Violencia intrafamiliar: qué es, y posibles secuelas psicológicas

Artículo escrito y revisado por Laura Palomares Pérez
Violencia intrafamiliar: qué es, y posibles secuelas psicológicas

La violencia intrafamiliar es un fenómeno con el que, por desgracia, los psicólogos tratamos con relativa frecuencia al ayudar a nuestros pacientes.

En este artículo veremos las características de este fenómeno y sus implicaciones como desencadenante de problemas psicológicos.

¿Qué es la violencia intrafamiliar?

En España, se considera violencia intrafamiliar a toda forma de violencia psicológica o física ejercida entre los miembros de una familia, siempre que no cumpla las características de la violencia de género (violencia ejercida por un hombre contra una mujer, manteniendo una relación sentimental o habiéndola mantenido).

Es decir, que esto incluye toda clase de ataques contra la integridad física de una persona, o bien contra su estabilidad psicológica y su dignidad. Así, algunos tipos de violencia que pueden incluirse dentro de esta categoría son las siguientes:

  • Violencia física: aquella capaz de dejar heridas detectables en un examen médico.
  • Violencia psicológica directa: incluye ataques directos contra la persona a través de los símbolos y del lenguaje: insultos, difamación sistemática, etc.
  • Acoso: implica invadir la privacidad de la víctima de manera sistemática, intentar mantener el contacto con ella de manera no deseada y/o causándole una gran sensación de inseguridad e intimidación.
  • Violencia sexual: basada en la vulneración de la intimidad sexual de la víctima, o en su corrupción en caso de vulnerabilidad psicológica.
  • Manipulación emocional: incluye aspectos como hacer que la persona dude de su propia salud mental o capacidad de percibir la realidad.

Tal y como su nombre indica, en la violencia intrafamiliar la víctima y el victimario forman parte del mismo contexto familiar, teniendo vínculos de sangre o bien siendo familia política. Este aspecto hace de esta clase de violencia especialmente dañina en un sentido tanto cuantitativo como cualitativo.

En un sentido cuantitativo, porque en muchas ocasiones, el hecho de formar parte del mismo ámbito familiar o de convivencia hace que la víctima esté expuesta al agresor en muchas ocasiones y durante largos periodos, y en un sentido cualitativo, porque el hecho de que existan vínculos afectivos relacionados con la familia hace que la víctima sea muy vulnerable y le puedan quedar muchas secuelas psicológicas.

Secuelas psicológicas de la violencia intrafamiliar

La psicoterapia entra en escena cuando las autoridades ya se han encargado de poner en marcha todo el proceso necesario para poner a salvo a la víctima de violencia intrafamiliar; es decir, que el apoyo psicológico no debe ser considerado una manera de “sobrellevar” la situación de ataques repetidos.

En la primera fase, se realiza un examen psicológico en busca de posibles trastornos que puedan ser diagnosticados, e incluso si no hay alteraciones psicopatológicas que cumplan los criterios que aparecen en los manuales de diagnóstico, se trabaja para dar apoyo a la persona, permitiéndole que se adapte a la nueva situación y se la ayuda a gestionar sus relaciones personales asociadas directa o indirectamente con su ámbito familiar.

En lo relativo a los trastornos psicológicos que pueden surgir a raíz de una situación de violencia intrafamiliar, los más habituales son los siguientes.

1. Estrés postraumático

En casos de este tipo, la persona sufre “flashbacks” relacionados con sus recuerdos de esas experiencias de violencia, evocándolas de una forma muy vívida y sintiéndose mal.

2. Fobias

Otra de las secuelas habituales adoptan la forma de fobias: la persona aprende a “temer” cierta clase de estímulos, los cuales le hacen entrar súbitamente en un estado de elevada ansiedad. En muchos casos, estas fobias suelen estar relacionadas con las relaciones sociales o con la sexualidad.

3. Ansiedad generalizada

El hecho de haber sufrido ataques en su propio ámbito familiar, el entorno en el que supuestamente debería sentirse más segura, puede hacer que la persona permanezca durante meses en un estado de ansiedad anormalmente alta incluso sin necesidad de exponerse a un estímulo particular que le haga sentirse así, lo cual se conoce como Trastorno de Ansiedad Generalizada.

4. Depresión

La depresión clínica o trastorno depresivo mayor es en general uno de los trastornos psicológicos más frecuentes, y también lo es en la parte de la población que ha sufrido violencia intrafamiliar. El sentimiento de desasosiego, de falta de esperanza y de indefensión ante el futuro es muy difícil de superar sin contar con apoyo psicoterapéutico.

