Las 10 virtudes en una persona más valoradas, con ejemplos

Las 10 virtudes en una persona más valoradas
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Hay muchísimas cualidades humanas que podríamos enumerar, pero en función del contexto social, cultural, etc. se valoran más determinadas virtudes en una persona. Generalmente hablamos de características prosociales, es decir, aquellas que contribuyen al bienestar de otras personas.

Sin embargo, se ha visto que en culturas occidentales se valoran también determinadas características algo más individualistas porque se asocian frecuentemente a un mayor éxito académico o profesional, por ejemplo.

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10 virtudes en una persona socialmente apreciadas

En este artículo nos hemos propuesto recoger diez de las virtudes en una persona que habitualmente más se valoran, de acuerdo con varias investigaciones. Eso sí, esta lista está basada en lo que actualmente en las sociedades europeas y norteamericanas se valora más; es decir, que estos valores pueden cambiar según el tiempo y el lugar.

¿Estás de acuerdo con que sean las mejor consideradas? ¿Con cuáles de ellas te identificas?

1. Honestidad

Es muy habitual que, cuando se le pregunta a alguien qué valora en otra persona, mencione la sinceridad. Esto incluiría la actitud comunicativa y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. No obstante, no debemos confundir la honestidad con el “hablar sin filtros”, ya que si hacemos esto podríamos caer en un estilo de comunicación más agresivo que asertivo.

Por ejemplo, podríamos encontrarnos en la incómoda situación en la que una persona nos pregunta si nos gusta un regalo que nos han hecho. En caso de que no, un grado de honestidad deseable quizás no sería tanto un “No, no me gusta” a secas, que puede ser percibido como agresivo, sino un “Me gusta que hayas tenido el detalle, pero no sé si va conmigo. ¿Y si buscamos otra cosa?”.

2. Ética

Otra de las virtudes en una persona más valoradas es el sentido de la ética, es decir, un buen grado de escrupulosidad en las propias acciones. Esto implica no sólo tener un conjunto de valores morales sólidos, sino también actuar de forma coherente con estos principios.

Por ejemplo, si una persona dice tener una gran conciencia social, se vería como incongruente que tenga comportamientos discriminatorios hacia personas desfavorecidas. La ética tiene un componente muy subjetivo ya que los valores varían cultural e ideológicamente entre individuos, pero aun así esta virtud se toma en consideración según lo que de manera casi universal se entiende por “hacer el bien”.

3. Simpatía

Al igual que sucede con la honestidad, la simpatía es una de las cualidades que más rápidamente se mencionan cuando preguntamos a la gente qué es lo que buscan en potenciales parejas, amistades, colegas de trabajo, etc. Por simpatía entenderíamos el ser una persona afable, es decir, de trato cordial y agradable.

Algunas veces se puede mostrar simpatía de manera muy sencilla, yendo un paso más allá de las normas básicas de cortesía y mostrando un mayor interés en la persona: no es lo mismo limitarse a saludar con un “Buenos días” que con un “Hola, ¿Cómo estás? ¿Has pasado bien el fin de semana?”.

4. Cercanía

Otra de las virtudes en una persona que más se suelen valorar es la disponibilidad (no entendida estrictamente como disponibilidad de tiempo, sino a nivel afectivo). Ser una persona fácil de abordar requiere ofrecer confianza a las personas para que sientan que pueden acercarse a compartir vivencias o comentar cuestiones que generan cierto grado de incomodidad o de vulnerabilidad.

Esto se ve mucho en las relaciones familiares, por ejemplo. Es habitual que haya miembros de una familia con quienes sintamos mayor cercanía ya que se muestran disponibles para hablar y no emiten juicios de valor o tienen reacciones de alarma cuando se tocan ciertos temas, sino que muestran una actitud comprensiva.

5. Resiliencia

La palabra “resiliencia” está de moda, pero muchas veces se utiliza sin saber bien qué significa. Por resiliencia se entiende la capacidad para recuperarse de acontecimientos adversos. Hay que tener cuidado con no confundir la resiliencia con promover que las personas se responsabilicen de todos los eventos positivos o negativos que les ocurren, ya que sólo podemos hacernos cargo de aquello que controlamos.

Uno de los ámbitos donde se ha estudiado la resiliencia es el divorcio: por ejemplo, cuando un o una menor crece en un ambiente con buen apoyo social y famliar es más probable que ante la separación de sus progenitores muestre una buena adaptación a la nueva situación.

6. Optimismo

Ser una persona con una visión positiva del mundo y del futuro es también es una de las consideradas como mejores virtudes en una persona. Si bien es cierto que mantener una perspectiva de esperanza y ánimo ante la vida es un rasgo muy valorado socialmente, ha de mantenerse dentro de unos márgenes para ser realista.

Ejemplos muy claros de esta característica pueden encontrarse en el ámbito académico. En estudiantes, el pesimismo (predecir que una entrega o un examen saldrá mal) podría llevar más fácilmente a “tirar la toalla” o a centrarse más en las anticipaciones negativas que en la tarea en sí. En cambio, un enfoque más alentador (de nuevo, dentro de unas expectativas realistas) puede favorecer la ejecución.

7. Extraversión

En nuestra sociedad actual se valora mucho ser una persona sociable y abierta. Las personas extravertidas suelen hablar y buscar mucho la interacción social. Este rasgo se valora mucho en determinados puestos de trabajo, especialmente aquellos que requieren estar de cara al público o trabajar en equipo.

