Apego emocional: Cómo construir vínculos sanos y evitar la dependencia

Artículo escrito y revisado por Brenda Ruano Bodemer
Apego emocional: ¿qué es y cómo evitarlo?


Es muy importante saber de qué manera nos vinculamos cada cual con el resto de personas. En cada relación que establecemos generamos un vínculo, más o menos intenso, más o menos importante o más o menos sano. Cómo generamos ese vínculo y cómo lo desempeñamos va a ser la clave para que tengamos relaciones de pareja satisfactorias y sanas en nuestra vida.

El cariño, la amistad, el respeto o el amor son formas positivas de vincularnos con los demás. Sin embargo, también existen formas negativas de vincularnos, como, por ejemplo, desde la envidia, los celos o el control. A veces, ambas pueden convivir al mismo tiempo, pero, entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de apego emocional? ¿Es algo que debamos eliminar? ¿Si tenemos apego tenemos dependencia emocional? En este artículo te explicamos qué es el apego emocional y cómo diferenciarlo de la dependencia emocional y qué puedes hacer para vincularte de manera sana con tus relaciones, sean del tipo que sean: familiares, de pareja, de amistad, etc.

¿Qué es el apego emocional?

El apego, desde la psicología, se refiere al vínculo afectivo primario que desarrollamos en la infancia con nuestras figuras de cuidado, y que condiciona en gran medida cómo nos relacionamos emocionalmente en la vida adulta. Es un concepto clínico que explica nuestros patrones de relación más profundos.

Por otro lado, cuando hablamos de apego emocional, nos referimos a cómo se expresa ese patrón en nuestras relaciones actuales. Es decir, la manera en que nos vinculamos con otras personas, especialmente en contextos afectivos. Es más coloquial y cotidiano, y suele asociarse a relaciones donde hay una dependencia emocional, dificultad para poner límites o miedo a la pérdida.

Dicho esto, los vínculos afectivos que creamos pueden ser más o menos sanos en función del tipo de apego que se haya desarrollado. Un vínculo es saludable cuando no genera sufrimiento persistente, desproporcionado o paralizante. Sufrir puntualmente en una relación no significa que el vínculo sea insano. Si no admitiéramos ese malestar ocasional como parte natural de relacionarnos, estaríamos persiguiendo una idea irreal de perfección… y probablemente evitaríamos vincularnos con autenticidad.

Desde que nacemos, el tipo de apego que desarrollamos influye profundamente en cómo nos relacionamos con los demás, especialmente en la etapa adulta.

Existen dos grandes formas de apego emocional:

  • Apego seguro
  • Apego inseguro, que a su vez incluye tres tipos de apego:
  • Apego ansioso
  • Apego evitativo
  • Apego desorganizado

El tipo de apego que desarrollamos no es casual: se forma en los primeros años de vida, según cómo hayan sido los cuidados y el vínculo con nuestras figuras de apego (normalmente, nuestros padres o cuidadores principales).

Durante la infancia, somos como esponjas: absorbemos no solo lo que nos dicen, sino también cómo nos tratan, cómo responden a nuestras emociones y cómo nos enseñan —o no— a confiar. Por eso, los tipos de apego no aparecen de forma espontánea: tienen su origen en la calidad del vínculo emocional que recibimos en la niñez. Y lo más importante: todos desarrollamos algún tipo de apego. No es posible no tenerlo. Lo que cambia es cómo ese apego se manifiesta en nuestras relaciones.

Por otra parte, lo debemos diferenciar de la dependencia emocional. En consulta, a menudo nos encontramos con personas que se “autodiagnostican” de dependencia emocional solo porque, dentro de una relación que les importa, han sentido emociones tales como decepción, nostalgia, enfado o celos. Esto es lo más normal del mundo y en las relaciones es algo que va a pasar, es decir, van a surgir conflictos. Sin embargo, cuando esas emociones son muy constantes y hacemos cualquier cosa por no sentirlas o por no perder ese vínculo, ya hablamos de dependencia emocional. Esta, aunque mantengamos el vínculo a cualquier costa, genera muchísimo sufrimiento en ti y en los que están a tu alrededor. Por eso, a continuación, te damos algunas pautas que puedes llevar a cabo para evitar un apego emocional basado en la dependencia.

Diferencias entre apego emocional y dependencia emocional

Cómo hemos visto, el apego emocional que desarrollamos puede ser seguro, es decir, es una forma natural y sana de vincularnos con los demás. Por otro lado, la dependencia emocional implica un desequilibrio que genera sufrimiento y miedo al abandono. El apego nos permite sentirnos seguros y disfrutar de relaciones cercanas, pero la dependencia nos lleva a necesitar la validación constante del otro.

La clave está en la libertad emocional. El apego sano nos deja ser nosotros mismos, mientras que la dependencia nos atrapa en la idea de que no podemos estar bien sin la otra persona. Reconocer esta diferencia es esencial para construir vínculos más equilibrados y satisfactorios.

En consulta, he trabajado con casos como el de Laura E.L., quien cancelaba planes con amigos y evitaba expresar sus opiniones por miedo a disgustar a su pareja. Laura creía que estos sacrificios eran una muestra de amor, cuando en realidad reflejaban dependencia emocional.

Si sientes que tu bienestar depende excesivamente de otra persona, dar el paso hacia la terapia online puede ayudarte a fortalecer tu autoestima y mejorar la manera en la que te relacionas.

Consejos para evitar el apego emocional inseguro

A continuación describiré las claves para evitar el apego emocional:

1. Conoce tus límites

Como se suele decir, conocer es poder. Por eso, el autoconocimiento resulta un antídoto bastante eficaz para las estrategias de afrontamiento que tenemos. Saber qué puedes tolerar en una relación o, mejor dicho, qué estás dispuesto o dispuesta a tolerar es básico para conocer tus límites y que luego puedas ponerlos. A veces, en nuestros vínculos toleramos cosas que no nos convienen sencillamente porque no conocemos qué debemos permitir y qué no.

