Condicionamiento operante: Que es y ejemplos en la vida cotidiana

Artículo escrito y revisado por Andrea Martínez Fernández
Esquema del condicionamiento operante mostrando refuerzos y castigos en el aprendizaje de la conducta

Los seres humanos aprendemos, básicamente, a partir de la experiencia. En otras publicaciones anteriores ya hemos hablado sobre el conductismo, que explica cómo nuestro comportamiento está mediado por determinados condicionamientos. A veces, cuando hablamos de conducta y condicionamiento, se piensa que los principios del aprendizaje y la modificación de la conducta aplican solamente a las ratas en el laboratorio que tienen que tirar de una palanquita para obtener comida: sin embargo, aunque sea a niveles más complejos, estos principios también son la base de lo que hacemos los seres humanos.

En este artículo, en concreto, vamos a centrarnos en el condicionamiento operante. Es posible que en otros artículos lo hayas encontrado bajo el nombre  condicionamiento instrumental, pero aquí vamos a usar el término “operante” ya que se refiere a la manera en que “operamos” (es decir, alteramos lo que ocurre) en nuestro ambiente con lo que hacemos. Para saber más sobre este fenómeno, primero conviene conocer un poco mejor los procesos por los cuales adquirimos las conductas; por eso vamos a introducir un poco de teoría sobre los mecanismos de aprendizaje.

Los principios del aprendizaje

Según explican la Psicología Conductista (y su herramienta aplicada, el análisis funcional) aprendemos a comportarnos, grosso modo, de tres maneras: Una de ellas es el aprendizaje vicario o modelado: por imitación, por decirlo de alguna manera. Las otras dos son los diferentes tipos de condicionamiento, es decir, las relaciones entre los estímulos y las respuestas que experimentamos en nuestras vivencias del día a día. ¿A qué nos referimos con esto exactamente?

El ser humano está en constante interacción con su ambiente, y es por esto que no podemos nunca considerar al individuo sin tener en cuenta su contexto. Muchas veces tendemos a atribuir los comportamientos a ciertos rasgos innatos, a nuestra “manera de ser” dicho coloquialmente, como si tuviéramos algo dentro que no sabemos muy bien cómo explicar, pero que nos mueve a comportarnos de una manera o de otra. Hay teorías psicológicas que tienden especialmente a buscar en este tipo de aspectos internos y abstractos la explicación de por qué hacemos lo que hacemos, pero la Psicología basada en la evidencia siempre tiene en cuenta la historia de aprendizaje de cada persona.

¿Qué es el condicionamiento operante?

Condicionamiento clásico vs. condicionamiento operante
Como ya mencionaba en el apartado anterior, podemos hablar de dos tipos de condicionamiento: el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante; es en este último en el que va a centrarse el contenido del artículo, pero antes vamos a tratar de comprender también en qué consiste el condicionamiento clásico para poder diferenciarlos bien.

Al condicionamiento clásico también se le conoce como condicionamiento pavloviano por el famoso experimento de los perros de Pavlov: este investigador ruso hacía sonar una campana cada vez que administraba comida a los perros, y descubrió que éstos comenzaron a salivar cada vez que escuchaban la campana aunque no hubiese comida. Aunque este fenómeno por el cual se elicitan respuestas ante estímulos condicionados ya había sido descubierto sin mucho revuelo por el psicólogo Edwin B. Twitmyer, fue el experimento de Ivan Pavlov el que causó gran revuelo y dio tal sobrenombre al condicionamiento clásico.

Si bien el condicionamiento clásico tiene que ver con las respuestas que se activan ante determinados estímulos, el condicionamiento operante tiene más que ver con las contingencias de las respuestas: o sea, con lo que ocurre cada vez que hacemos una cosa u otra. Esto fue en primera instancia propuesto por el psicólogo Edward Thorndike, cuando formuló la Ley del Efecto: una conducta tiene más probabilidad de repetirse si va seguida de una consecuencia apetitiva (agradable, podríamos decir) y será menos probable que vuelva a darse si le sigue una consecuencia aversiva. Esto sería posteriormente más desarrollado en los trabajos de John Watson y B. F. Skinner. Vamos a ver cómo se aplica esto en el día a día para comprender en qué consiste todo esto.