El hecho de que la extraversión esté bien valorada no quiere decir que sea mejor que la introversión, ya que ambos extremos del espectro tienen sus ventajas y sus desventajas. Pero, como decíamos, muchos de los círculos sociales y profesionales en los que nos movemos premian que nos mostremos sociables: que construyamos redes, que ofrezcamos temas de conversación, etc.

8. Estabilidad

Por estabilidad, en este caso, nos referimos a la capacidad de autorregulación de las propias emociones; es decir, la estabilidad emocional. Suena lógico que socialmente prefiramos a las personas cuyas reacciones emocionales son moderadas y predecibles. No obstante, no está de más recordar que debemos separar la emoción de su expresión; es decir, no podemos elegir las emociones que experimentamos ni su intensidad, pero sí cómo las expresamos (que es lo que puede condicionar que nos mostremos más o menos estables).

La estabilidad emocional se demuestra momento a momento en la vida cotidiana, pero un ejemplo muy claro donde puede resaltar más es cuando nos dicen algo que no nos gusta; aunque en ese momento haya un comentario que pueda ofendernos o afectarnos emocionalmente, si modulamos nuestra reacción podremos entrenar esta regulación.

9. Amabilidad

Este rasgo va muy de la mano con la simpatía, con el hecho de ser agradable, pero con la variante de estar más orientado a la conducta prosocial. O sea, que también guarda una cierta relación con otra de las cualidades a las que ya hemos hecho mención en un punto anterior del artículo: el sentido de la ética.

Ser amable implica tener en cuenta las necesidades de otras personas para tratarlas con consideración y ayudar cuando es posible. A veces basta con preguntar a las personas que tenemos alrededor si necesitan algo, o fijarnos si pueden estar en alguna situación en la que requieran apoyo para ofrecérselo.

10. Apertura

Al igual que sucede con la extraversión, este también se incluye entre los “cinco grandes rasgos de personalidad”. En este caso hablamos de la apertura a la experiencia, es decir, la disposición a probar cosas nuevas o actividades estimulantes en general.

El hecho de que esta característica se perciba como deseable puede tener que ver con algo parecido a lo que ocurre con las personas extravertidas: se las percibe como más animadas y divertidas, activas y con iniciativa. Por ejemplo, en los grupos de amistades es común que los miembros más valorados sean aquellos que suelen proponer muchos planes y movilizan al resto de la gente para hacer actividades novedosas.

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¿Las virtudes nacen o se hacen?

Cuando se estudian estas virtudes en una persona se suele hacer por medios de cuestionarios que evalúan la personalidad. Habitualmente entendemos la personalidad como un patrón relativamente rígido, una “manera de ser” casi inamovible.

No obstante, eso no quiere decir que estas cualidades “se tienen o no se tienen”. No todas las personas son extravertidas o abiertas a nuevas experiencias, pero si se desea también se puede trabajar. Además, hay otras cualidades que no están en esta lista y que también pueden ser muy ventajosas. Al fin y al cabo, lo que está socialmente bien visto en una época o una sociedad determinada puede que no sea lo mismo que en otros contextos. En este sentido, la diversidad puede ser muy enriquecedora.

Trabajar las virtudes en consulta

Como ya hemos dicho, algunas personas tienen mayor facilidad “de base” que otras a la hora de mostrar estas características pero todo tiene un margen de aprendizaje. El trabajo en consulta puede ayudar a fomentar estas y otras virtudes en una persona.

En el equipo de Avance Psicólogos puedes encontrar profesionales con una amplia formación y experiencia que pueden orientarte para trabajar en tus objetivos. Puedes contar con nuestros servicios tanto en modalidad online como de manera presencial en nuestras consultas de Madrid.

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Referencias bibliográficas:

Apostolou, M. y Vetsa, P. (2022). Friendship preferences: Examining desirable and undesirable traits in a friend. Evolutionary Psychological Science, 3(10),

Buyukgoze-Kavas, A. (2016). Predicting career adaptability from positive psychological traits. The Career Development Quarterly, 64(2), 114-125.

Hudson, N. W., & Fraley, R. C. (2015). Volitional personality trait change: Can people choose to change their personality traits? Journal of Personality and Social Psychology, 109(3), 490–507.

Luthans, F. y Youssef-Morgan, C. (2017). Psychological capital: An evidence-based positive approach. Annual Review of Organizational Psychology and Organizational Behavior, 4, 339-366.

McCord, M., Joseph, D. y Grijalva, E. (2014). Blinded by the light: The dark side of traditionally desirable personality traits. Industrial and Organizational Psychology, 7(1).

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Andrea Martínez
Andrea Martínez
Andrea Martínez es licenciada en Psicología por la Universidad de Deusto. Posee un Máster en Psicología Clínica Basada en la Evidencia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Salud Sexual y Psicología Clínica por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Especialista en Terapias Contextuales (ACT, FAP y técnicas Mindfulness) por el Madrid Institute of Contextual Psychology. También se ha formado en Psicología Afirmativa en Diversidad Sexual y de Género por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Desde 2019 forma parte del equipo de Avance Psicólogos ofreciendo terapia psicológica, sexológica y de pareja con perspectiva de género. Además, ejerce como divulgadora y formadora en varias plataformas relacionadas con la Educación Sexual.
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