La Psicología Humanista es una de las facetas de la Psicología que más han influido a la hora de entender lo que es la felicidad y la salud mental. Por eso, conocer sus aportaciones y la perspectiva que ofrece acerca de la experiencia humana es imprescindible para entender el desarrollo de los distintos tipos de terapia psicológica que han ido surgiendo desde mediados del siglo XX. Además, permite comprender el cambio de perspectiva que ha tenido lugar en el ámbito de las ciencias de la salud, donde se ha pasado a valorar más la subjetividad, dejando de considerarla algo secundario.
Por eso, en este artículo hablaremos acerca de las principales características de la Psicología Humanista, y lo que aporta al mundo de la terapia psicológica y al desarrollo personal.
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¿Qué es la psicología humanista?
Las estrategias y teorías que han ido surgiendo a lo largo de la Historia de la Psicología como ciencia no surgen de la nada, sino que provienen de marcos filosóficos capaces de aportar maneras de concebir la mente humana y el comportamiento que nos caracteriza. En este sentido, para entender la Psicología Humanista, es necesario saber qué es la corriente de pensamiento Humanista-Existencial. Estos son los dos pilares filosóficos sobre los que varios psicólogos construyeron y dieron forma a la Psicología Humanista a mediados del siglo XX.
En este caso hablamos de dos tipos de modelos, el existencialista y el humanista. Ambos muestran características en común, razón por la cual a veces se muestran conjuntamente, pero no son idénticas, ya que presentan rasgos distintivos. Las dos teorías dan importancia a la autorrealización y potenciación del individuo, a la concepción integral del sujeto y a la valoración subjetiva de la experiencia.
El existencialismo se caracteriza por rechazar la idea de que en la realidad hay elementos “a priori”; señala que en primer lugar las cosas existen, y sobre ellas tratamos de construir un sentido que les aporte significado desde nuestro punto de vista. Esta idea se plasma en la obra de pensadores tan importantes como Jean-Paul Sartre o Søren Kierkegaard.
En lo referente a la vertiente psicológica del existencialismo, esta fue desarrollada en Europa y con autores destacados como Ludwig Binswanger o Viktor Frankl, pone énfasis en la importancia del ser humano como sujeto activo y responsable de sus actos.
Por su parte, el humanismo aporta planteamientos en la línea del existencialismo, aunque se caracteriza por su enfoque hacia lo positivo del potencial humano. Señala que nos caracterizamos por una tendencia innata a la autorrealización, y le da importancia al “aquí y ahora” que experimentamos mediante nuestra subjetividad; a la vez, invita a tener en cuenta la necesidad de ponernos en el lugar del otro para entenderle.
El humanismo surgió en América y tuvo como representantes en la Psicología a Carl Rogers y Abraham Maslow. De esta corriente destaca la importancia dada a la creatividad, a la valoración holista y a la experiencia corporal y emocional para entender lo que es la felicidad y el bienestar emocional.
Las principales características de la psicología humanista
Ahora que hemos visto brevemente cuáles son los fundamentos filosóficos de la Psicología Humanista, veamos sus características distintivas como corriente psicológica.
1. Facilita la autorrealización y el desarrollo del potencial humano
Hasta la aparición de la Psicología Humanista, los psicólogos dedicados a la parte aplicada de la psicología se encargaban sobre todo de mitigar síntomas y de ayudar a personas con trastornos mentales diagnosticados, o formas de malestar vinculadas a un bajo rendimiento en los estudios y/o en el trabajo. Pero la Psicología Humanista rompe con este tipo de objetivos y aporta un enfoque positivo sobre la persona: no da tanta importancia a eliminar el malestar como a aportar bienestar. Por eso, no asume que su tarea queda limitada al ámbito de la salud mental en el sentido tradicional del término, dado que va más allá del tratamiento de psicopatologías.