2. Establece límites saludables

De nada te sirve conocerlos si luego no vas a ponerlos. Esta puede ser la parte más difícil, especialmente, si no tienes la costumbre, dejando que los demás pasen por encima de ti, se aprovechen o, como se suele decir, des la mano y te cojan el brazo. Si nos cuesta ponerlos es por ese miedo a disgustar o perder a esa persona. Recuerda, que el apego emocional basado en la dependencia tira por tierra un apego basado en la seguridad, en el cariño o en el amor.

3. Regula tus emociones

Cuando, respecto a tus relaciones, sientas que echas de menos en exceso, notes que no eres capad de controlar los celos o te enfades demasiado, por ejemplo, sé consciente de estas emociones y pregúntate sobre su origen. Una vez lo tengas, podrás distinguir si esa emoción tiene razón de ser o las sientes desde un tipo de apego emocional inseguro.

4. Abraza la soledad

Sobre todo, para las personas que cuentan con un apego emocional de tipo ansioso, lo que más les cuesta es estar a solas. No significa que no tengan a nadie, pero así tienden a interpretarlo. Por ello, buscan desesperadamente planes y no soportan quedarse sin ellos. Cuando se trabaja esta parte se dan cuenta de lo bonito que puede ser estar con ellas mismas y cómo la soledad también se disfruta. También, la incertidumbre es una emoción difícil de tolerar para este tipo de personas.

5. Valora el afecto sin dependencia

Por el contrario, las personas con apego emocional evitativo tienden a interpretar el interés y el cariño hacia ellos o ellas como que están invadiendo su espacio. Lo camuflan bajo el pretexto de que el tiempo a solas es importante, pero, en realidad, temen dar de más en sus vínculos y decepcionarse, entre otras cosas.

6. Responsabilízate de tus emociones

Cuando sufrimos en las relaciones pueden ocurrir que, o bien, nos responsabilizamos en demasía de nuestras emociones sin pedir explicaciones o responsabilidad afectiva a los demás, o bien, que echemos balones fuera, nos pongamos a la defensiva y hagamos culpables al resto de cómo nos sentimos. Junto con la regulación emocional, responsabilizarte de qué es tuyo y qué no, te ayudará a vincularte de manera más sana.

7. Ten claro qué buscas en las relaciones

Al igual que es importante saber qué no quieres y cuáles son tus límites, también lo es saber qué queremos de nuestras relaciones, qué deseamos aportar y qué deseamos que nos aporten. Muchas veces, esto se nos escapa porque pensamos que no tenemos la posibilidad de elegir, que nos tenemos que conformar con lo que nos toque. Esto también se mueve por el miedo a no encontrar a alguien mejor, pensando que “las migajas” es lo que nos merecemos.

8. Cambia tus creencias sobre las relaciones

En especial, en las relaciones de pareja, se nos han inculcado un montón de creencias y mitos sobre cómo tiene que funcionar el amor. Por ejemplo, no existe una media naranja, ni tú ni nadie es una mitad y no necesitas tener pareja para sentirte completo o completa. El amor no implica todo el sacrificio. Los seres humanos somos seres racionales con capacidad para distinguir cuándo un sacrificio merece la pena y cuándo no.

Conclusiones

La principal causa de tener un apego emocional inseguro suele ser una baja autoestima en la que no nos vemos merecedores del buen trato. Además, como ya hemos explicado tiene mucho que ver con cómo nos han tratado en nuestra infancia. Por eso, es algo que no se puede cambiar, el apego emocional es algo que necesitamos para la evolución. El ser humano es un ser co-dependiente de otros y necesita del apego para sobrevivir.

Que no se pueda cambiar no significa que no puedas hacer nada para que tus relaciones mejoren y que sufras menos a la hora de vincularte. Ir a terapia es un gran remedio para conocer cuál es tu tipo de apego y aprender nuevos patrones de conducta a la hora de relacionarte.

Con todo, no nos podemos ir sin recalcar que en tus relaciones has de sentir seguridad, estabilidad y calma. Si no, no tiene sentido que permanezcas ahí. Somos conscientes de que es difícil distinguir entre un tipo de apego emocional inseguro y la dependencia emocional. A veces, normalizamos conductas que son de maltrato psicológico de las personas con las que nos vinculamos y las justificamos con nuestro tipo de apego, cuando lo que estamos recibiendo en maltrato psicológico y es normal, por ende, que suframos. Para aprender a distinguir esto, también es muy importante que estés en un proceso terapéutico.

Referencias bibliográficas:

Yela, C., Piñuela, R., & Piñeiro, Y. (2022). EMRO: Una herramienta de evaluación de los mitos románticos. Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación-e Avaliação Psicológica1(62), 137-153.

Zapiain, J. G., Ortiz, M. J., & Lope, J. G. (2011). Experiencia sexual, estilos de apego y tipos de cuidados en las relaciones de pareja. Anales de Psicología/Annals of Psychology27(2), 447-456.

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Este artículo ha sido elaborado por un/a psicólogo/a sanitario/a colegiado/a del equipo de Avance Psicólogos y se basa en la evidencia científica recogida en el DSM-5, las guías APA y NICE, así como en la práctica clínica diaria del profesional. La información tiene un fin orientativo y no sustituye una evaluación psicológica personalizada. Si necesitas ayuda o tienes dudas sobre tu caso, nuestro equipo estará encantado de acompañarte.

Además, el contenido ha sido revisado por nuestro equipo de redacción clínica para garantizar su rigor y claridad.

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