Efecto Pigmalión: ¿Qué es y cómo evitarlo?

Artículo escrito y revisado por Brenda Ruano Bodemer
Efecto Pigmalión: ¿Qué es y cómo evitarlo?

También llamado profecía autocumplida, el efecto Pigmalión habla de las expectativas que los demás tienen en una persona y el poder que tienen estas de influir en ella. Pero ¿de verdad pueden influir las opiniones y las creencias de otros en nuestro rendimiento o en nuestras capacidades?

El efecto Pigmalión y los estudios que se han realizado sobre él demuestran que sí. Efectivamente, que alguien me vea capaz de hacer algo aumenta las probabilidades de que pueda hacerlo y, también, ocurre al contrario y de manera negativa.

En este artículo te explicaremos qué es el efecto Pigmalión, cuál es su historia, qué consecuencias puede tener tal efecto en las personas, tanto positivas como negativas y qué podemos hacer para evitar las segundas.

¿Qué es el efecto Pigmalión?

En la mitología de Chipre se nos presenta al rey Pigmalión. Dicho rey se propuso casarse con una mujer que fuera perfecta. En su búsqueda se frustraba porque nunca encontraba a la mujer que él se imaginaba en su mente. Finalmente, desiste y decide él mismo esculpir una estatua de una mujer bella y perfecta. En la obra de Ovidio, “Las metamorfosis”, se relata que el rey idolatraba tanto a esta escultura que llegó a creerse que era real y acaba enamorándose de ella. La llamó Galatea, y tanta fue su dedicación, que la escultura se convierte, finalmente, en una mujer de carne y hueso.

El efecto Pigmalion se define como la influencia que tienen las creencias y expectativas de otras personas sobre nuestras capacidades y sobre lo que podemos conseguir o no. Dicho efecto, como te habrás imaginado, tiene un papel muy importante en la educción, pero también en nuestra vida adulta.

La imagen se tiene de uno mismo o de una misma se ve muy afectada por la mirada de los demás. Esto se demostró en un estudio en 1968 (Rosenthal y Jacobson). En él se les dijo a los profesores de una escuela que había pasado una prueba al alumnado que indicaba cuáles eran los mejores y tendrían mejores resultados académicos. Al finalizar el curso, esa afirmación se cumplió. El caso es que dicha prueba nunca se realizó. Así pues, podemos concluir que los profesores transmitieron sus propias expectativas (a pesar de ser falsas) en las clases y el alumnado respondió en función de cómo se les había tratado. Como vemos a este efecto le podemos sacar mucho partido, pero también tenemos que ser conscientes de las consecuencias negativas que, por el contrario, pueden llegar a tener.

¿Qué consecuencias tiene el efecto Pigmalión?

Según el estudio que hemos explicado, podemos deducir que las consecuencias del efecto Pigmalión pueden ser muy positivas, pero… ¿qué ocurre cuando las expectativas son bajas y provocamos así que alguien rinda peor o actúe de manera nociva para sí misma? Se habla mucho de cómo puede afectar la profecía autocumplida en los niños. Como es sabido, en la infancia somos como esponjas pero se puede dar este efecto también en la adultez: en el trabajo, con la pareja o en la familia.

Las consecuencias positivas del efecto Pigmalión son el aumento de la autoconfianza y el desarrollo de una sana autoestima. Si premiamos a alguien por sus destrezas o por determinadas conductas diciéndole, por ejemplo, “cocinar se te da fenomenal” lo más probable es que haga una asociación agradable y positiva y, por tanto, repita la conducta. Al repetir la conducta, adquirirá práctica y, por consiguiente, más destreza. ¿Qué ha ocurrido? Que se acaba de cumplir la profecía: cocina se le da fenomenal (pero por la práctica).

Lo mismo puede ocurrir al contrario: si le decimos a alguien que nos acaba de cocinar unas lentejas que no le han salido bien y le decimos “es que no se te da bien cocina”, lo más probable es que la persona no le den ganas de volver a cocinar, dejará de practicar y cuando cocine porque no le queda otra, no le quedará muy bien (pero por falta de práctica).

Otra consecuencia negativa que podemos deducir del efecto Pigmalión es que nos damos cuenta de lo maleable que es la mente. El poder de las expectativas es enorme, al igual que el refuerzo social. Muchas conductas las llevamos a cabo por contentar o agradar a los demás. Si bien este es un rasgo muy válido, llevado al extremo puede ser un problema por razones obvias.

Igualmente, las expectativas que tenemos de nosotros mismos o de nosotras mismas o la confianza en nuestros propios recursos también repercuten y, nuevamente, para bien y para mal. A continuación, veremos algunas claves para evitar las consecuencias negativas del efecto Pigmalión, tanto cuando ponemos expectativas en los demás, como cuando las recibimos de manera externa o interna.

