Síndrome de Estocolmo: Definición, causas y tratamiento

Síndrome de Estocolmo: Definición, causas y tratamiento

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En 1973, dos hombres armados irrumpieron en el Sveriges Kreditbanken, un banco en la capital de Suecia. Durante seis días retuvieron a cuatro personas dentro del edificio mientras la Policía permanecía fuera. Con el paso de los días estas cuatro personas comenzaron a crear un cierto vínculo con sus secuestradores, quienes al mismo tiempo que los retenían les proporcionaban comida o calma en momentos de tensión con la Policía. En el momento de su liberación, estas personas se negaron a testificar en contra de sus captores e incluso reunieron dinero para contribuir a su defensa en el juicio. Este curioso incidente es el que dio el nombre al fenómeno conocido como “Síndrome de Estocolmo”.

Después de este episodio, diferentes profesionales de la Psiquiatría, la Psicología y la Sociología comenzaron a hipotetizar acerca de la posible repetición de este patrón en otras situaciones similares; no sólo otros secuestros, sino también casos de violencia de género, abusos a menores en el entorno familiar, víctimas de trata y explotación sexual, miembros de sectas, prisioneros de guerra, víctimas del terrorismo, etc. El denominador común de todas estas situaciones parecía ser una relación de poder y violencia que se veía fácilmente perpetuada por la aparición de estos sentimientos positivos hacia los agresores. Es por esto que en este artículo nos hemos propuesto explorar con algo más de detalle en qué consiste el Síndrome de Estocolmo.

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¿Qué es el Síndrome de Estocolmo?

Aunque lleva el nombre de “síndrome”, lo que conocemos por el nombre de Síndrome de Estocolmo no constituye en sí mismo una categoría diagnóstica. Se trata de un fenómeno muy anecdótico acerca del cual sólo contamos con algunos reportes de caso único. Por eso no aparece en los manuales de clasificación diagnóstica DSM y CIE; de hecho se ha observado que, en vivencias similares al episodio del banco que le dio nombre (como otros secuestros, por ejemplo), menos de un 10% de las víctimas muestran un patrón similar. O sea, que es mucho más lo que se oye sobre ello en los medios y en la ficción que lo que se da en la realidad; forma parte de lo que suele llamarse “Psicología pop” pero no tanto de la Psicología clínica.

Ojo, esto no quiere decir que no existan cuadros similares susceptibles de interés clínico. Es cierto que, en determinadas situaciones de violencia, pueden aparecer actitudes favorables hacia el agresor o los agresores. Esto a veces se considera parte de un Trastorno por Estrés Post Traumático complejo o, como una posible reacción al estrés agudo. Al buscar la posible función de este tipo de respuestas de las víctimas (es decir, qué sentido tiene que se comporten así) se ha hipotetizado que podría tratarse de un autoengaño con el que maximizar las probabilidades de sobrevivir a la violencia; ante una situación de riesgo, a veces nos puede resultar más “adaptativo” justificar la situación y así tratar de ajustarnos a ella en lugar de exponernos al peligro que podría suponer buscar una salida (teniendo en cuenta, por supuesto, que esto no es algo voluntario en ningún caso).

Síntomas del Síndrome de Estocolmo

 Se han identificado tres aspectos generales que forman parte del Síndrome de Estocolmo: el primero y el más llamativo es la aparición de emociones “positivas” en las víctimas hacia sus agresores (simpatía, agradecimiento, admiración, etc.); en segundo lugar se ven también unas reacciones emocionales positivas en los agresores hacia sus víctimas de manera recíproca; y, junto a todo esto, suelen aparecer ciertos sentimientos de rechazo tanto de los agresores como de las propias víctimas hacia las figuras de autoridad (o, generalmente, en contra de cualquier persona fuera de la relación que trate de terminar con la situación de abuso).

En estos casos, las víctimas tienden a justificar o minimizar las acciones de sus agresores; es posible que racionalicen de los abusos por medio de cogniciones distorsionadas como la autoinculpación, o interpretando las agresiones y las acciones intimidatorias como actos de amor y cuidado. También puede aparecer la creencia de que sólo pueden sobrevivir gracias al amor y la compasión de sus agresores; esto hace que los idealicen hasta el punto de no ver sentido a su vida sin ellos, ya que cualquier mínima muestra de compasión por su parte puede generar una gran gratitud. Como ya hemos mencionado, esto facilita que se perpetúe el abuso continuado, aumentando la probabilidad de sufrir daños psicológicos como la depresión, trastornos de ansiedad, problemas de autoestima y Trastorno de Estrés Postraumático.

