Las causas más habituales del estrés

Estrés

El estrés es un tipo de experiencia muy conocido por todos, al menos en sus aspectos más fundamentales. Todos, con cierta frecuencia, hemos notado cómo sus efectos se extienden por nuestro cuerpo y pensamientos, y normalmente no es una sensación precisamente agradable.

Eso sí, que sentir estrés resulte muchas veces poco satisfactorio no significa que sea algo malo. En la mayoría de las ocasiones, nos ayuda a tomar consciencia de que hay un problema que debemos atender cuanto antes, y en general nos lleva a un estado de alerta desde el cual empezamos a buscar soluciones ante una determinada necesidad.

Pero en algunos casos, el estrés sí constituye un problema y pasa a ser un problema, más que una solución. En las próximas líneas nos centraremos en este tipo de estrés de tipo patológico y veremos cuáles son sus principales causas, y el modo en el que estas nos afectan dañando nuestra calidad de vida.

Tal y como veremos, entre las causas más habituales del estrés las hay tanto físicas como psicológicas.

Las causas más habituales del estrés

Aquí encontrarás un resumen de las principales causas del estrés, los cuales muchas veces están detrás de los problemas y quejas que expresan los pacientes que asisten a psicoterapia para regular sus estados de nerviosismo y ansiedad.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que su presencia no nos lleva irremediablemente a sufrir por estrés, dado que la asistencia a psicoterapia puede proporcionar los recursos necesarios para combatir esta fuente de malestar y no dejar que limite nuestras vidas.

1. Predisposiciones genéticas

No es ninguna novedad que una parte del estrés queda explicado por la configuración genética de las personas. Existen algunos genes que favorecen la aparición de procesos de estrés y ansiedad en los individuos que los presentan en su genotipo, de manera que la producción de determinadas moléculas bajo las instrucciones del ADN nos vuelve más vulnerables a esta forma de malestar.

Sin embargo, esto no significa que la presencia de ciertos genes “produzca” estrés del mismo modo en el que determinadas glándulas de la boca producen saliva. En todo caso, algunas variantes de genes crean situaciones por las que es más probable que experimentemos estrés con mayor facilidad que el resto de personas, lo cual significa que el entorno social en el que vivimos y nuestra manera de interactuar con el mundo siguen siendo muy determinantes.

2. Exposición a situaciones de violencia

El haber pasado por situaciones de violencia, agresiones sexuales o acoso en la escuela o en el trabajo hace que las personas tengan más probabilidades de sufrir problemas de estrés.

De hecho, haber interiorizado la noción de que el mundo es un lugar hostil en el que hay que estar alerta para prevenir ataques lleva a una especie de estado de paranoia en la que muchos estímulos ambiguos pueden ser interpretados como indicadores de peligro inminente.

3. Cambios súbitos en el estilo de vida

Mudarse a otra ciudad o irse a vivir a otro país, tener un hijo, casarse, empezar un nuevo trabajo… Todas estas situaciones nos enfrentan a nuevos retos y a momentos en los que no está muy claro lo que hay que hacer.

La sucesión continuada de experiencias marcadas por la ambigüedad y la incertidumbre puede ser una de las causas del estrés con mayor capacidad de afectar a todas las áreas de nuestra vida.

4. Los entornos altamente competitivos

Competir por un ascenso, estudiar para unas oposiciones, entrenar para un torneo deportivo… Son situaciones en las que podemos llegar a sentirnos culpables en los momentos de descanso, asumiendo que otros estarán progresando mientras nosotros cargamos energía.

Este desgaste físico y mental tiene en el estrés y la ansiedad sus primeras manifestaciones como problemas psicológicos.

5. Problemas en las relaciones personales

Tener dificultades en las relaciones sociales puede causar mucho estrés, porque por un lado lleva a un estilo de vida poco amable debido al miedo a buscar ayuda o aliados, y por el otro las conversaciones se convierten en una fuente de temor y de anticipación del fracaso.

6. Trastornos mentales

La presencia de un trastorno mental diagnosticado puede llevarnos a pasar por situaciones que causan mucho estrés. Esto se deber a que la anticipación del malestar generado por esa alteración comportamental  mental es en sí un problema extra que hay que saber regular emocionalmente.

7. Hábitos de vida poco saludables

Otra de las causas del estrés más infravaloradas es el no seguimiento de un estilo de vida sano. Estar en un mal estado físico nos vuelve menos capaces de adaptarnos a situaciones complejas y complicadas, y peores a la hora de gestionar la energía de nuestro cuerpo.

Por ello, para frenar el malestar causado por el estrés es recomendable dormir bien y comer de manera regular alimentos de calidad con las vitaminas y los macronutrientes necesarios.

8. Obligaciones vinculadas a la familia

El ámbito familiar suele ser una fuente de protección, pero a veces también se transforma en una incubadora de problemas de relación interpersonal y lazos afectivos.

Por ejemplo, depositar demasiadas esperanzas en un hijo puede llevar a controlar demasiado su vida, aunque en teoría sea “por su bien”. Por otro lado, las discusiones familiares tienen mayor capacidad de producir malestar, porque afectan a relaciones cotidianas y a personas que consideramos parte del ambiente “estable” de nuestro día a día.

9. Perfeccionismo extremo

El exceso de perfeccionismo está vinculado a muchos problemas por estrés, e incluso a la procrastinación, que es lo que pasa cuando el temor de no hacer bien algo nos paraliza y contribuye a que finalmente no hagamos nada en todo el día, postergándolo y dejando que el problema se vaya haciendo más grande.

10. Malos ambientes de trabajo

Factores tan simples como oficinas en las que hay mucho ruido o asientos de trabajo muy incómodos que obligan a adoptar una mala postura, pueden generar estrés debido a la incomodidad constante.

Este tipo de causas habituales del estrés son estudiadas por la disciplina conocida como ergonomía, y también por la psicología ambiental, si bien desde psicoterapia se puede ayudar a darles solución.

Referencias bibliográficas:

  • Hüther, G. (2012). Biología del miedo. El estrés y los sentimientos. Barcelona: Plataforma Editorial.
  • Koolhaas J, et al. (2011). Stress revisited: A critical evaluation of the stress concept. Neuroscience and Biobehavioral Reviews. 35 (5): 1291–1301.