Ejemplos del condicionamiento operante en la vida cotidiana

En total hay cuatro tipos de contingencias que modulan nuestro comportamiento. Podríamos aglutinarlas en dos grandes subgrupos: reforzamiento y castigo. Y dentro de cada categoría encontramos dos subtipos: positivo y negativo. Cuando hablamos de reforzamiento, nos referimos a las consecuencias que “refuerzan” la conducta, es decir, que facilitan que se siga dando. El castigo, por el contrario, es todo aquello que reduce la probabilidad de que un comportamiento vuelva a darse. Los términos positivo y negativo no se refieren aquí a “bueno” y “malo”, sino a añadir o retirar estímulos. Vamos a ver esto con unos pocos ejemplos para ilustrarlo mejor:

1. Reforzamiento positivo

Es cuando se añade algo agradable, por decirlo de manera simple. Por ejemplo, si pruebas una comida y te gusta, es probable que quieras comer más de ella. O si tienes un gesto amable con una persona y esta te sonríe o te da las gracias, será más probable que realices acciones similares en el futuro.

2. Reforzamiento negativo

Cuando consigues que desaparezca algún estímulo desagradable. Por ejemplo, si coges a un bebé en brazos y este deja de llorar. O cuando bebes agua en un día caluroso y esto hace que se alivie tu sed.

3. Castigo positivo

Es cuando aparece un estímulo desagradable que hace que dejes de hacer algo. Como cuando intentas beber el café recién hecho y te quemas. O, por ejemplo, si cruzas un paso de peatones en rojo y te pitan desde un coche.

4. Castigo negativo

Esto ocurre cuando desaparece un estímulo agradable. Un ejemplo sería estar en una reunión con amistades en la que todo el mundo está riéndose y sonriendo; si de repente haces un chiste inapropiado, podrían callarse  y bajar la mirada. También sería un castigo negativo si estás jugando de manera muy brusca con un balón y este se pincha.

Aplicaciones del condicionamiento operante en terapia psicológica

En terapia psicológica, estas contingencias son herramientas clave para comprender y modificar comportamientos problemáticos. Al evaluar cómo el reforzamiento y el castigo han influido en una persona, los terapeutas pueden diseñar estrategias efectivas para promover cambios.

Técnicas basadas en el condicionamiento operante:

  1. Refuerzo de conductas positivas: El terapeuta puede elogiar los avances del paciente o reforzar verbalmente comentarios positivos sobre su autoimagen.
  2. Interrupción de conductas negativas: Al identificar patrones problemáticos, como la rumiación, el terapeuta interviene para desviar la atención hacia alternativas más constructivas.
  3. Tareas para casa: Se diseñan ejercicios específicos que utilizan el reforzamiento o el castigo para consolidar el aprendizaje fuera de las sesiones.

Modelos de terapia conductual basados en el condicionamiento operante

Existen diferentes modelos de trabajo en terapia que se basan en el análisis funcional de la conducta y el manejo de las contingencias (o sea, que hacen uso del condicionamiento operante en favor del bienestar de sus consultantes). Uno de ellos es, evidentemente, la Terapia de Conducta; también entrarían aquí la Terapia Cognitivo Conductual y las Terapias de Tercera Generación o Terapias Contextuales (como la Psicoterapia Analítico-Funcional o FAP y la Terapia de Aceptación y Compromiso o ACT).  Si bien pueden tener sus parecidos y sus diferencias en lo que a herramientas de evaluación y técnicas de intervención se refiere, todas ellas tienen presente el papel de los procesos de condicionamiento tanto en el origen y el mantenimiento de los problemas como en las herramientas de cambio terapéutico.

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Referencias bibliográficas:

 Benjumea, S. et al. (2012). Conductismo radical y práctica investigadora: ¿por qué es skinneriano el Análisis Experimental del Comportamiento? Apuntes de Psicología, 30(1-3), 49-62.

Cruz, B. M. et al. (2018). Fisiología de las emociones desde la perspectiva de la teoría del condicionamiento operante. Revista Inclusiones, 5(4), 184-200.

Jiménez, A. A. et al. (2021). Adquisición de la conducta operante: no todas las alturas de palanca funcionan igual. Conductual, 9(1), 30-44.

Lee, G., De Pascual, R. y Froxán, M. X. (2019). Los procesos de condicionamiento clásico en la interacción verbal terapéutica. Revista Mexicana de Análisis de la Conducta, 45(1), 90-110.

Froxán, M. X. (2020). Análisis Funcional de la Conducta Humana: Concepto, Metodología y Aplicaciones. Madrid: Ediciones Pirámide.

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Este artículo ha sido elaborado por un/a psicólogo/a sanitario/a colegiado/a del equipo de Avance Psicólogos y se basa en la evidencia científica recogida en el DSM-5, las guías APA y NICE, así como en la práctica clínica diaria del profesional. La información tiene un fin orientativo y no sustituye una evaluación psicológica personalizada. Si necesitas ayuda o tienes dudas sobre tu caso, nuestro equipo estará encantado de acompañarte.

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