Cómo superar el miedo a hablar en público, en 6 consejos

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Uno de los motivos que más ansiedad genera es el de exponerse a la opinión de los demás, el miedo a hablar en público. Necesitamos, muchas veces de forma exagerada, tener la sensación de que gustamos y caemos bien a todo el mundo.

Nuestra Terapia para la Ansiedad

¿Cómo afrontar el miedo a hablar en público?

Hasta cierto punto esta necesidad de gustar es normal, pero si nos lleva a mantener elevados niveles de ansiedad en las relaciones sociales o a la hora de afrontar trabajos que requieren hablar en público, puede llegar a limitarnos.

Algunos de los síntomas cuando este miedo es desproporcionado son: taquicardia, temblor de las extremidades, sudoración, habla temblorosa, sequedad de la boca o baja concentración.

Seis claves para aprender a hablar en público sin miedo

Es importante saber que al exponernos a lo que nos atemoriza, la ansiedad llega a un pico a partir del cual ya no puede subir más, sino que una vez alcanzado sólo puede descender.

Habrás notado en alguna ocasión que a medida que comentas algo en público, te expones a una actuación, o te enfrentas a cualquier otro miedo, la mayoría de las veces la ansiedad va descendiendo a la vez que va aumentando nuestra confianza hasta poder disfrutar de lo que estamos haciendo. Para que esto se dé es bueno fortalecer los siguientes puntos:

1º. Preparar la charla con tiempo suficiente

Para que sea completa y sobre todo clara, sabiendo a quiénes va dirigida y cuales son los principales intereses y necesidades de ese público, sobre el tema del que voy a hablar.

Este punto es fundamental, cuanto mejor preparado llevo un discurso menos ansiedad voy a sentir, por mucho que me atemorice el público. Unos apuntes que vayan desarrollando el tema, a modo de esquema, donde queden claros los puntos de la charla y sus partes o secciones, siempre ayudaran a retomar si perdemos el hilo o nos quedamos en blanco.

2º. Analizar y localizar los pensamientos negativos y desmoralizantes,

Lo que en psicología llamamos distorsiones o errores de pensamiento, que no hacen sino mantenernos la ansiedad a lo largo de la exposición.

Pensamientos del tipo: “seguro que todos piensan que estoy diciendo tonterías”, “no voy a saber responder a las preguntas”, “todo el mundo va a notar mi nerviosismo”, “seguro que se ríen de mi”, no permiten que la ansiedad descienda una vez ha subido, por lo que ante todo tenemos que tener en cuenta que sentir ansiedad en esos momentos es normal y que aunque se note, los demás no van a estar presentes para juzgarnos, muy al contrario pueden entendernos y su único interés es el de que le transmitamos nuestros conocimientos. Una vez detectados estos pensamientos pasaremos a positivizarlos: “voy a intentar transmitir mis conocimientos lo mejor que sé”, “el público no es mi enemigo, sino personas interesadas en lo que voy a transmitirles”,”si no sé contestar a alguna de las preguntas, lo digo con sinceridad y les aplazo a buscar la información o enviársela en cuanto la encuentre” (no olvidemos que puedo saber mucho sobre un tema, pero no estoy obligado a saberlo todo), “si notan que estoy nervios@ no tienen porque pensar mal de mi”, “si me quedo en blanco, siempre puedo explicar que he perdido el hilo y volver a mis apuntes, que para eso están”.

Un determinado nivel de ansiedad es normal y habitual cuando nos exponemos al público; este nivel de ansiedad disminuye en función del entrenamiento y las veces que nos exponemos a ello.

3º. Exponerme de forma progresiva al miedo

Exponernos a la opinión de los demás cuando hablo en público: cualquier situación es buena, hacer preguntas en una reunión de vecinos, exponer mi opinión en reuniones de trabajo o en clase a los profesores… Entrenarse de forma consciente, trabajando los pensamientos negativos para positivizarlos, en situaciones sociales menos ansiógenas, nos prepara para futuras exposiciones a hablar en público.

4º. “Colar la ansiedad”

Esta técnica, de “intencionalidad paradójica” es sumamente útil y eficaz, consiste sencillamente en expresar cómo me siento y lo que tanto miedo tengo a que los demás noten.

En el momento en el que me enfrento a mi mayor miedo a hablar en público, la ansiedad baja. Decir al principio de la charla: “espero que me disculpen si me equivoco o me trabo en algún punto, no tengo demasiada experiencia a hablar en público y estoy un poquito nerviso” nos ayudará a ver inmediatamente la complicidad de la gente y comprobaremos que nuestro miedo a ser juzgados es exagerado. Por otro lado, siempre tranquiliza saber que si nos notan nerviosos, ya no es un problema, porque al haberlo hecho público no tengo que disimular nada.

5º. Crear una charla dinámica

Con espacios para contar anécdotas que la hagan más amena y si el tema a tratar es propicio incluir dinámicas de grupo.

6º. Lenguaje no verbal

No olvidar que el público está integrado por personas que merecen nuestra atención, mostrar nuestro interés en transmitirles nuestros conocimientos mirándoles a los ojos y deteniéndonos en cada uno de ellos. Si el grupo es muy grande, lo haremos con las personas más a nuestra vista, pero sin olvidar detener la mirada en diferentes puntos del público más alejado. Cuanto más me expongo a la mirada de los demás, sin evitarla, más fácilmente desciende la ansiedad.

Saber que un determinado nivel de ansiedad a hablar en público es normal y que la experiencia y el entrenamiento en estos puntos ayudará a que descienda, son motivación suficiente para intentarlo, sobre todo por el hecho de perder el miedo al juicio de los demás, que tanto puede influir en nuestra valoración personal.

La exposición al hecho temido siempre dará como resultado una mejoría, por lo que la experiencia ayuda, pero en ocasiones el miedo es tan intenso que cuesta enfrentarse a él. Un cierto nivel de ansiedad ante esta situación social es completamente normal y además aumenta el rendimiento. De este modo, si el tema del que vamos a hablar lo llevamos bien preparado, podemos conseguir que al final la ansiedad sea un buen aliado.

Nuestra Terapia Psicológica

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