Desarrollo psicosocial: ¿Qué es y cuáles son sus etapas?

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Conocemos las etapas de crecimiento de hombres y mujeres, pero ¿cómo nos desarrollamos a nivel cognitivo, emocional y social los seres humanos? Este desarrollo lo llamamos desarrollo psicosocial y se refiere al proceso de interacción continuo entre la persona y su entorno.

Dicha interacción permite el aprendizaje de las habilidades psicológicas y sociales necesarias para vincularnos y socializar de manera sana, pero también un escaso o mal desarrollo psicosocial puede influir en que se generen problemas psicológicos que interfieran en cómo percibimos las relaciones y la vida.

En este artículo te contamos la teoría del desarrollo definida por Erikson y por qué es tan importante esta teoría. Asimismo, te diremos cuáles son las 8 etapas de este tipo de desarrollo y te las explicaremos con detalle.

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¿Qué es la teoría del desarrollo psicosocial?

En 1950, el psicólogo y psicoanalista alemán Erik Erikson explicó la teoría del desarrollo psicosocial. En ella, establece ocho etapas por las que una persona pasa a lo largo de su vida. Estas etapas ocurren desde el momento del nacimiento hasta la vejez. Se trata de una de las teorías sobre el desarrollo humano más aceptadas y reconocidas dentro de la psicología del desarrollo o de la psicología evolutiva (cuyo objetivo es estudiar la evolución del ser humano en cada una de sus etapas vitales y a lo largo de ellas).

Erikson denominó las etapas como “crisis de identidad”, entendiendo esto como un periodo de transición. Para este autor, en cada una de las etapas por las que pasa el individuo, este adquiere una serie de competencias concretas. Para ello, es necesario que el niño o la niña socialicen, es decir, puedan desarrollar su identidad y puedan adquirir esas competencias. Además, en cada una de las ocho etapas ocurre un conflicto al que la persona se tiene que enfrentar y que es lo que permite que se adquieran las competencias necesarias para luego desarrollarlas en la vida adulta. Cuando uno adquiere una de esas competencias ocurre lo que Erikson llamó la fuerza del ego. Por lo tanto, cada conflicto o crisis supone un punto de inflexión para la persona que, cuando los resuelve, crece psicológicamente. Sin embargo, al igual que se da una oportunidad de crecimiento en cada conflicto, también puede tener lugar el fracaso.

A continuación, te explicamos las 8 etapas que estableció Erikson en su teoría del desarrollo psicosocial.

Las 8 etapas del desarrollo psicosocial

A continuación se describen las etapas del desarrollo psicosocial:

1. Confianza vs. Desconfianza

Ocurre desde el nacimiento hasta los 18 meses. Como un bebé es totalmente dependiente, espera que los demás cuiden de él y se ocupen de sus necesidades. En esta etapa los bebés aprenden que pueden contar con el resto de las personas, es decir, aprenden a confiar. Pero, también, pueden aprender a desconfiar. Que sea una o la otra dependerá con el tipo de crianza recibida, el aprendizaje en la gestión de los vínculos y del apego. La sensación de confianza (o no), la frustración o la seguridad, determinarán la calidad de las relaciones en el futuro de esa pequeña persona.

2. Autonomía vs. Vergüenza y duda 

Desde los 18 meses hasta los tres años, los niños empiezan a ser conscientes de su cuerpo y empiezan a adquirir cierto control sobre él. Comienzan a ejercitar y controlar los músculos, en concreto, lo que entran en juego para controlar las excreciones y la orina. Asimismo, desarrollan cierto desarrollo cognitivo. Por eso, aquí puede aparecer la duda y la vergüenza, al mismo tiempo que empiezan a aprender lo que es la autonomía si se dan los logros necesarios característicos es esta etapa del desarrollo psicosocial. Quienes superan esta etapa con éxito tienden a mostrar una autoestima más sana en el futuro. Según Erikson, lograr un equilibrio entre la autonomía y la vergüenza lleva a la voluntad, es decir, creer que se puede actuar con intención dentro de los límites de la razón.

3. Iniciativa vs. Culpa

Esta etapa del desarrollo psicosocial comienza desde los tres hasta los 5 años de edad. A estas edades es cuando los niños más rápido crecen. Comienza su curiosidad por el juego y por relacionarse con otros niños. Para ello, necesitan de la iniciativa. El reto en esta etapa es encontrar la armonía entre la toma de iniciativa y el querer jugar o cooperar con otros. Los que tienen éxito en esta etapa adquirirán una sólida autoconfianza y desarrollarán la habilidad de guiar a otros. Al contrario ocurrirá con los que no les ha ido tan bien, sentirán culpa y dudas. Además, si los adultos reaccionan de forma negativa ante sus preguntas, los niños sentirán más culpa y mayor sensación de torpeza. En todo caso, la culpa, en su justa medida, les servirá para aprender de sus errores. Si es excesiva, el niño no se sentirá capaz de afrontar nuevos retos o conflictos.

4. Laboriosidad vs. Inferioridad

La cuarta etapa ocurre desde los 5 hasta los 13 años. El cerebro del niño ya está más desarrollado, por lo que puede empezar a manejar conceptos abstractos y pueden comenzar a realizar tareas más complicadas. Aquí, tienen la capacidad de reconocer sus propias habilidades como la de los demás. Por lo tanto, también empiezan a compararse, con otros, pero también con ellos mismos. Al poder reconocer que algo se les da bien pedirán tareas cada vez más desafiantes para ellos y ellas. Su interés por mejorar es genuino porque también buscan el reconocimiento social. El éxito en esta etapa dependerá de la estimulación positiva y el reconocimiento que se les dé. Aparecerá el sentimiento de inferioridad cuando ven que fracasan en tareas en las que desean tener más competencia. Si sus fracasos no son bien acogidos o desencadenan comparaciones con otros niños, el sentimiento de inferioridad aumentará y se sentirá inseguro respecto a los demás.

