Hoy en día solemos escuchar a las personas hablar de ansiedad como si se tratara de algo muy fácil de detectar y entender, pero realmente no es así. Es más, en muchas ocasiones desgasta nuestra salud mental a través de dinámicas comportamentales que tenemos muy asumidas y repetimos una y otra vez en nuestro día a día, como por ejemplo la tendencia a dejar “para otro momento” las tareas y responsabilidades que de las que deberíamos encargarnos con la máxima brevedad posible. Por eso, en este artículo hablaremos acerca de cómo se relacionan la ansiedad y la procrastinación.
Índice de contenidos del post
Definición de ansiedad y procrastinación
1. Ansiedad
La ansiedad viene a ser una combinación de inquietud, intranquilidad, agitación y zozobra en el estado del ánimo, y que tiene que ver con un estado de alta activación del sistema nervioso central. Al sentir ansiedad empezamos a percibir en nuestro cuerpo una incomodidad a nivel orgánico y psicológico.
Resulta importante entender que lo mencionado anteriormente se ajusta a una condición no clínica, normal, si la respuesta ansiosa se corresponde con un estado de alerta que nos advierte de algún peligro o riesgo real y nos permite tomar acciones para hacer frente a esa situación sin perder tiempo. Pero a veces sufrimos problemas de estrés, algo que ocurre cuando esa respuesta ansiosa llega a ser excesiva en comparación con aquello que está en juego (por ejemplo, cuando percibimos como una amenaza algo que en realidad no entraña ningún peligro).
Así pues, podemos entender que la ansiedad normal es aquella que se presenta en las situaciones que vivimos en el día a día y cumple un papel adaptativo, pues prepara al ser humano para el desarrollo de actividades o lo alerta ante amenazas. Se considera normal cuando su duración e intensidad están dentro de los parámetros normales, lo cual no termina generando un problema para el sujeto, por lo contrario, lo ayuda adaptarse y prepararse ante un reto.
Procrastinación
Por otro lado, la procrastinación es la tendencia de postergar el comienzo, desarrollo y el fin de las actividades que nos habíamos propuesto realizar durante la jornada. Este patrón conductual muchas veces termina siendo irracional y por lo general termina generando un elevado malestar en el individuo. La procrastinación muy frecuentemente resulta ser un problema más allá del simple cansancio o falta de energía; es una dificultad ligada al autocontrol emocional, falta de motivación, y/o ausencia de un plan y proyecto de trabajo sostenible.
Una frase muy sencilla para poder comprender la procrastinación vendría a ser: “Dejar muy frecuentemente para un mañana (si es que llegas a iniciar, desarrollar y concluir) lo que podrías hacer hoy”.
Además, la procrastinación es relativamente común. Rodríguez y Clariana realizaron un estudio en el año 2017, titulado “Procrastinación en Estudiantes Universitarios: su Relación con la Edad y el Curso Académico” Eligieron 105 estudiantes universitarios para la muestra. Los resultados evidenciaron que entre el 80% y el 95% de los universitarios presenta conductas procrastinadoras en algún momento, el 75% se percibe así mismo procrastinador y el 50% procrastina sus estudios.
Cómo la ansiedad conduce a la procrastinación
La procrastinación suele surgir cuando la ansiedad alcanza niveles elevados (Trastorno de Ansiedad Generalizada TAG). Cuando enfrentamos tareas que percibimos como difíciles o estresantes, el cerebro busca alivio inmediato, optando por actividades más sencillas o placenteras.
Esta evitación no resuelve el problema, sino que lo intensifica. A medida que las tareas pendientes se acmulan, aumenta la presión y, con ella, la ansiedad, generando así un ciclo difícil de romper.
En mi experiencia, he observado que, cuando se acerca una fecha límite, muchas personas tienden a ‘limpiar toda la casa’ o a sumergirse en redes sociales para evitar una tarea importante. Este tipo de conductas, aunque parecen inofensivas, son una forma de escape ante el malestar que genera la ansiedad. La sensación de alivio momentáneo puede resultar reconfortante, pero suele venir acompañada de culpa o frustración.
Durante las sesiones, trabajamos en identificar estas dinámicas y en desarrollar estrategias que permitan afrontar las tareas de forma gradual, reduciendo así la carga emocional que suele bloquear el avance. La clave está en entender que el primer paso, por pequeño que sea, marca una gran diferencia.
Estudios que vinculan ansiedad y procrastinación
Existen diversos estudios que demuestran la fuerte relación que existe entre procrastinación y ansiedad.
J.A. Tarcilla Morera realizó un estudio en el año 2021, titulado: “Ansiedad y procrastinación en estudiantes de la carrera de psicología de una universidad privada de los olivos, 2021”, con el objetivo de identificar la relación entre ansiedad y procrastinación académica. El estudio estuvo conformado por 2641 universitarios. Se concluyó que existe una relación directa y fuerte entre ansiedad y procrastinación académica.
En segundo lugar, Gil L. y Botello V. realizaron un estudio en el año 2018, titulado: “Procrastinación académica y ansiedad en estudiantes de Ciencias de la Salud de una Universidad de Lima Norte”, con el objetivo de identificar la relación entre procrastinación y ansiedad. En el estudio participaron 290 universitarios. Los autores concluyeron que los estudiantes que tienden a procrastinar y postergar sus actividades académicas presentan mayores niveles de ansiedad. Además, los universitarios del sexo masculino procrastinan más que las estudiantes del sexo femenino.
¿Por qué procrastinamos cuando estamos ansiosos?
A continuación veremos las causas de la procrastinación cuando tenemos ansiedad:
1. Evitación del malestar inmediato
Cuando sentimos ansiedad, evitamos cualquier tarea que nos genere estrés, buscando alivio inmediato en distracciones. Esta estrategia nos permite sentirnos bien a corto plazo, pero agrava el problema a largo plazo.
2. Acumulación de tareas
Procrastinar una vez puede parecer inofensivo, pero cuando las tareas pendientes se acumulan, la presión aumenta, generando más ansiedad. Esto refuerza el hábito de procrastinar como una forma de escape temporal.
3. Miedo al Fracaso
El temor a no cumplir con nuestras expectativas o a cometer errores puede paralizarnos. Procrastinar se convierte en una defensa, aunque a largo plazo incrementa la posibilidad de fallar debido a la falta de preparación.
Conclusión: Rompe el círculo vicioso
Ansiedad y procrastinación están estrechamente relacionadas, pero romper este ciclo es posible con autoconocimiento y estrategias adecuadas para dejar de procartinar. Al enfrentar nuestras tareas con herramientas prácticas y comprensión emocional, podemos reducir significativamente la ansiedad y aumentar nuestra productividad.
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Referencias bibliográficas:
Ackerman, D. & Gross, B. (2005). My Instructor Made Me Do It: Task Characteristics of Procrastination. Journal of Marketing Education, 27(1), 5–13.
Gil L.; Botello V. (2018). Procrastinación académica y ansiedad en estudiantes de Ciencias de la Salud de una Universidad de Lima Norte. CASUS, 3(2):89-96.
Guzmán, D. (2013). Procrastinación: Una mirada clínica (Tesis de Maestría, Instituto Superior de Estudios Psicológicos, Barcelona, España).
Tarcilla Mosquera, J.A. (2021). Ansiedad y procrastinación en estudiantes de la carrera de psicología de una universidad privada de los olivos, 2021. UPN.



