¿Qué es el odio y cómo superarlo según los psicólogos?

Artículo escrito y revisado por Andrea Martínez Fernández
¿Qué es el odio y cómo superarlo según los psicólogos?

El odio es, curiosamente, algo poco estudiado en Psicología. Otras disciplinas como la Sociología le han prestado más atención, puesto que es el foco de algunas problemáticas sociales como el discurso de odio o los delitos de odio (frecuentemente dirigidos a minorías o grupos sociales oprimidos). Estos términos están muy presentes en los medios, pero a pesar de esto no tenemos una definición clara del odio y de cómo manejarlo.

El odio no se ciñe exclusivamente a estos fenómenos sociales sino que también puede darse en un plano más personal cuando va dirigido a una figura en concreto. Por eso a nivel psicológico hemos de buscar una conceptualización que cubra las diferentes formas en las que puede darse. Vamos a ver en este artículo algunos aspectos del odio y qué podemos hacer cuando lo experimentamos.

¿Qué es el odio?

No existe un acuerdo total a la hora de considerar el odio como una emoción. Esto se debe a que las emociones suelen ser estados transitorios; es decir, aparecen cuando las desencadena un estímulo y se desvanecen al cabo de un tiempo. Sin embargo, el odio se caracteriza por ser más estable, más duradero. Normalmente no se odia algo durante un rato y al cabo de minutos u horas deja de hacerlo. Es por esto que a veces se lo considera más bien una actitud.

El odio suele conllevar una activación intensa de emociones como el rechazo y el enfado, así como un juicio moral hacia la persona o las personas objeto del odio. O sea, que cuando hablamos de odio nos referimos a una actitud motivada por una evaluación global que hacemos; no juzgamos las conductas, sino a las personas o los grupos no tanto por lo que hacen como por lo que son en sí mismos.

 ¿Es el odio una emoción tóxica?

Como ya hemos mencionado en artículos anteriores, en Psicología nunca etiquetamos las emociones como “buenas” o “malas”, “sanas” o “tóxicas”. El problema que se nos presenta aquí es, como mencionábamos, que el odio no está reconocido exactamente como una emoción más sino como algo más complejo ya que implica cogniciones (y, en ocasiones) comportamientos que pueden llegar a ser muy problemáticos. De ahí que no se trate de igual manera que emociones básicas como el miedo o la ira.

Esto quiere decir que, a pesar de que no elegimos sentir el odio de manera voluntaria, sí puede ser bueno revisarlo para no alimentarlo. Dado que el odio suele implicar el evaluar a otras personas como malas, hace más probable que se lleven a cabo conductas de exclusión o de agresión. Por eso es importante afrontarlo de manera adecuada con el objetivo de controlar nuestro comportamiento.

 ¿Qué puedo hacer si siento odio?

Cuando sientes odio, es posible que tu rechazo vaya dirigido hacia una persona en concreto, hacia un grupo de personas… o incluso hacia ti. Sentir odio no va a favorecer precisamente que pongas en marcha estrategias especialmente constructivas, de modo que es conveniente revisar los posibles pensamientos de desprecio y las emociones como el rechazo para prevenir posibles comportamientos conflictivos que provoquen consecuencias problemáticas.

El odio no es fácil de trabajar, ya que cuando lo experimentamos tendemos muy fácilmente a reafirmarnos en nuestras creencias. Cuando odiamos algo o a alguien no solemos buscar cuestionar nuestras ideas, pero precisamente por esta rigidez tenemos que remarcar la importancia de cuestionarlo. Aquí proponemos tres pasos para empezar a revisarlo. Vamos a ver por dónde podemos comenzar:

1. Date tiempo

El odio puede vivirse de manera más o menos intensa. Cuando las emociones se activan con una intensidad alta, esto ya es una señal que debería ponernos en alerta. Los momentos de gran activación pueden motivarnos a llevar a cabo comportamientos impulsivos que acarreen consecuencias graves. Justamente por esto es fundamental no tomar decisiones en este tipo de situaciones.

En caso necesario puede ser recomendable usar el “tiempo fuera”, es decir, retirarse durante unos minutos hasta que notemos que va reduciéndose la intensidad de la emoción. Puesto que el odio no es un simple enfado esto no nos garantiza que vaya a desaparecer, pero sí puede ser útil como medida de emergencia para no actuar de manera impulsiva bajo su influencia.

