¿Qué hacer para solucionar los problemas de envidia?
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Envidia: Conoce sus Señales, Explora su Significado y Aprende a Esquivar sus Trampas

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La envidia es uno de los fenómenos psicológicos que más problemas y conflictos generan en la vida social de las personas. El simple hecho de vivir en propia carne este sentimiento puede hacer que orientemos nuestras prioridades a superar a alguien a quien consideramos por encima de nosotros en algún aspecto, independientemente de si centrar nuestros esfuerzos es razonable o no. Para ayudar a quienes estén pasando por esta experiencia (o a quienes conozcan a alguien propenso a caer en ella), en este artículo veremos varias pautas y consejos sobre qué hacer para solucionar los problemas de envidia. Un anticipo: la clave está en introducir cambios en los hábitos y en la manera de interpretar el mundo.

¿Qué es sentir envidia?

Una definición rápida y resumida de la palabra “envidia” es la siguiente: sentimiento de malestar, frustración y tristeza vinculado al deseo de poseer algo que otro sujeto tiene, ya sea algo material o no.

Así, se puede sentir envidia ante los bienes materiales de alguien (un coche de lujo) o ante otros elementos en propiedad de otro y que son más abstractos o psicológicos: por ejemplo, una mayor capacidad de convencer a los demás, una mejor imagen pública, etc. Sin embargo, ambas fuentes de envidia suelen estar relacionadas (muchas veces, tener un coche de lujo causa admiración entre los otros, lo cual puede aportarle atractivo a su poseedor).

Por otro lado, sentir envidia no es lo mismo que tener celos. En el segundo caso, se siente temor o ansiedad ante la posibilidad de perder algo con lo que ya se cuenta, sea parcial o totalmente.

¿Qué signos hay de que tengo envidia?

Para que se dé la envidia se tienen que dar tres cosas simultáneamente:

  • En primer lugar, alguien ajeno a ti posee un objeto, una característica o un logro.
  • En segundo lugar, que tú desees ese objeto, característica o logro.
  • Por último, sentir malestar o dolor al compararte entre ese alguien y tú.

Piensa en la cantidad de veces que has sentido envidia. ¿Se han cumplido estas tres condiciones?

Mal manejada, puede provocar que sintamos resentimiento hacia nuestros vínculos, esto, a su vez, puede hacer que actuemos poniéndonos a la defensiva, usando la ironía, la burla o la agresividad. Si te notas de esta manera puede ser que estés sintiendo envida. Además, nos justificaremos en que la otra persona lo merece con tal de no admitir que estamos sintiendo envidia. Ya señalamos que es una de las emociones más difícil de admitir, debido a que no está bien vista y nos deja muy mal. Sin embargo, es lo que sentimos.

Es interesante señalar que para mucha gente la envidia es una emoción que tienden a confundir con los celos. Especialmente, cuando estamos con una pareja y se da el caso de que nuestra pareja está empezando a conseguir cosas, conocer gente o tener nuevas experiencias. Los celos son el miedo a perder a alguien a quien queremos, sin embargo, la envidia consiste en anhelar algo que la otra persona tiene.

¿Cuáles son las causas de la envidia?

Todas las personas hemos sentido envidia alguna vez, aunque no nos guste admitirlo. “¿Por qué no yo?”, “Yo también lo quiero”, “Debería haber sido para mí el reconocimiento” son pensamientos que nos vienen cuando sentimos envidia o que pueden generarla.

Aunque no son definitorias existen algunas causas de por qué hay personas que sienten más envidia que otras. Te las enumeramos a continuación:

1. La baja autoestima

Si tenemos un autoconcepto negativo y aspectos de ti que no te gustan, tenderás a compararte y, como decíamos, lo más probable es que no ganes en esa comparación. Al ver a personas que tienen o hacen cosas que a te gustarían, surge la envidia.

2. Sentirse rechazado/a

Si crees que los demás te rechazan porque no cumples sus expectativas, aquí también aflorará la envidia. No solo no cumples expectativas sino que hay otra gente que sí.

3. Locus de control externo

Cuando atribuimos los éxitos de los demás factores externos como la suerte y no a internos, como el esfuerzo, sentiremos envidia, porque el mensaje que interpretamos es que la persona no es merecedora de ello. Por lo tanto, caeremos de nuevo en la frustración.

4. Exceso de autocrítica

Eres demasiado exigente contigo, te pones metas muy altas y la obligación de conseguirlas en poco tiempo. Al no alcanzarlas, tu autoexigencia te machaca, de criticas a ti mismo o misma, pero casi siempre la autocrítica contine comparaciones con personas que si han logrado esas metas, dando de lado todo el contexto y circunstancias que rodearon a esas personas.

5. Prejuicios

Puede también que tengas demasiados prejuicios sobre los demás o esquemas muy rígidos en tu mente acerca de como deberían ser o cómo deberían hacerse las cosas. Hay estudios que señalan que la envidia hace que se generen prejuicios. Lo que a su vez vuelve a generar envidia. Revisa los prejuicios que puedas tener y rompe con ellos.

