¿Qué es el rol de género y cómo nos influyen? 7 ejemplos

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El rosa es de niñas y el azul es de niños, los hombres no lloran, las mujeres calladitas están más guapas,… son roles de género que la sociedad y la cultura en la que vivimos nos inculcan y que según sean así actuamos. Por otro lado y por suerte, el rol de género es algo que nos estamos empezando a cuestionar y, aunque puede parecer como luchar contra un muro de hormigón, todos esos roles los estamos tirando abajo.

¿Por qué un hombre es menos hombre si llora? ¿Una mujer es menos mujer si no quiere ser madre? ¿Quién determina lo que es para chicas y lo que es para chicos? Desde los 3-4 años los más pequeños ya empiezan a comprender que el mundo se divide en dos grupos: los hombres y las mujeres y que él o ella pertenece a uno de esos grupos. Tal es la influencia que el género y el rol de género tiene sobre las personas, que los adultos ya les inculcamos y asumimos desde antes de nacer que por tener unos genitales u otros van a tener una expresión de género u otra, un rol de género u otro, una identidad de género u otra y, también, una orientación sexual u otra. En este artículo te contamos de qué hablamos cuando hablamos de rol de género y te expondremos algunos ejemplos.

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¿Qué es el rol de género?

Lo primero de lo que tenemos que hablar es del género en sí: el género es una construcción social y cultural a partir de las diferencias entre sexos: hombre y mujer. Como vemos, aun hoy día, este es un concepto que se asume como dicotómico y que nos encierra en una casilla u otra: si eres hombre o si eres mujer, y si eres hombres te comportarás como un hombre y si eres mujer te comportarás como una mujer, pero ¿qué es ser una mujer? ¿cómo es comportarse como una mujer?

La realidad es que el género no es algo dicotómico sino un constructo que se puede mover a lo largo de un continuo entre lo masculino y lo femenino. Por lo tanto, el rol de género será cómo se espera que nos comportemos en función del género al que pertenezcamos que, a su vez, dependerá del sexo que nos asignaran al nacer que, a su vez, dependerá de los genitales con los que hayamos nacido. Si vamos rebobinando, nos damos cuenta de que reducimos toda una gama de conductas posibles a los genitales.

El problema con el rol de género es precisamente ese: son demasiado encasillantes, limitantes y para nada reales. Sin embargo, sin darnos cuenta los cumplimos: a una niña al nacer le pondremos pendientes, a un niño le regalaremos coches, etc. Por supuesto, todo ello influirá en nuestra adolescencia, en la etapa adulta y hasta en la vejez. Determinará como vivamos nuestra sexualidad. A continuación, os podremos algunos ejemplos de hasta qué punto nos pueden influir.

7 ejemplos de rol de género

A continuación describimos los ejemplos de rol de género más comunes:

1. Hombres de números, mujeres de letras

Al igual se le suele atribuir el azul a los niños y el rosa a las niñas y ya lo vemos como algo absurdo, las asignaturas y las profesiones que elegimos en base a nuestro género, también. Es cierto que hay más mujeres trabajadoras que escogen profesiones que tienen que ver con los cuidados (enfermería, psicología, etc.) y las que tienen que ver con los números (ingeniería, arquitectura, etc.) son más elegidas por el sector masculino. ¿Significa esto que a las mujeres se nos den mal los números? No. ¿Desde niñas nos educan en los cuidados (nos regalan nenucos y carritos de coche por Reyes)? Puede.

2. Hombres “padrazos”, mujeres egoístas

Cuando una madre disfruta de su tiempo libre y se divierte se le suele tachar de madre egoísta. En cambio, un padre que hace eso, se librará de tal prejuicio. No sólo eso, sino que cuando vemos a un padre cuidar de su hijo le catalogamos de “padrazo” cuando lo que está desempeñando son sus funciones de padre. Cuando lo hace la madre tendemos a asumir que es lo que le toca; sin embargo, cuando lo hace él le halagamos.

3. Hombres ambiciosos, mujeres codiciosas

En cuanto al éxito, además de el techo de cristal laboral con el que nos topamos las mujeres y la brecha salarial, cuando un hombre quiera alcanzar un éxito económico lo vemos como que tiene ambiciones y lo clasificamos como algo positivo. En cambio, cuando una mujer expresa que quiere ganar dinero o escalar en su carrera profesional, se le tacha de codiciosa, como si estuviera soñando por encima de sus posibilidades o como que no tiene una vocación, lo cual está muy mal visto.

