La infidelidad es una de las causas más habituales de ruptura en relaciones de pareja. Se trata de uno de los problemas más frecuentes y complicados que pueden aparecer en terapia de pareja; de hecho, diversos estudios estiman que la infidelidad podría darse desde en el 20% hasta en el 70% de las relaciones. Esto lleva a muchas personas a preguntarse: ¿Hay personas que son infieles “por naturaleza”? ¿Es posible cambiarlo? Y, si es así… ¿Cómo dejar de ser infiel?
Estas preguntas están motivadas por lo difícil que resulta en muchos casos cambiar estos patrones de conducta (he ahí las cifras) y por el sufrimiento que a menudo causa la infidelidad. Como decíamos, las infidelidades son motivo de ruptura en muchas ocasiones y en algunas personas pueden actuar como factores predisponentes para desarrollar problemas de confianza o de autoestima, pudiendo afectar de manera relevante al estado de ánimo o la ansiedad. Vamos a ver a continuación cómo pueden generarse estas dinámicas.
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¿Por qué es tan difícil dejar de ser infiel?
Hay personas que se preguntan cómo dejar de ser infiel pero no saben cómo, ni si es posible siquiera. Esta dificultad puede tener que ver con las variables disposicionales que hemos visto en el apartado anterior, pero no sólo. También hay habilidades y actitudes personales que pueden jugar un papel importante. Una de ellas es una competencia de lo que comúnmente llamamos autorregulación y autocontrol, en concreto la capacidad para demorar la gratificación; con esto nos referimos a la posibilidad de priorizar el largo plazo (apostar por la relación de pareja, evitar el hacer daño) en lugar de recurrir a la satisfacción a corto plazo (abandonarse a la gratificación inmediata de la infidelidad). Por lo general, quienes tienen más dificultades para poner esto en práctica también pueden encontrar más difícil respetar la exclusividad de una pareja.
También puede ser más difícil que dejen de ser infieles las personas que tienen actitudes más laxas respecto a la infidelidad. Si una persona tiene la idea de que la infidelidad supone un engaño, una falta de respeto o un daño grave a la relación y a la pareja, percibirá las consecuencias de la infidelidad como algo muy negativo tanto para la pareja como para su propio autoconcepto y, en consecuencia, será menos probable que lo haga. En cambio, las personas que tienen actitudes menos estrictas hacia la infidelidad o microinfidelidades pueden mostrar más frecuentemente comportamientos como justificar que se cometan estas transgresiones o restar importancia a sus consecuencias, con lo cual no lo viven como algo tan negativo y es más probable que caigan en comportamientos de infidelidad.
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Factores que predisponen a la infidelidad
La infidelidad suele tener raíces en factores emocionales, personales y contextuales que aumentan la probabilidad de que una persona cruce ciertos límites. La insatisfacción emocional y el distanciamiento afectivo dentro de la pareja son algunas de las causas más comunes. Cuando una persona siente que sus necesidades no son atendidas o que existe falta de conexión, puede ser más vlnerable a buscar fuera aquello que siente que falta. A esto se suma la falta de autocontrol o impulsividad, lo que dificulta resistir las tentaciones o valorar las consecuencias a largo plazo. Existen estudios que muestran que personas con baja inteligencia emocional y rasgos narcisistas son más propensas a la infidelidad, ya que tienden a priorizar la gratificación personal sobre el bienestar de la relación
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El entorno también juega un papel importante. Estar expuesto a situaciones de riesgo, como ambientes laborales cercanos o el uso constante de redes sociales, puede facilitar la infidelidad si no se establecen límites claros. Además, las creencias y actitudes sobre la infidelidad influyen de manera significativa; si una persona la percibe como algo inevitable o poco importante, será más propensa a justificarla. Identificar y trabajar en estos factores no solo ayuda a prevenir la infidelidad, sino que también fortalece la relación, fomentando un vínculo más sólido y saludable.
