Aunque el estereotipo más extendido acerca de lo que es la psicoterapia la define como una conversación entre terapeuta y paciente, más allá de esta imagen tan superficial está la realidad: lo que ocurre a lo largo de las sesiones con el psicólogo trasciende las palabras. No se trata de un simple intercambio de ideas plasmadas en frases, entre otras cosas porque en este proceso hay una gran carga emocional que debe ser tenida en cuenta.
En parte por eso, algunas personas que se plantean empezar a ir a terapia psicológica sienten una cierta preocupación acerca de las cualidades personales de la persona que llevará su caso y les ofrecerá apoyo como pacientes, dedicándole a ello tanta o más importancia que los méritos profesionales y académicos del o la terapeuta. Es decir, esos aspectos que propiciarán más o menos que “conecten” con quien les atienda: su aspecto, el tono de su voz, etc. Y una de estas maneras de preocuparse es poner en el centro de la cuestión si les estará ayudando un psicólogo o una psicóloga. ¿Es esto importante? Veámoslo.
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Psicólogo hombre o mujer: ¿Influye el género del terapeuta en la efectividad de la terapia?
Normalmente, cuando a una persona le preocupa esta cuestión, suele anticipar dos tipos de problemas por los que puede pasar si el sexo de quien lleva su caso en terapia no es el “adecuado”.
En primer lugar, está el caso hipotético de que el hecho de ser hombre o mujer pueda suponer un impedimento para establecer una relación terapéutica correcta, es decir, un obstáculo al comunicarse e interactuar con esa persona, teniendo en cuanta las preferencias personales, el tipo de gente con la que uno se sincera más ,etc.
En segundo tipo de preocupación tiene que ver con la creencia de que las habilidades necesarias para ofrecer psicoterapia están más extendidas entre los miembros de uno de los dos sexos, o incluso de que ser hombre o mujer es en sí un factor que prácticamente incapacita para ejercer esta profesión.
Como hemos visto, mientras que en un caso lo que preocupa tiene que ver con las dinámicas que se producen en la interacción entre dos personas, en el otro tiene que ver más bien con las características individuales de los y las psicólogas. Abordaremos ambos tipos de creencias por separado.
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El miedo a que la relación terapéutica no fluya
Los psicólogos ya están formados para aplicar una serie de estrategias y técnicas pensadas específicamente para que se establezca una buena relación terapéutica, así que no es trabajo de los pacientes “prever” de antemano posibles problemas que puedan surgir en esta área.
Los prejuicios sobre el sexo y el género
Aunque estadísticamente hay más mujeres psicólogas que psicólogos, cualquier trabajo relacionado con la psicoterapia puede ser ejercido por hombres y mujeres en igual medida, sea cual sea el problema a tratar. El problema aquí no es si los terapeutas son hombres o mujeres, sino un sistema de prejuicios que surge de los roles de género transmitidos de generación en generación. Superar esta clase de esquemas mentales, de hecho, puede ser uno de los objetivos de la psicoterapia.
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¿Existen casos en los que el género del terapeuta sí importa?
Los pocos casos en los que el sexo de la persona que realiza psicoterapia puede influir mucho en el transcurso de esta tienen que ver con trastornos psicológicos en los que la ansiedad o la aparición disruptiva de emociones intensas depende mucho de con quién se está interactuando. Por ejemplo, algunas personas con ciertas formas de fobia social pueden ver problemático ya desde un principio acudir a una primera sesión con un psicólogo o una psicóloga, dependiendo de si es del sexo opuesto a uno mismo.
Sin embargo, se trata de casos excepcionales, y en situaciones de este tipo la solución es sencilla: los profesionales que han empezado a llevar este caso detectan el problema y si así se requiere, se encargan de facilitar que la terapia siga de la mano de otro/a terapeuta.
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Resumiendo
Aunque en casos excepcionales el sexo del psicólogo o psicóloga puede llegar a influir significativamente en el progreso de la psicoterapia, en la mayoría de los casos no es así, porque priman las habilidades que los psicólogos ya tienen a la hora e establecer una correcta relación terapéutica. E incluso si se dan las circunstancias en las que esto es muy importante para el o la paciente, los psicólogos están preparados para detectar y analizar estos casos, darles solución si es posible, y si no es así, derivar el caso a otro profesional o hacer recomendaciones sobre lugares a los que el paciente puede acudir. Este proceso forma parte del trabajo normal de los especialistas en salud mental.
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Referencias bibliográficas:
Heilman, M.E. (2001). Description and Prescription: How Gender Stereotypes Prevent Women’s Ascent Up the Organizational Ladder. Journal of Social Issues. 57 (4): pp. 657 – 674.
Janssen, D.F. (2018). Know Thy Gender: Etymological Primer. Archives of Sexual Behavior. 47 (8): 2149–2154.
Rotman, Deborah L. (2006). Separate Spheres? Beyond the Dichotomies of Domesticity. Current Anthology, 47(4): pp. 666 – 674.