5. Trastornos de la Conducta Alimentaria

Muchas personas que han sido víctimas de violencia durante su niñez o adolescencia en repetidas ocasiones desarrollan trastornos alimentarios, en parte debido a las inseguridades que desarrollan en lo relativo a su identidad y los complejos con su propio cuerpo. Hay que tener en cuenta que es habitual que las víctimas se culpen de lo ocurrido, dirigiendo hacia su propio comportamiento toda la atención.

6. Dificultades en la regulación emocional

Una de las secuelas más comunes de la violencia intrafamiliar es la dificultad para regular las emociones: una incapacidad persistente para reconocer, nombrar y gestionar lo que se siente. Esto puede llevar a la persona a reaccionar de forma desproporcionada ante pequeños conflictos cotidianos, o bien a bloquear cualquier expresión emocional como mecanismo de autoprotección.

Este patrón suele estar muy presente en quienes han vivido durante años en un ambiente donde expresar emociones suponía un riesgo. En estos casos, el proceso terapéutico se centra en restablecer una conexión segura con el mundo emocional, para poder darle un lugar sano y constructivo.

7. Problemas en los vínculos afectivos

Las experiencias tempranas de violencia afectan de manera significativa la forma en que una persona se relaciona con los demás. Es habitual que desarrollen vínculos basados en la desconfianza, la hipervigilancia o la necesidad excesiva de aprobación, afectando así sus relaciones sentimentales, laborales o de amistad.

Este tipo de secuela no siempre se percibe como un problema, ya que muchas veces se naturaliza el malestar en los vínculos. Por eso, el acompañamiento terapéutico resulta esencial para cuestionar patrones de relación dañinos y construir formas más seguras de vincularse.

8. Sentimiento persistente de culpa y vergüenza

A menudo, las víctimas de violencia intrafamiliar cargan con una culpa que no les corresponde, incluso años después de haber salido de ese entorno. Esta culpa puede convivir con una vergüenza profunda que les impide hablar de lo ocurrido o pedir ayuda.

Estas emociones, aunque dolorosas, son comprensibles desde el punto de vista psicológico, ya que suelen aparecer como intentos de encontrar sentido a lo vivido. Un trabajo con un  psicologo online puede ofrecer el espacio seguro necesario para empezar a soltar esa culpa y resignificar la experiencia desde la compasión.

En resumen: secuelas psicológicas de la violencia intrafamiliar

La violencia intrafamiliar deja marcas invisibles que, aunque no siempre se ven desde fuera, alteran profundamente la vida de quien las sufre. A lo largo de este texto hemos visto que el impacto no se limita a uno o dos síntomas concretos: es una herida emocional compleja que afecta la percepción de seguridad, el modo de vincularse, la imagen personal y la relación con el propio cuerpo.

  1. El estrés postraumático, cuando existió violencia infantil, puede instalarse con fuerza en el día a día, a través de recuerdos intrusivos o reacciones desproporcionadas ante estímulos comunes.
  2. Las fobias sociales o sexuales reflejan cómo ciertos estímulos se asocian inconscientemente al daño vivido.
  3. La ansiedad generalizada aparece cuando se pierde la noción de lo seguro, y todo parece potencialmente amenazante.
  4. La depresión anula la esperanza y desgasta la motivación, sobre todo cuando la persona no ha podido hablar o elaborar lo que ha vivido.
  5. Los trastornos alimentarios muchas veces encubren una lucha interna con la identidad y la necesidad de control.
  6. La dificultad para manejar las emociones, el miedo a los vínculos y la culpa persistente impiden rehacer la vida con libertad y confianza.

Referencias bibliográficas:

Alcalde Sánchez, M. (2000). El delito de malos tratos físicos y psíquicos en el ámbito familiar. Tirant lo Blanch, Valencia.
Azcárate Mengual, M.A. (2007). Trastorno de Estrés Post Traumático y Daño Cerebral. Madrid: Díaz de Santos.

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Este artículo ha sido elaborado por un/a psicólogo/a sanitario/a colegiado/a del equipo de Avance Psicólogos y se basa en la evidencia científica recogida en el DSM-5, las guías APA y NICE, así como en la práctica clínica diaria del profesional. La información tiene un fin orientativo y no sustituye una evaluación psicológica personalizada. Si necesitas ayuda o tienes dudas sobre tu caso, nuestro equipo estará encantado de acompañarte.

Además, el contenido ha sido revisado por nuestro equipo de redacción clínica para garantizar su rigor y claridad.

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