2. Usa el distanciamiento

En la línea del punto anterior, conviene controlar de qué manera nos exponemos a aquello hacia lo que sentimos odio. Cuando nos estamos tomando un tiempo para no actuar de manera impulsiva suele ser mejor apartarse temporalmente de aquello que está activando el odio. También se pueden utilizar otras técnicas para distanciarse de los propios pensamientos y emociones como escribir en tercera persona, observar los pensamientos con neutralidad y/o reestructurarlos por medio de herramientas como la discusión cognitiva.

El enfado y los pensamientos que acompañan a los sentimientos de odio pueden ser de carácter rumiativo, es decir, que dan vueltas de manera repetitiva. En estos casos se puede intentar parar los pensamientos momentáneamente para buscar atender a otras actividades y así no dar tanto lugar a que se fomenten. También hay que tener cuidado al hablar de los sentimientos de odio, puesto que es muy fácil que se vean retroalimentados.

3. Pon las cosas en contexto

 Cuando sentimos odio, lo más fácil es que atendamos a la información que nos da la razón. En otras palabras, vamos a buscar que nos confirmen lo que ya pensamos y sentimos. Por eso, si lo que quieres realmente es superar el odio una cosa que deberás hacer será cuestionar lo que piensas y lo que sientes. Para hacer esto será necesario, por ejemplo, que te expongas a historias, datos e información que sirva como contraejemplos. Para empezar a hacer esto puedes buscar excepciones a tus creencias por medio de preguntas como “¿En qué caso no se ha cumplido esto que pienso sobre X?”.

En caso de que tu odio vaya dirigido a una persona en concreto (o incluso a ti) puedes servirte de la práctica de la compasión. Las herramientas como la empatía pueden ayudarte a contextualizar la situación y mitigar la intensidad de tus emociones. En algunos casos esto lleva a la comprensión e incluso al perdón, cuando hablamos de un odio motivado por ofensas o abusos; no obstante, cabe remarcar que el perdón siempre es una opción pero nunca una obligación.

Cómo entender el odio y empezar a gestionarlo sin que te domine

El odio es una experiencia compleja, intensa y muchas veces difícil de cuestionar, precisamente porque suele venir acompañada de una fuerte sensación de certeza. Sin embargo, empezar a revisarlo —aunque sea con pequeñas dudas o matices— ya es un paso importante hacia una forma de relacionarte más flexible contigo mismo y con los demás. No se trata de negar lo que sientes, sino de evitar que esa emoción termine dirigiendo tus pensamientos y tus decisiones.

Trabajar el odio no es fácil en soledad, especialmente cuando lleva tiempo instalado o está ligado a experiencias dolorosas. En Avance Psicólogos, contamos con un centro de psicólogos en el barrio Salamanca en Madrid (España) y también con un gabinete de psicólogos en Chamberí en Madrid (España), donde acompañamos estos procesos desde una mirada profesional, cercana y sin juicio, ayudando a transformar esa rigidez emocional en una comprensión más amplia y manejable.

Si sientes que el odio te está afectando más de lo que te gustaría, buscar ayuda puede marcar un antes y un después. A veces, empezar a entender lo que hay detrás de esa emoción es el primer paso para dejar de vivir desde ella y recuperar una mayor calma emocional.

Referencias bibliográficas:

 Fischer, A. y cols. (2018). Why we hate. Emotion Review, 10(4), 309-320.

Gilbert, P. (2015). Self-disgust, self-hatred, and compassion-focused therapy. En Overton, P. G., Powell, P. A. y Simpson, J. (Eds.) The Revolting Self: Perspectives on the Psychological, Social, and Clinical Implications of Self-Directed Disgust. Routledge.

Oatley, K. y Johnson-Laird, P. N. (2013). Cognitive approaches to emotions. Trends in Cognitive Sciences, 18(3), 134-140.

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Este artículo ha sido elaborado por un/a psicólogo/a sanitario/a colegiado/a del equipo de Avance Psicólogos y se basa en la evidencia científica recogida en el DSM-5, las guías APA y NICE, así como en la práctica clínica diaria del profesional. La información tiene un fin orientativo y no sustituye una evaluación psicológica personalizada. Si necesitas ayuda o tienes dudas sobre tu caso, nuestro equipo estará encantado de acompañarte.

Además, el contenido ha sido revisado por nuestro equipo de redacción clínica para garantizar su rigor y claridad.

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