7 claves para evitar el efecto Pigmalión.

A continuación describiré las claves para evitar el efecto Pifmalión:

1. Reconoce las virtudes

Si nos fijamos, en el día a día, tenemos mucha más tendencia a decir lo que se ha hecho mal que a señalar o agradecer lo que se ha hecho bien. Si, por ejemplo, a tu pareja le repites lo que no te gusta provocará ese efecto Pigmalión en ella. Es el típico “trae ya lo hago yo, que a ti no se te da bien”. Se establecerán roles dentro de la relación casi de forma inevitable.

2. Focaliza en lo que se te da bien

Puede ocurrir que una determinada actividad objetivamente no se te dé bien. Si tu diálogo interno es repetírtelo cada dos por tres, como comprenderás, eso no le va a venir nada bien para tu autoestima. Por eso, es importante reconocer nuestros puntos débiles, pero que no se nos olviden tampoco los puntos fuertes.

3. Asume el coste del novato

El coste del novato es esa fase en la que estás aprendiendo una actividad completamente nueva para ti (pongamos como ejemplo, aprender a bailar) y, al principio, nada te sale. La técnica de los pasos no la consigues perfeccionar. Ves cómo otras personas avanzan y te comparas. Si te rindes en este punto, jamás conseguirás aprender eso nuevo que te has propuesto. Es imposible, puesto que pararás de practicar.

4. Rebaja las expectativas

A veces nos ponemos objetivos muy altos o, directamente, inalcanzables. Siguiendo con el ejemplo anterior, si estás aprendiendo a bailar y pretendes que en la primera clase ya te salgan todos los pasos, es obvio que tendrás que bajar las expectativas.

5. No impongas expectativas a los demás

Para ayudar que alguien no caiga bajo el efecto Pigmalión, en lugar de transmitirle expectativas, trata de proponerle objetivos cortos y alcanzables. Por ejemplo, en lugar de decirle “ya verás, se te va a dar genial bailar”, proponle “a ver qué paso nuevo aprendes en la clase de hoy”. Como vemos, solo ponemos un objetivo y muy específico.

6. No resaltes lo malo

O, al menos, no resaltes solo lo que te molesta de los que estás a tu alrededor o lo que no te parece que hacen bien. En la convivencia, se nos olvida más de lo que creemos decir lo que nos ha gustado. Como si lo que se hace bien se da por hecho y no hiciera falta señalarlo. Si señalas siempre lo negativo de alguien se puede quemar y, además, sufrir los efectos negativos del efecto Pigmalión.

7. El feedback negativo en privado, el feedback positivo en público

Tanto el contexto educativo como en el laboral este es una de las pautas más valiosas y eficaces. Si hemos de hacer un crítica va a ser mejor que tengamos en cuenta que no hay nadie delante, más que nada para que la persona que la recibe no se sienta humillada. Al mismo tiempo si hemos de hacer un elogio, será muy beneficioso para el equipo que se haga delante del mismo. Así, potenciaremos que el resto siga su ejemplo y la persona que lo recibe se sentirá valorada.

Conclusiones

Como decía Goethe:

“Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser y se convertirá en lo que puede y debe ser”

Aunque no es recomendable sacar frases descontextualizadas y tomarlas como verdades absolutas, esta frase del escritor alemán resume muy bien la definición del efecto Pigmalión. En este caso, Goehte resaltó las consecuencias positivas de dicho efecto. Recordemos que a la inversa este fenómeno también actúa.

Es importante tener esto en cuenta porque nos hace ver que el trato que damos a las personas puede tener y tiene un gran impacto en ellas. Así como que el trato que recibimos tiene un gran impacto en nosotros y nosotras.

Referencias bibliográficas:

Vargas, J. G. (2015). El efecto Pigmalión y su efecto transformador a través de las expectativas. Perspectivas docentes, (57).

Solís García, P., & Borja González, V. (2017). El efecto Pigmalión en la práctica docente. Revista: Publicaciones didácticas, 193-195.

González, B. B. (2015). De “su cultura es muy fuerte” a “no se adapta a la escuela”: alumnado de origen inmigrante, evaluación y efecto Pigmalión en primaria. Revista de Sociología de la Educación-RASE8(3), 361-379.

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Este artículo ha sido elaborado por un/a psicólogo/a sanitario/a colegiado/a del equipo de Avance Psicólogos y se basa en la evidencia científica recogida en el DSM-5, las guías APA y NICE, así como en la práctica clínica diaria del profesional. La información tiene un fin orientativo y no sustituye una evaluación psicológica personalizada. Si necesitas ayuda o tienes dudas sobre tu caso, nuestro equipo estará encantado de acompañarte.

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