5. Exploración de la identidad vs. Difusión de la identidad

De todos es sabido que en la adolescencia es cuando forjamos nuestra identidad. En realidad, nunca dejamos de desarrollarla, pero es en esta etapa cuando comenzamos a ser más conscientes de que tenemos una identidad y de lo que ello implica. Se desarrolla desde los 13 años hasta los 21. Una de las identidades que exploran es la identidad sexual y empiezan a actuar como esa persona que proyectan a futuro y en la que se ven reflejados o identificados; esto es, quieren pasar más tiempo con sus iguales, comienzan a preguntarse cuáles son sus propósitos, cuáles son sus roles en las relaciones y quiénes son realmente. El éxito estribará en encontrar el equilibrio entre lo que quieren y desean ser y lo que su entorno espera que sean. En ese proceso de exploración surgirán dudas y se sentirán confusos. Si viven una adolescencia marcada por un apego disfuncional o situaciones de acoso o de abuso (ej.: bullying) se puede dar una difusión de la identidad.

6. Intimidad vs. Aislamiento

Esta crisis comprende, aproximadamente, desde los 20 hasta los 40 años. En esta etapa, se va modificando la forma que tenemos de relacionarnos, abordamos las relaciones de una forma más madura, priorizamos unas sobre otras teniendo como criterio la intimidad de cada uno de nuestros vínculos y comenzamos a valorar el compromiso. Buscamos la compañía, la seguridad y la confianza. Cuando esta etapa no se desarrolla con éxito es cuando establecemos vínculos poco sanos: actuamos por complacer, no ponemos límites, desconfiamos y tenderemos a aislarnos.

7. Generatividad vs. Estancamiento 

Esta etapa ocurre desde los 40 hasta los 60 años, aproximadamente. Por lo general, en esta etapa vital se cuida de la familia y queremos dedicarles tiempo a los miembros que la forman (hablamos tanto de la familia consanguínea como la elegida), pero también pasar y dedicar tiempo aquello a lo que nos hemos vinculado; si no se ha formado una familia puede ser al trabajo, una afición o a las amistades. Buscamos sentirnos útiles, queremos ofrecer algo al mundo. “¿Cuál es el sentido de mi vida?”. Si no se encuentra respuesta a esto se puede producir un estancamiento.

8. Integridad del ego vs. Desesperación

De los 65 años en adelante, esta etapa suele estar caracterizada por tener que afrontar duelos. Se van perdiendo o se han perdido ya seres queridos, ya no producimos o generamos (generatividad) tanto como antes. El estilo de vida cambia. De la mirada al pasado puede aparecer la desesperación, sin embargo, también puede generar una sensación de integridad si dicha mirada es hacia lo que hemos compartido. El éxito en esta etapa estará en reafirmar el valor de nuestra existencia.

Conclusiones

Como hemos visto, el ser humano nunca deja de aprender y el desarrollo psicosocial se da desde el momento en que nacemos hasta el momento de nuestra muerte. Tras esta explicación un tanto filosófica de lo que es el desarrollo psicológico de una persona, nos gustaría compartir una reflexión contigo: cada cual tiene su historia de vida y las cosas que nos ocurren no las elegimos, por lo tanto, lo que aprendemos de esas experiencias tampoco las elegimos. Es nuestra historia de vida y una persona (y menos un niño) no tiene la responsabilidad de desarrollar culpa frente a iniciativa o aislamiento frente a intimidad. Cada historia de vida es única e irrepetible y es contraproducente achacar los fracasos a la actitud de cada cual, pues transmite el mensaje de que, si te ha ido mal, el problema está en ti. Este mensaje es erróneo porque el ser humano es un ser social y nos ayudamos unos a otros, sin embargo, la sociedad en la que vivimos transmite continuamente el mensaje de que si te caes te levantas, y no siempre es tan fácil. En la consulta de psicología continuamente vemos personas que se culpan a sí mismas por no haber tenido una actitud más positiva en determinado momento, cuando la realidad es que se manejaron con los recursos que tenían entonces.

Está bien conocer y entender nuestra historia de desarrollo psicosocial para, a partir de ahí, ver qué podemos hacer para generar cambios en nuestra vida y en nuestro bienestar psicológico, pero nuestro pasado no lo podemos cambiar.

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Referencias bibliográficas:

Bordignon, N. A. (2005). El desarrollo psicosocial de Eric Erikson. El diagrama epigenético del adulto. Revista Lasallista de investigación, 2(2), 50-63.

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autora del artículo

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Por Brenda Ruano Bodemer

PSICÓLOGA SEXÓLOGA COLEGIADA M-34490

Brenda Ruano Bodemer (Madrid, 1993) se graduó en Psicología por la UCM. Trabaja en la consulta privada desde 2016. Desde entonces, lleva formándose en distintos ámbitos de la psicología: Máster en Sexología, educación sexual, asesoramiento y terapia sexual (UCJC, IUNIVES), Máster en Psicología General Sanitaria (Universidad de Nebrija). Título en Psicología Afirmativa en Diversidad Sexual y de Género (COP). Además de la consulta privada, ha trabajado en centros de día de adicciones y, actualmente, imparte talleres de Educación Sexual en institutos y da formación a profesores sobre Educación Sexual.

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