6. Miedos y limitaciones.

Eres consciente de que tú tienes tus propios miedos o que cuentas con determinadas limitaciones propias que no tiene otra gente. En lugar de enfocar tu atención en superar esos miedos o intentas cambiar tu situación para conseguir tus objetivos te quedas anclado o anclada en la envidia.

¿Qué hacer para no tener envidia?

Ahora que ya sabemos qué es la envidia, veamos cómo afrontar los problemas que genera tanto en quien la sufre en primera persona como en la gente que la rodea.

Para ello, hay que tener claro que no existen recetas mágicas que solucionen la cuestión en pocos minutos, sino que hay que ir realizando progresos a lo largo de varias semanas, y esto requiere implicación, compromiso y esfuerzo.

En todos estos casos asumiremos que quien tiene problemas para gestionar la envidia eres tú, aunque también puedes basarte en estos consejos para ayudar a alguien de tu entorno cercano (amigos o familiares) en el caso de que sea esa persona quien se siente mal por las cualidades, relaciones sociales o posesiones de otros.

1. Evita la etiqueta “envidioso” o “envidiosa”

Utilizar estos términos para referirte a ti o a las personas que sienten envidia resulta contraproducente, ya que contribuye a alimentar la idea de que la envidia forma parte de la esencia de uno mismo o de los demás. No hay que olvidar que la envidia es un sentimiento producido por un patrón de comportamiento, una manera de relacionarse con el entorno y con los demás. Y este patrón de comportamiento, del mismo modo que puede ser aprendido, puede ser desaprendido.

2. Despréndete de la mentalidad ultra-competitiva

La envidia pasa por una manera de pensar vinculada a la competitividad, la idea de que la vida es una competición y de que nuestra felicidad depende de superar a los demás en algo.

Esta mentalidad nos lleva a estar comparándonos con los demás y a valorar más el hecho de quedar por encima de alguien en algo que el verdadero significado de ser bueno en algo o de tener acceso a un bien independientemente de lo que hagan los demás.

Y eso es capaz de introducirnos en una dinámica de pensamiento que nos esclaviza, porque el esfuerzo que hemos invertido en superar a alguien en algo nos lleva a sentirnos mal ante otras personas a las que vemos varios pasos por delante de nosotros. Dicho en otras palabras, siempre nos sentiremos frustrados porque nuestros progresos solo serán significativos al valorarlos a la luz de la gente a la que superamos, y parecerán en vano al compararnos con quienes aún tienen más y mejor que nosotros.

Para dejar de lado esta obsesión por la competitividad, repasa mentalmente cuáles son aquellos pensamientos vinculados a la envidia que te hacen sentir mal y reconoce una manera alternativa de interpretar lo que está pasando, una que no se fundamente en la comparación.

Por ejemplo, si sientes envidia por la casa de un vecino, párate a pensar en por qué te sientes de esa manera, como si el valor de las personas se basara en ese criterio. Luego, piensa si realmente te haría feliz tener una casa así, o si solo te lo parece porque vinculas tu autoestima a una posesión material muy concreta y elegida de manera arbitraria.

3. Transforma la envidia en motivación productiva

Este consejo para gestionar los problemas de envidia se deriva del anterior.

Si la envidia puede llegar a ser un problema significativo que tiene un impacto negativo en la calidad de vida de las personas, es en parte porque no tiene por qué transformarse en una actitud constructiva y de auto-superación.

Muchas veces nos limitamos a sentir envidia, sin pasar del deseo a poseer algo a la acción para conseguirlo, y esto genera aún más frustración, reforzando la existencia de la envidia como algo dañino.

Por eso, hay que intentar utilizar la inercia emocional de la envidia y transformarle en motivación para ponerse manos a la obra y aplicar constancia y esfuerzo a un proyecto. Detecta aquello que realmente te motiva y divídelo en objetivos y sub-objetivos concretos, para que te sea fácil realizar un seguimiento de tus progresos.

Eso sí, antes de hacerlo debemos haber realizado el paso anterior, el dejar de lado la obsesión por la competitividad, porque dedicar buena parte del día a organizar tu vida dependiendo de lo que tienen los demás tampoco es sano.

4. Adopta una perspectiva crítica sobre los sistemas de valoración social

Aunque llegados a este punto tengas claro que tener determinado coche de gama alta no dice nada sobre el valor de las personas, posiblemente notes que en tu entorno social mucha gente actúa como si eso realmente fuese un criterio para determinar quién vale la pena y quién no. Ante esto, no hay que olvidar que el hecho de que mucha gente se adscriba a una idea o a una manera de pensar no significa que ese sistema de creencias sea verdadero o útil.

Así pues, si a tu alrededor hay una jerarquía social organizada a partir de criterios de posesión de bienes o cualidades específicas, es bueno que te acostumbres a pararte a pensar y a analizar críticamente por qué para algunas personas lo más importante es tener una segunda residencia, ropa cara o relaciones sociales con rasgos físicos que se corresponden a los cánones de belleza, por ejemplo.

