Pensamiento estratégico: Las 5 claves para desarrollarlo y aplicarlo

Artículo escrito y revisado por Laura Palomares Pérez
Pensamiento estratégico: 5 claves para desarrollarlo y aplicarlo

Dentro de todas las capacidades cognitivas que podemos utilizar para conseguir nuestros objetivos y adaptarnos mejor a la vida, el pensamiento estratégico es una de las más importantes tanto en el trabajo como fuera de él. A lo largo de este artículo veremos qué es y qué podemos hacer para potenciarlo.

¿Qué es el pensamiento estratégico?

Cuando decimos que el ser humano es un animal racional, ¿a qué nos referimos? Está claro que dentro del concepto de la nacionalidad se engloban muchos tipos de comportamiento, pero los más significativos, los que más nos distinguen del resto de seres vivos, tienen que ver con el pensamiento a largo plazo.

Por ejemplo, incluso los primates más inteligentes que pueden resolver rompecabezas buscando soluciones primero en su imaginación y luego aplicándolas al mundo real (por ejemplo, acceder a un cacahuete llenando con agua el tubo en el que está) difícilmente hallarán soluciones complejas basadas en muchas acciones realizadas secuencialmente; en cambio, los seres humanos somos capaces de realizar proyectos de varios meses de duración.

Esto nos da la clave acerca de qué es el pensamiento estratégico: consiste en la capacidad de realizar esfuerzos conscientes para buscar soluciones a problemas a través de la puesta en práctica de la razón en planes a largo plazo, y la búsqueda de variables que ayudan a llegar a metas mediante cadenas de acciones.

Características del pensamiento estratégico

El pensamiento estratégico tiene las siguientes características:

  • Está dirigido hacia la consecución de metas concretas y que no varían sin motivo.
  • La meta final a la que llegar no puede ser alcanzada de manera inmediata, con una o muy pocas acciones.
  • Establece objetivos y sub-objetivos de manera secuencial y a veces también en paralelo.
  • Implica realizar predicciones acerca de lo que ocurrirá cuando realicemos cada acción.
  • La realización de estas tareas implica una monitorización para comparar lo que ocurre con lo que habíamos previsto y planeado.
  • Se busca la eficiencia y la optimización de recursos: si es posible ahorrarse una acción, no se realiza.

Como hemos visto, el pensamiento estratégico puede englobar muchos patrones de comportamiento diferentes, y a la práctica, muchas veces lo estamos utilizando incluso si no le habíamos puesto ese nombre.

Sin embargo, uno de los ámbitos de la vida en los que se le da más importancia es el contexto profesional y empresarial, pues en él es muy frecuente plantearse metas ambiciosas a largo plazo, y por ello se diseñan estrategias complejas que implican ordenar y sistematizar comportamientos durante semanas, meses o años. Es por ello que el estudio del pensamiento estratégico es muy valorado en las investigaciones asociadas a la Psicología de las Organizaciones y la gestión del trabajo, así como en todo lo relacionado con el liderazgo, pues los líderes deben tener una visión global acerca de todo lo que hacen los equipos.

¿Cómo desarrollar el pensamiento estratégico?

Al igual que ocurre con muchas habilidades basadas en la búsqueda de soluciones, la capacidad de pensamiento estratégico puede ser pulido y entrenado a través de diferentes hábitos que ayudan a desarrollarlo. Aquí veremos varios de los más importantes y fáciles de aplicar al día a día.

1. Revisar los patrones de comportamiento “por defecto”

Muchas veces, los problemas vienen por no cuestionarnos aquello que nos hemos acostumbrado a hacer y que, por ello, puede pasar desapercibido a pesar de estar siempre ante nosotros. Por ejemplo, a veces las dificultades para obtener los resultados deseados no se producen por cambios fuera de una empresa o de un equipo, sino como consecuencia de la acumulación de fallos producidos por un workflow disfuncional y caótico que sigue existiendo tan solo porque nadie lo ha revisado.

2. Acostumbrarse a dividir los objetivos

Es mucho más fácil desarrollar y aplicar el pensamiento estratégico cuando las metas a las que hay que llegar no son abstractas, sino que han sido operacionalizadas y “concretadas” en objetivos muy específicos. De este modo resultará más fácil saber qué hacer en cada momento, y además dispondrá de referencias claras para saber si el ritmo de trabajo es el adecuado en cada fase de la estrategia a implementar.

3. Poner énfasis en la predicción y no en el ensayo-error

Predecir nos ayuda a adelantarnos a los acontecimientos, a ahorrar recursos, y a comprender qué es lo que funciona y qué es lo que no. Por eso, allí donde se pueda es importante darle prioridad ante los métodos basados en el puro ensayo-error. Ten en cuenta que incluso si tu predicción falla, contarás con información valiosa acerca de qué es lo que ha podido fallar, mientras que si simplemente estabas trabajando a través de experimentaciones improvisadas, posiblemente tengas más problemas para entender lo que ha ocurrido. Tener una visión global de los hechos te permitirá orientarte mejor ante las posibles ramificaciones de lo que puedes hacer para llegar a tu meta.