Ahora que comprendemos mejor qué puede llevar a la infidelidad, surge una pregunta clave: ¿Se puede realmente cambiar este comportamiento y fortalecer la relación?
¿Es posible dejar de ser infiel?
Como puedes ver, hay muchos factores tanto externos como internos que influyen en la probabilidad de ser infiel. No obstante, esto no quiere decir que las personas que cuentan con más predisponentes estén abocadas a ser infieles… ni mucho menos que haya personas que son infieles “por naturaleza”. Estamos hablando de probabilidades, no del “destino”. Esto significa que habrá personas a las que les cueste más y otras a las que les cueste menos.
La infidelidad no deja de ser una conducta humana y, como tal, se puede cambiar. A veces es muy difícil, sí, pero no es imposible. Para empezar, habría que ver dónde se quiere poner el foco; es decir, qué circunstancias se pueden modificar y cuáles no. Si tienes una historia de infidelidad en el pasado eso es algo que obviamente no se puede borrar, pero sí hay elementos tanto internos como externos que están bajo tu control (por ejemplo, cuánto te expones al contacto con potenciales parejas sexuales y/o románticas o cómo entrenas tus habilidades de autocontrol).
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¿Cómo dejar de ser infiel?
A continuación veremos algunos consejos para evitar ser infiel en tu relación:
1. Identifica el patrón de infidelidad
El primer paso para dejar de ser infiel es reconocer qué tipo de infidelidad estás experimentando. ¿Se trata de encuentros fortuitos o lo has buscado de manera activa? Es importante analizar si el problema surge en momentos de insatisfacción en la relación o simplemente ante la aparición de una oportunidad. Conocer este patrón te permitirá entender qué aspectos necesitas trabajar y qué situaciones debes evitar para reducir las posibilidades de reincidir.
2. Controla las situaciones de riesgo
Si la infidelidad ocurre porque la gratificación inmediata pesa más que las consecuencias, es esencial modificar las circunstancias que facilitan estas situaciones. Actividades como beber alcohol en discotecas o conversar con desconocidos en redes sociales pueden parecer inofensivas, pero aumentan la probabilidad de caer en la tentación. Limitar estas exposiciones y fortalecer el autocontrol es clave para prevenir futuros episodios.
Un ejercicio útil que sugiero a mis pacientes es llevar un diario de situaciones donde sienten que podrían ser infieles o donde notan que baja su autocontrol. Identificar estos momentos ayuda a tomar decisiones más conscientes y a prepararse para manejar mejor esas circunstancias.
3. Invierte en tu relación
En muchos casos, la infidelidad surge de la insatisfacción emocional o afectiva. Reflexiona si estás dedicando suficiente tiempo y energía a tu pareja. A veces, en lugar de buscar emociones fuera, lo que realmente necesitas es reencontrarte con tu pareja, reavivar la conexión o trabajar en conjunto para mejorar la relación. Si la relación no ofrece el bienestar que buscas, también es válido replantear el rumbo en lugar de buscar una salida alternativa.
Algo que recomiendo a las parejas es crear pequeños rituales de conexión diaria, como compartir una actividad que ambos disfruten o establecer un ‘día de la pareja’ cada semana. Estos momentos de calidad refuerzan el vínculo emocional y reducen la sensación de distanciamiento.
4. Reevalúa y establece límites claros
Es común que las parejas asuman ciertas reglas sin discutirlas abiertamente, lo que puede generar confusión y conflictos a futuro. Definir qué constituye una infidelidad y establecer límites claros ayuda a prevenir malentendidos. Acordar compromisos realistas y alineados con las expectativas de ambos permite construir una relación más sólida, donde el respeto mutuo y la confianza son fundamentales.
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¿Te has visto reflejado en este artículo y te preguntas si puedes dejar de ser infiel?
Si al leer estas líneas has reconocido patrones que te preocupan o que ya han afectado tus relaciones, es momento de dar un paso al frente y tomar el control.
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