Si lo haces, no tardarás en darte cuenta de que estas jerarquías basadas en la posesión de unas pocas características resultan muy arbitrarias y la gente las justifica sin pararse a pensar.

5. Si no hay progresos, acude al psicólogo

No hay ninguna ley natural que diga que quien intente hacer frente a los problemas de envidia vaya a conseguirlo sin ayuda; muchas veces, el contexto en el que se vive dificulta mucho esta tarea. Por eso, en algunos casos es necesario buscar ayuda profesional, acudir al psicólogo.

En psicoterapia, los psicólogos pueden ayudarte a dejar de lado las creencias irracionales y las maneras de pensar que te llevan a sentirte mal por la envidia, y a adoptar costumbres y hábitos de vida que te mantengan lejos de esta clase de frustraciones.

¿Qué consecuencias puede tener la envidia?

Convivir con la envidia puede conllevar un desgaste emocional bastante grave. Puede llevarte incluso a problemas de salud mental. Muchos estudios correlacionan la envidia con la ansiedad y la depresión.

El problema principal surge cuando la envidia te paraliza, te quedas anhelando lo que no tienes o lo que no puedes tener y te quedas sin luchar por obtenerlas o viviendo en la resignación (en caso de que sea algo que nunca vayas a tener, tendrás que trabajar la aceptación). Así, te conviertes en una persona poco activa, y en ocasiones, refunfuñona.

Además, la envidia también puede producir resentimiento, en especial, con los vínculos que son importantes para ti. Sobre todo, si no reconoces que ese malestar o “manía” que sientes hacia alguien puede ser envidia. Tratarás de ignorarla, pero seguirá estando ahí y eso podrá llevarte a actuar de forma borde o agresiva con la persona que quieres.

Otro efecto que puede tener la envidia es deteriorar tus relaciones sociales. Las personas envidiosas tienden a quejarse mucho. Esto acaba agotando y causando rechazo a los que tienes a tu alrededor.

Por todo ello, muchos estudios señalan que las personas que sienten envidia con frecuencia tienden a estar menos satisfechas con su vida. En parte, también es porque acompañados de la envidia surgen otros sentimientos como la culpa, el estrés, la angustia, etc.

Conclusiones…

Con todo, la envidia es una emoción más. Es cierto que es una emoción que está socialmente mal vista y que nadie nos la valida. En consecuencia, es más complicado reconocerla, etiquetarla como tal y aceptarla. Como toda emoción, la envidia tiene su mensaje: quizás alguien tiene algo que tu y que anhelas. Sin embargo, no siempre ese mensaje es útil y tenemos que aprender a manejarlo.

Si sientes envidia frecuentemente vivirás mucho en la frustración. Esto, además de restarte bienestar psicológico, te limita en tu crecimiento personal. Puedes sentir envidia, no pasa nada, pero no dejes que te paralice: transfórmala utilizando su energía para poner en marcha y ver qué quieres tú en tu vida.

Si ves que, con todo, no sabes cómo manejarla lo más recomendable es que pidas ayuda psicológica. Te ayudará a aprender a identificarla y a gestionarla. Además, puedes aprender de ella y reconocer qué es lo que te hace sentir insatisfacción con tu vida.

¿Estás buscando ayuda?

¿Te suele decir la gente que eres una persona envidiosa? ¿Crees que la sientes muy a menudo y quieres aprender a gestionarla? En Avance Psicólogos contamos con un amplio equipo de psicólogos colaboradores con mucha experiencia en gestión emocional y el trabajo con valores para que aprendas a gestionar la envidia y a ver cómo conseguir tu objetivos. Te podemos atender tanto de manera online o de forma presencial en Madrid.

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Referencias bibliográficas:

Parrott, W. G. y Smith, R. H. (1993). Distinguishing the experiences of envy and jealousy. Journal of Personality and Social Psychology, 64, pp. 906 – 920.
Smith, R.H. (2008). Envy: Theory and research. New York, NY: Oxford University Press.
Van de Ven, N.; Hoogland, C.E.; Smith, R.H.; van Dijk, W.W.; Breugelmans, S.M.; Zeelenberg, M. (2015). When envy leads to schadenfreude. Cogn.Emot., 29 (6), pp. 1007 – 1025
West, M. (2010). Envy and difference. The Society of Analytical Psychology.

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autor/a del artículo

Brenda Ruano Bodemer

PSICÓLOGA SEXÓLOGA COLEGIADA M-34490

Brenda Ruano Bodemer (Madrid, 1993) se graduó en Psicología por la UCM. Trabaja en la consulta privada desde 2016. Desde entonces, lleva formándose en distintos ámbitos de la psicología: Máster en Sexología, educación sexual, asesoramiento y terapia sexual (UCJC, IUNIVES), Máster en Psicología General Sanitaria (Universidad de Nebrija). Título en Psicología Afirmativa en Diversidad Sexual y de Género (COP). Además de la consulta privada, ha trabajado en centros de día de adicciones y, actualmente, imparte talleres de Educación Sexual en institutos y da formación a profesores sobre Educación Sexual.

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