Los conflictos son inevitables en la vida cotidiana. Las diferencias de opinión, valores y formas de ver el mundo pueden generar tensión en nuestras relaciones. Sin embargo, lo importante no es evitarlos, sino aprender a resolverlos de manera efectiva y saludable. Para ello, es clave contar con estrategias concretas que permitan gestionar las diferencias sin generar daño en las relaciones interpersonales.
En este artículo, te explicaremos cómo puedes abordar los conflictos y te proporcionaremos técnicas prácticas para mejorar tus habilidades en la resolución de problemas.
Índice de contenidos del post
Cómo resolver conflictos de manera efectiva
Para manejar los diferentes tipos de conflictos de forma adecuada, es fundamental seguir estos pasos:
1. Usa mensajes en primera persona («Yo»)
Los “mensajes yo” son mensajes que expresamos en primera persona para comunicar a a los demás lo que pensamos, sentimos o deseamos (“Yo pienso que… / yo siento que… / me gustaría que…”).
Son útiles en la resolución de conflictos porque nos ayudan a no hacer juicios hacia las otras personas, porque estamos hablando de nosotros/as mismos/as. Esto evita que la otra persona sienta rechazo o que se ponga a la defensiva, y favorece que puedan empatizar con nosotros/as.
2. Busca soluciones en conjunto
Muchas veces, cuando tenemos diferencias con otra persona, podemos enfadarnos e irracionalmente sentir que el otro es nuestro “enemigo”. Desde este prisma de lucha o rivalidad contra la otra persona, suele ser difícil llegar a acuerdos porque no favorece la empatía con el punto de vista opuesto.
Alternativamente, podemos tratar de alejarnos del problema e imaginar que somos dos personas que tienen un problema conjunto que tienen que solucionar en equipo cooperando. Preguntas o expresiones que pueden ayudarnos a generar esta actitud en la resolución de conflictos son:
- ¿Qué podemos hacer para…?
- Vamos a intentar buscar una solución que nos venga bien a los dos
- Seguro que si nos lo proponemos, encontramos una opción favorable conjunta
- En conjunto a veces tenemos muy buenas ideas, ¿qué te parece si lo intentamos?
3. Ofrece alternativas concretas
Cuando no nos gusta o nos incomoda lo que otra persona hace, algo que puede ayudar, alternativamente a criticar, es expresarle exactamente cuál es el cambio de conducta que le estamos pidiendo y proponerle una alternativa distinta que pueda ser más adecuada.
Cuanto más detallemos qué es exactamente lo que nos incomoda y expliquemos las razones de nuestra petición, más probabilidad hay de que la otra persona pueda empatizar con nosotros/as. Si, además, se nos ha ocurrido una alternativa y se la proponemos a la otra persona, puede ser más probable que le parezca bien si no se le había ocurrido.
Un ejemplo de ello sería: “Me gustaría que en lugar de poner música a todo volumen cuando yo aún estoy dormida, utilizaras tus auriculares. Esto me ayudaría a no interrumpir mi sueño y así puedes escuchar la música que te apetezca”.
4. Controla tu tono de voz y lenguaje corporal
«Es fundamental saber manejar bien los diferentes tipos de lenguaje: no se trata solo de lo que decimos, sino también de cómo lo decimos. Alzar la voz más de lo necesario puede generar una ‘escalada hostil’, transformando la conversación en una lucha de egos en lugar de un espacio para resolver el problema. Si es la otra persona quien eleva el tono, evita imitarla. En su lugar, pídele con calma que recupere un tono adecuado y espera a que lo haga antes de responder al contenido de lo que dice.»
5. Identifica la necesidad detrás del conflicto
Debajo de la literalidad de lo que el otro dice, existen motivos que le llevan a plantear una determinada postura ante un conflicto. Reconoce su existencia, aunque no compartas sus demandas. A partir de ahí, te será más fácil comprender por qué dice lo que dice y hace lo que hace, y ver maneras de buscar el consenso con asertividad que en un primer momento ni te habrías planteado.
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6. Aplaza la discusión si es necesario
Si hace un rato que no progresáis hacia una solución y os limitáis a luchar, invita a la otra persona a seguir hablando sobre ello en otro momento, para que vuestra frustración y/o enfado no obstaculice aún más la comunicación asertiva. Concreta mínimamente, indicando fecha y hora y lugar.
7. Repara el daño si es necesario
Los conflictos no tienen por qué ser resueltos solo con palabras: a veces hace falta pasar a la acción para reparar los daños causados (en la medida de lo posible). En muchos casos este es un elemento imprescindible para corregir injusticias y facilitar que la persona que se ha visto perjudicada deje de sentirse vulnerable y expuesta a nuevos ataques.
Conclusiones
Aprender a resolver conflictos de manera efectiva nos ayuda a mejorar nuestras relaciones, reducir el estrés y fortalecer la autoestima. Como hemos visto, aplicar estrategias adecuadas nos permite encontrar soluciones justas y evitar que las diferencias escalen en confrontaciones destructivas.
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Referencias bibliográficas:
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Roca, E. (2014). Cómo mejorar tus habilidades sociales (Vol. 4). Valencia: Acde.
Rueda Carcelén, P. M., Cabello Cuenca, E., Filella Guiu, G., & Vendrell Serés, M. (2016). El programa de educación emocional Happy 8-12 para la resolución asertiva de conflictos. Tendencias pedagógicas, 2016, núm. 28, p. 153-166.