4. Encontrar puntos claves de trabajo en paralelo

El pensamiento estratégico también consiste en hacer un uso eficiente del tiempo. Por eso, al planificar las cadenas de acciones a realizar para llegara tu objetivo, no te olvides que en muchos casos podrás realizar varios procesos en paralelo, de modo que ahorres tiempo. Si en un plan de muchas horas, semanas o meses estarás realizando siempre una acción tras otra siguiendo una sola secuencia de eventos, posiblemente algo falle.

5. Encontrar elementos de cambio cualitativo en una estrategia

Muchas veces, cambiar un solo elemento en un plan de acción permite dar un gran paso hacia adelante: no todas las mejoras son de carácter cuantitativo. Por eso, debes recordar que cada cierto tiempo es bueno ponerse en búsqueda de estos factores decisivos. Y por cierto, recuerda que el factor humano también es importante: tener en cuenta los sentimientos y las dinámicas de motivación vinculadas a un proyecto no solo es completamente racional, sino que es indispensable para desarrollar pensamiento estratégico.

Detectar los sesgos que distorsionan la toma de decisiones

Una parte crucial del pensamiento estratégico es identificar los sesgos cognitivos que nos empujan a decidir con impulsividad o sin suficiente perspectiva. Desde la tendencia a confirmar nuestras creencias hasta el miedo al cambio, muchos de estos errores son invisibles si no se revisan con conciencia.

Aplicar estrategias como pensar desde distintos puntos de vista o consultar con otras personas ajenas al problema puede ayudarnos a ganar claridad. Cuanto más libres estemos de distorsiones internas, más sólida será nuestra planificación.

Cultivar el hábito de evaluar escenarios posibles

El pensamiento estratégico también implica imaginar distintos futuros plausibles y prepararse para cada uno. No se trata de predecir con certeza, sino de anticiparse a lo inesperado y mantener cierta flexibilidad mental.

Este ejercicio mejora cuando se entrena con frecuencia: al visualizar rutas distintas de acción, se reduce la parálisis por análisis y se toman decisiones con mayor agilidad. Esta habilidad es especialmente útil en momentos de incertidumbre o cambio.

Dar espacio al descanso y la distancia mental

A veces, el pensamiento estratégico no surge del esfuerzo constante, sino de saber parar a tiempo. Tomarse pausas, desconectar o dormir bien no es perder tiempo: es facilitar que aparezcan nuevas ideas o enfoques más creativos.

Muchas personas acuden a un psicologo online cuando notan que no logran tomar decisiones claras debido al agotamiento mental. Recuperar energía también es parte del proceso de pensar con perspectiva y diseñar con claridad.

En resumen: cómo desarrollar el pensamiento estratégico

  1. Desarrollar pensamiento estratégico implica cuestionar hábitos automáticos y aprender a detectar patrones poco funcionales que obstaculizan los objetivos.
  2. Dividir los objetivos en pasos concretos ayuda a reducir la sensación de caos, permitiendo avanzar con dirección y medir los resultados.
  3. Anticiparse mediante la predicción estratégica mejora el uso de recursos, incluso cuando las estimaciones no son del todo acertadas.
  4. Saber optimizar el tiempo mediante el trabajo paralelo aporta eficiencia y previene cuellos de botella en proyectos largos.
  5. Introducir cambios cualitativos bien elegidos puede ser más efectivo que pequeñas mejoras acumulativas, sobre todo si se incluye la dimensión emocional del equipo.
  6. Finalmente, permitirte descansar y tomar distancia también es una forma de ganar claridad y renovar la perspectiva estratégica con ideas más frescas.

Referencias bibliográficas:

Bonn, I. (2001). Developing Strategic Thinking as a Core Competency.  Management Decision, 39(1): pp. 63 – 76.

Hussey, D. (2001). Creative strategic thinking and the analytical process: critical factors for strategic success. Strategic Change, 10(4): pp. 201 – 213.

Jeanne L.,(1998). Linking Strategic Thinking with Strategic Planning”, Strategy and Leadership, 26(4): pp. 30 – 35.

Mark C., (2005). With All This Intelligence, Why Don’t We Have Better Strategies?. Journal of Business Strategy, 26(1): pp.  26 – 33.

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Este artículo ha sido elaborado por un/a psicólogo/a sanitario/a colegiado/a del equipo de Avance Psicólogos y se basa en la evidencia científica recogida en el DSM-5, las guías APA y NICE, así como en la práctica clínica diaria del profesional. La información tiene un fin orientativo y no sustituye una evaluación psicológica personalizada. Si necesitas ayuda o tienes dudas sobre tu caso, nuestro equipo estará encantado de acompañarte.

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