2. Pone énfasis en la subjetividad
La Psicología Humanista pone la subjetividad de cada persona en el centro del trabajo que se realiza. Es a través de ella como se sabe si se está avanzando, si se está retrocediendo o si no están ocurriendo los cambios deseados al dar apoyo a la persona que acude al psicólogo. Esto implica que se huye de las descripciones formalmente correctas acerca de lo que le pasa a la persona, no se pretende simplemente lograr una serie de objetivos plenamente cuantificables y fáciles de objetivar. Lo importante es que las personas se sientan bien, que sean felices.
3. Rechaza las etiquetas diagnósticas
La Psicología Humanista no intenta comprender lo que les pasa a las personas analizando su comportamiento a través de etiquetas diagnósticas. Al contrario, se realiza una profunda exploración de cada caso concreto, entendiendo que detrás del uso de las mismas palabras para describir una situación (por ejemplo, “estoy muy triste”) puede esconderse una infinita diversidad de experiencias con distintas causas y desencadenantes.
4. Se busca la aceptación el malestar
La Psicología Humanista considera que las llamadas “emociones negativas” no son un problema a evitar, y del mismo modo, el malestar es parte de la vida. Por eso, no hay que intentar “bloquear” estas vivencias o evitarlas a toda costa, sino en todo caso hacer lo posible por no dejar que generen una dinámica de auto-sabotaje en la persona o que frenen su búsqueda de la felicidad y la autorrealización.
¿Qué puede tratar la terapia humanista?
La terapia humanista es especialmente eficaz para personas que desean comprender mejor su mundo interno, recuperar el contacto con sus emociones y generar cambios profundos en su manera de estar en el mundo. A diferencia de otros enfoques centrados en el síntoma, este modelo pone el foco en la experiencia subjetiva, el desarrollo personal y la búsqueda de sentido.
Algunas de las dificultades que pueden abordarse desde la terapia humanista son:
- Crisis vitales o existenciales (sensación de vacío, falta de sentido o desconexión personal)
- Autoestima: Baja autoestima, autoimagen deteriorada o sensación de no ser suficiente
- Dificultades relacionales y afectivas (dependencia emocional, miedo a la intimidad, dificultad para poner límites)
- Estados de ansiedad leve o moderada sin causa aparente
- Duelo y procesos de pérdida vividos con bloqueo emocional
- Malestar emocional difuso no asociado a un diagnóstico clínico concreto
- Sensación de estancamiento personal o necesidad de reconectar con uno mismo
- Procesos de crecimiento personal y búsqueda de autenticidad
Una de las fortalezas de la psicoterapia humanista es que no impone objetivos externos ni interpreta desde fuera. El ritmo, el foco y el camino se construyen junto a la persona, desde la confianza, la presencia y la autenticidad.
Ejemplos de la psicología humanista en la práctica
Algunos ejemplos de la Terapia Humanista en la práctica son:
- Terapia Centrada en la Persona (Carl Rogers): Enfocada en la escucha activa, la empatía y la aceptación incondicional.
- Terapia Gestalt (Fritz Perls): Promueve la autoconciencia y la responsabilidad en el «aquí y ahora».
- Logoterapia (Viktor Frankl): Ayuda a encontrar significado en la vida a través de los valores personales.
- Análisis Transaccional (Eric Berne): Explora los patrones de comunicación y las relaciones interpersonales.
- Psicoterapia Existencial: Se centra en la libertad, la autenticidad y la toma de decisiones.
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Referencias bibliográficas:
Camino Roca, J.L. (2013). Los Orígenes de la Psicología Humanista: el Análisis Transaccional en psicoterapia y educación. Madrid: CCS.
Guignon, C.B; Pereboom, D. (2001). Existentialism: Basic Writings. Indianapolis: Editorial Hackett.
Rosal Cortés, R. (1986). El crecimiento personal (o autorrealización): meta de las psicoterapias humanistas. Anuario de psicología / The UB Journal of psychology, 34.



