o incluso las rechazamos porque nos generan malestar o nos desbordan mucho, aunque en realidad nos están dando información valiosa.
Algunos de los ejemplos más comunes de las emociones aflictivas son la envidia, la ira, el rencor, la tristeza, los celos, el miedo, la decepción… Como probablemente hemos sentido en nuestra propia piel, transitar este tipo de estados emocionales puede resultar bastante desagradable, especialmente si la intensidad de estas emociones es elevada.
Diferencias entre emociones aflictivas y constructivas
En contraposición a las emociones aflictivas, los seres humanos sentimos también muchas otras emociones cuyas sensaciones en nuestro cuerpo son agradables, nos generan calma interior y serenidad, generándonos bienestar cuando las experimentamos. Estas emociones son nombradas por algunos autores como emociones constructivas y algunos ejemplos de ellas son la compasión, la alegría, la esperanza, el amor, la gratitud…
Como vemos, las emociones aflictivas se diferencian de las constructivas en que las primeras nos generan sensaciones que son desagradables y que tienden a no gustarnos; y las segundas nos producen sensaciones corporales agradables. Además, otra diferencia es que las emociones aflictivas tienden a desregular nuestro sistema nervioso mientras que las emociones constructivas tienden a llevar a nuestro sistema nervioso a un estado de equilibrio.
En cualquier caso, como nombrábamos antes, no debemos olvidar que tanto las emociones aflictivas como las constructivas son parte del registro emocional humano y que todas ellas cumplen una función importante si aparecen de manera adaptativa, como resultado de algo que se está produciendo en nuestro entorno o en nosotros/as mismos/as a lo que es necesario que prestemos atención. Las emociones son nuestras guías.
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¿Qué efectos tienen las emociones aflictivas en nosotros/as?
Las emociones aflictivas van a generar consecuencias en nosotros/as que es importante conocer para ampliar nuestro autoconocimiento emocional. Podemos diferenciar sus efectos en tres niveles distintos:
1. A nivel físico
Aunque no solamos tenerlas en cuenta, las emociones generan en nuestro cuerpo reacciones físicas. En el caso de las emociones aflictivas, como ya hemos nombrado anteriormente, las sensaciones físicas que nos van a generar este tipo de emociones van a ser desagradables de experimentar.
Aunque las reacciones concretas dependen de cada tipo de emoción (por ejemplo, son distintas en el caso de la ira y la decepción), algunos ejemplos de sensaciones físicas que pueden generar las emociones aflictivas son: tensión muscular en diferentes partes de nuestro cuerpo, cambios en la temperatura corporal, aumento o descenso de nuestra energía y capacidad de concentración, sudoración…
Además, en casos de mucha alteración emocional mantenida en el tiempo, las sensaciones físicas pueden llegar a cronificarse generando problemas digestivos, somatizaciones, insomnio, pérdida o aumento de apetito…
2. A nivel cognitivo
Otros de los efectos que las emociones aflictivas generan en nosotros/as se producen a nivel cognitivo: los pensamientos relacionados con las emociones. Se trata de cómo percibimos la emoción y el impacto que tiene en nosotros/as y los pensamientos que nos aparecen relacionados.
En terapia solemos explicar que las emociones tienen una fuerte relación con nuestros pensamientos y viceversa, nuestros pensamientos pueden retroalimentar nuestras emociones. En este sentido, una emoción que nos cuesta experimentar puede venir acompañada de pensamientos que son desagradables, exigentes, duros… Y de la misma forma, en la medida que no nos damos permiso a sentir y juzgamos lo que sentimos, las emociones aflictivas se pueden intensificar y volverse más desagradables de experimentar.
3. A nivel conductual
Por último, las emociones aflictivas también nos afectan a nivel de nuestro comportamiento. Por ejemplo, al experimentar ira, tristeza, apatía, podemos actuar de formas que pueden ser perjudiciales si mantenemos estas acciones en el tiempo: tendencia a aislarnos, que abandonemos hábitos saludables como la alimentación equilibrada, el ejercicio físico o la vida social, que caigamos en conductas adictivas como el consumo de alcohol o tabaco…
¿Cómo gestionar las emociones aflictivas?
A continuación, os facilitamos algunas pautas que pueden ser útiles para lidiar con las emociones aflictivas de una forma saludable:
1. Desarrolla la autoobservación
Como hemos nombrado en este post, las emociones las sentimos en el cuerpo ya que generan diferentes sensaciones corporales que es importante reconocer adecuadamente para entender qué estamos sintiendo. Por esta razón, desarrollar la autoobservación puede ser de gran ayuda.
En terapia, algo que les decimos a los pacientes es que se realicen varias veces al día un escáner corporal, que es un ejercicio básico de autoobservación que nos ayuda a darnos cuenta de cómo está nuestro cuerpo. Consiste en imaginar que nos pasamos a nosotros/as mismos un escáner, poniendo atención a cómo se encuentran las diferentes partes de nuestro cuerpo de cabeza a pies (si percibo alguna sensación extraña, si noto tensión…).
2. Reconoce y acepta la emoción
Aceptar su existencia y validar las emociones es clave para dejar de luchar contra ellas, pues esta lucha es una mecanismo que nos aleja de nosotros/as mismos/as y que a medio y largo plazo lo único que hace es aumentar nuestro malestar.
Es válido que haya cosas que nos afecten, que nos enfaden, que nos entristezcan… Sentir es parte de la experiencia humana y todas las personas pasamos por momentos que nos pueden desbordar. Cuanto más trabajemos en nuestra aceptación emocional más conectados estaremos con nosotros/as mismos/as. Es el momento de dejar de juzgarnos.
3. Trata de entender su mensaje
Como todas las emociones, las emociones aflictivas tienen un mensaje valioso que darnos. Saber que existen, darles nombre, comprender y escuchar de qué nos pueden estar informando estas emociones es lo mejor que podemos hacer para lidiar adecuadamente con ellas.
Seguidamente, si identificamos algún cambio en nuestra vida que podemos hacer de acuerdo con lo que la emoción nos está señalando, podemos probar a hacerlo y descubrir cómo nos sentimos con ello.
4. Expresa tus emociones
Por último, algo que también puede ser de ayuda es comunicar a las personas de nuestro entorno cómo nos sentimos. Al hacerlo, damos información a los demás acerca de lo que necesitamos y nos reconocemos a nosotros/as mismos/as en nuestra experiencia emocional. Tienes derecho a expresar cómo te sientes y a pedir ayuda si lo necesitas.
Conclusión
A lo largo de este artículo hemos explicado qué son y qué características tienen las emociones aflictivas, con el objetivo de resaltar la importancia de trabajar en la aceptación de este tipo de emociones, ya que son parte del registro emocional que los humanos podemos experimentar y luchar contra ellas es una batalla perdida.
Como conclusión, queríamos resaltar que la salud emocional está muy vinculada a nuestra capacidad de regular las emociones adecuadamente, por lo que todas las pautas incluidas en este post quizás pueden ayudarte en este camino.
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Referencias bibliográficas:
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Paz Juárez, A. (2024). Reconocimiento y autorregulación de las emociones para una sana convivencia con otros.
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