Causas

El término “Síndrome de Estocolmo” se ha usado principalmente para hablar de secuestros (ya que el propio concepto tiene su origen en un episodio de este tipo), pero actualmente se valora más la aparición de patrones similares en otras situaciones, como la Violencia de Género. Este tipo de violencia reúne los cuatro factores que se han postulado como predisponentes para el Síndrome de Estocolmo: que la víctima se vea en situación de riesgo, que perciba una cierta bondad en su agresor, que se encuentre aislada y que no se sienta en la posibilidad de salir de la relación (ya sea por coerción o por indefensión aprendida).

Ya sea en situaciones de violencia de género o en otros contextos, los desequilibrios de poder suelen ser una de las claves presentes; esto se une al paso del tiempo, ya que existe la posibilidad de que la duración de la relación y el grado de contacto personal víctima-perpetrador son también facilitadores de este tipo de patrones. También conviene considerar la variable de género, ya que las mujeres pueden ser más vulnerables por el hecho de que se les refuerzan más la deseabilidad social y el sentimiento de responsabilidad en las relaciones; es decir, en sus vidas se otorga un papel más central a los vínculos personales. El trato ambivalente del agresor también es un factor importante, puesto que crea mucha privación de interacciones positivas; así, cualquier mínimo trato amable por su parte se convierte en algo tremendamente valioso.

Tratamiento del Síndrome de Estocolmo

A pesar de su nombre, el Síndrome de Estocolmo no se considera un trastorno diagnosticable. Esto ocurre con muchos otros patrones a los que se les ponen nombres, como el “Síndrome de Peter Pan”, el “Síndrome del Impostor” o el controvertido “Síndrome de Alienación Parental”: no constituyen categorías diagnósticas, ya que no se trata de cuadros con la suficiente evidencia como para considerarlos patologías; en lugar de esto, son patrones más bien anecdóticos o simplemente no pueden considerarse una afección en sí misma. Es por esto que no los encontraríamos en un manual de diagnóstico o en un informe clínico.

Sin embargo, pese a que no exista un diagnóstico sí es posible en ocasiones encontrar patrones similares al Síndrome de Estocolmo que pueden trabajarse en terapia. Es muy poco habitual que una víctima que está bajo manipulación busque ayuda (salvo que sea por otro motivo, en cuyo caso se puede empezar a intervenir indirectamente), pero en los casos en los que sí se logra que acuda a terapia lo más frecuente es la intervención de enfoque cognitivo conductual: generalmente se busca la reducción de las distorsiones del pensamiento por medio de la reestructuración cognitiva, la disminución del aislamiento mediante el aumento de los apoyos sociales, la búsqueda de reforzadores alternativos fuera de la relación abusiva, la mejora de la autoestima y la asertividad.

Cómo puedes recibir apoyo

Estas situaciones son muy complejas y difíciles no sólo para la propia víctima que las vive, sino también para todas las personas de su entorno cercano que tratan de ayudarle a salir sin conseguirlo. Tanto si estás pasando por una situación complicada o has vivido una experiencia traumática, o si consideras que alguna persona de tu entorno cercano pudiera estar atravesando algo similar, el apoyo psicológico puede servirte de ayuda. En Avance Psicólogos puedes encontrar tanto atención psiquiátrica como psicológica por parte de un amplio equipo de profesionales especialistas.

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Referencias bibliográficas

 Ahmad, A. et al. (2018). Intimate partner violence and psychological distress: Mediating role of Stockholm Syndrome. Pakistan Journal of Psychological Research, 33(2), 541-557.

Bello Rinaudo, N., Matook, S. y Dennis, A. R. (2022). Social media’s Stockholm Syndrome: A literature review of users’ love and hate. ACIS 2022 Proceedings, 66.

Chongtham, S. (2021). Stockholm Syndrome. International Journal of Multidisciplinary Educational Research, 6(10), 128-130.

Namnyak, M. et al. (2007). “Stockholm Syndrome”: psychiatric diagnosis or urban myth? Acta Psychiatrica Scandinavica, 117(1), 4-11.

Rizo-Martínez, L. E. (2018). El Síndrome de Estocolmo: Una revisión sistemática. Clínica y Salud, 29(2), 81-88.

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autor/a del artículo

Andrea Martínez Fernández

PSICÓLOGA - SEXÓLOGA COLEGIADA M-28412

Andrea Martínez es licenciada en Psicología por la Universidad de Deusto. Posee un Máster en Psicología Clínica Basada en la Evidencia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Salud Sexual y Psicología Clínica por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Especialista en Terapias Contextuales (ACT, FAP y técnicas Mindfulness) por el Madrid Institute of Contextual Psychology. También se ha formado en Psicología Afirmativa en Diversidad Sexual y de Género por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Desde 2019 forma parte del equipo colaborador de Avance Psicólogos ofreciendo terapia psicológica, sexológica y de pareja con perspectiva de género. Además, ejerce como divulgadora y formadora en varias plataformas relacionadas con la Educación Sexual.

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