Técnicas para manejar la ansiedad al conocer gente

Cómo gestionar los nervios al conocer gente


Hablar cara a cara con alguien es un proceso más complejo de lo que parece a simple vista. Hay que adaptarse al estado emocional de la otra persona teniendo en cuenta su lenguaje no verbal, plasmar nuestros pensamientos en palabras, saber interpretar lo que dice el otro y en qué contexto lo dice, etc. Y si a esto le añadimos que conocemos poco a nuestro interlocutor, la cosa se complica más.

Sin embargo, en la mayoría de los casos la mente humana se adapta bien a esta complejidad desarrollada en tiempo real. Sí, al comunicarnos con otras personas hay muchos elementos en juego, pero también es verdad que el ser humano es un animal social y hemos evolucionado precisamente para saber lidiar con este tipo de tareas. Muchas de estas operaciones tan complicadas son realizadas por nuestra mente de manera casi automática, sin que nos demos cuenta.

Sin embargo, hay quienes adoptan una predisposición a experimentar ansiedad o estrés cuanto intentan conocer gente, es decir, iniciar o mantener conversaciones con alguien de quien sabemos muy poco. En estos casos se siente una especie de “vértigo”: la atención queda desplazada a todo aquello que nos indica hasta qué punto es difícil hablar con alguien “empezando desde cero”, sin apenas precedentes en los que apoyarnos para dar lugar a una conversación fluida.

Estrategias para controlar los nervios al conocer gente nueva

La mejor manera de superar los problemas relacionados con los nervios al iniciar una conversación con alguien a quien queremos conocer consiste en recurrir a la ayuda de un psicólogo especializado en ansiedad. Sin embargo, también puedes plantearte seguir los consejos que puedes leer a continuación, pues en muchos casos ayudan a sobrellevar mejor esa clase de interacciones y a hacer que dejen de resultar incómodas.

1. Haz de las preguntas tu mejor aliada

Si quieres conocer a esa persona, es porque tienes interés en conocerla, así que no ocultes este hecho. En realidad, te da una excusa para plantearle algunas preguntas, que a la vez hace que sea tu interlocutor o interlocutora quien tenga “la pelota en su tejado”: harás que el peso de la primera fase del diálogo no se apoye solo en ti. Simplemente asegúrate de que esas preguntas sean sobre temas interesantes para ambos y que le permitan explayarse sobre algo que pueda ser desarrollado más allá de un “sí” o un “no”.

Por ejemplo, un paciente compartió conmigo que empezó a practicar haciendo preguntas en reuniones familiares, donde se sentía más cómodo. Preguntas como ‘¿Cómo estuvo tu semana?’ o ‘¿Qué planes tienes para el fin de semana?’ le ayudaron a ganar confianza y trasladar esas habilidades a otras interacciones más desafiantes, como conocer a nuevos amigos.

2. Evita memorizar frases exactas

Memorizar varias frases desde las que “sostener” una conversación suele ser una mala idea, porque si ya partes de una situación en la que sientes estrés al hablar con alguien, tener que lidiar con eso y a la vez con la tarea de recordar lo que debes decir hace que sigas alimentando la ansiedad. En vez de eso, recuerda un máximo de tres o cuatro ideas principales de los que te gustaría hablar y no te obsesiones con el orden en el que debes sacarlos a colación.

3. No te obsesiones con ir pasando por varios temas

Los cambios de temas bruscos suelen ser una fuente de ansiedad para quienes sienten nervios al conocer a alguien, porque implican tener que ir buscando temas nuevo de los que hablar. No hay ninguna necesidad de pasar por eso: no le tengas miedo a las conversaciones que se alargan sobre un mismo tema, si notas que os resulta estimulante a ambos. Para ello, puedes hablar sobre aspectos que te han sorprendido acerca de lo que la otra persona ha dicho, creencias erróneas que tenías hasta ese momento y que la otra persona te ha hecho descartar, etc.

4. Practica técnicas de relajación antes del encuentro

También te puede ayudar a aplicar técnicas de relajación poco antes de mantener esa conversación. Algunas son muy sencillas, duran pocos minutos y pueden ser aplicadas en casi cualquier situación, como por ejemplo la respiración controlada diafragmática.

5. Reencuadra tus pensamientos negativos

Cuando notes pensamientos como «Voy a hacerlo mal» o «No soy bueno en esto», trata de cuestionarlos. En su lugar, enfócate en ideas como: «Estoy aquí para aprender» o «Es solo una conversación, no un examen». Este cambio de perspectiva puede aliviar la presión que sientes.

Referencias bibliográficas:

Kenrick, D. T.; Groth, G. E.; Trost, M. R.; & Sadalla, E. K. (1993). “Integrating evolutionary and social exchange perspectives on relationships: Effects of gender, self-appraisal, and involvement level on mate selection criteria”. Journal of Personality and Social Psychology. 64,(6): pp. 951 – 969.

Rojas, D. (1994). Técnicas de comunicación ejecutiva. Basauri: McGraw-Hill.

Torgrud, L.J.; Walker, J. R., Murray, L., Cox, B. J., Chartier, M. y Kjernisted, K. D. (2004). Deficits in perceived social support associated with generalized social phobia. Cognitive Behaviour Therapy, 33(2), 87–96.

Wood, S.K.; Bhatnagar, S. (2015). Resilience to the effects of social stress: Evidence from clinical and preclinical studies on the role of coping strategies. Neurobiology of Stress, 1: pp. 164 – 173.

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Este artículo ha sido elaborado y revisado por una psicóloga general sanitaria colegiada del equipo colaborador de Avance Psicólogos.

Su objetivo es orientativo e informativo y no sustituye una evaluación psicológica individual.


Para su elaboración se han tenido en cuenta:

  • La práctica clínica diaria con pacientes reales.
  • Criterios diagnósticos y guías basadas en evidencia científica (DSM-5, APA, NICE)
  • La necesidad de ofrecer información clara, comprensible y útil para el lector.

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Imagen de Laura Palomares Pérez - Psicóloga General Sanitaria M-15270
Laura Palomares Pérez | Licenciada en psicología, colegiada nº M-15270 con más de 25 años de experiencia como psicóloga general sanitaria.

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