4. Hombres maduros, mujeres viejas

El edadismo es el conjunto de prejuicios y estereotipos entorno a las personas de una determinada edad. Quienes más lo sufren son las personas mayores, pero más todavía las mujeres. En cuanto al aspecto físico es un estereotipo de género decir que un hombre mayor es guapo y, en cambio, una mujer mayor está deteriorada o vieja.

5. Hombres cuidados, mujeres cuidadoras

Aunque se está desmontando la idea de que es la mujer quien se encarga de las tareas, aún sigue vigente la otra de que el hombre no es machista porque ayuda en casa. No se trata de ayudar con las tareas domésticas, sino de que haya un reparto de tareas justo y equitativo.  

6. Hombres poco emocionales, mujeres psicoterapeutas

La expresividad emocional es quizás el rol de género más marcado. Los hombres no lloran, a las mujeres, sin embargo, sí se nos permite hacerlo. Está muy representado en las películas románticas (ej.: 500 días juntos o Big Bang Theory): chico conoce a chica, a chico no le gusta expresar sus emociones, chico se enamora pero no lo reconoce, chica se encarga de abrir su corazón y saca las emociones a chico y le “cura” de su inexpresividad emocional y de sus traumas pasados.

7. Hombres deseantes, mujeres deseadas

En cuanto a la sexualidad, este es el rol de género por excelencia: dar por hecho que son los hombres quienes tienen que tomar la iniciativa en el sexo y que el rol de la mujer es ser objeto pasivo. La mujer que se muestra deseante se le tacha de indecorosa y de cosas mucho peores. Las mujeres también tenemos deseo sexual y tenemos derecho a expresarlo, por lo que este rol de género es de los más absurdos.

Conclusiones

Todos estos ejemplos, por fortuna, no son algo que se cumpla en todas las personas a raja tabla. Solo son algunos, entre cientos y cientos, que pueden estar influyendo en la mayoría de las personas. Aunque nadie está exento o exenta de estar bajo la influencia de un rol de género u otro, habrá personas que no los cumplan. Lo negativo de esto es que esa persona sufrirá algún tipo de discriminación o prejuicio por ello.

Hemos señalado los ejemplos más típicos, pero podríamos señalar muchísimos más. De hecho, el rol de género hegemónico, aun sin dejar de serlo, está cambiando. Por ejemplo, se ha instaurado la idea de que en las relaciones sexuales el hombre tiene que  satisfacer a la mujer y, si no lo consigue, su ego se verá dañado. En primer lugar, no nos damos cuenta de que vemos el sexo como rendimiento en lugar de como fuente de goce y placer. En segundo lugar, aquí va implícito que a la mujer “se le permite” el placer, pero el placer tiene que ser dado por un hombre. ¿Están cambiando los roles de género? ¿Se están demoliendo o simplemente les estamos dando la vuelta y la ejercerán sobre nosotros y nosotras las misma presión pero desde otro lado? El género va a ser algo muy difícil de deconstruir o abolir, pero si nos empezamos a hacer este tipo de preguntas, quizás en el futuro vivamos en un mundo donde no sea tan importante y no ejerza tanta influencia. Recordemos que el género no existe, existen las diferencias biológicas pero ha sido la sociedad, la cultura y las personas que viven en ellas quienes han marcado los roles y estereotipos entorno a ellas.

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Referencias bibliográficas.

Requena, A. (2020). Feminismo vibrante: si no hay placer no es nuestra revolución. Roca Editorial.

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autora del artículo

Brenda Ruano Bodemer

PSICÓLOGA SEXÓLOGA COLEGIADA M-34490

Brenda Ruano Bodemer (Madrid, 1993) se graduó en Psicología por la UCM. Trabaja en la consulta privada desde 2016. Desde entonces, lleva formándose en distintos ámbitos de la psicología: Máster en Sexología, educación sexual, asesoramiento y terapia sexual (UCJC, IUNIVES), Máster en Psicología General Sanitaria (Universidad de Nebrija). Título en Psicología Afirmativa en Diversidad Sexual y de Género (COP). Además de la consulta privada, ha trabajado en centros de día de adicciones y, actualmente, imparte talleres de Educación Sexual en institutos y da formación a profesores sobre Educación Sexual.

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