¿Soy egoísta? Claves para identificar y reconocer a un egoísta

Laura Palomares

Laura Palomares

¿Soy egoísta? Claves para identificar y reconocer a un egoísta
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Aunque el ser humano sea un animal social, no deja de ser cierto que muchas veces nos comportamos de un modo egoísta. En este artículo encontrarás un resumen de las causas por las que esto ocurre, es decir, por qué muchas veces dejamos que el egoísmo sea el que guíe nuestros comportamientos, en ocasiones incluso perjudicando a personas que nos importan.

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¿Qué es el egoísmo?

Ser egoista es la predisposición psicológica a comportarnos para cubrir nuestras necesidades y satisfacer nuestros intereses teniendo poco o nada en cuenta las necesidades e intereses de los demás. Por consiguiente, es un elemento que influye mucho en cómo nos relacionamos con el resto de personas, y es por eso que es un tema muy investigado desde la Psicología Social.

Por otro lado, el concepto de egoísmo está muy relacionado con el de egocentrismo, y aunque ambas cosas presentan similitudes y áreas en las que se solapan, no son exactamente lo mismo. Allí donde se da egoísmo podemos ser conscientes del modo en el que nuestra conducta perjudicará a los demás o impedirá que mejoren su situación, mientras que en el egocentrismo, ni siquiera nos planteamos cómo repercutirá en los demás lo que hagamos.

Por ejemplo, el egocentrismo es un fenómeno típico del comportamiento infantil, ya que en los primeros años de vida no exista capacidad para pensar de manera abstracta teniendo en cuenta cómo afectará al resto de personas lo que hagamos, ni el grado en el que eso puede generar malestar. Sin embargo, en el egoísmo sí hay una capacidad para ponerse en el lugar del otro, aunque sea desde un punto de vista intelectual y no tanto desde la empatía.

¿Por qué muchas veces tendemos a ser egoístas? Claves para identificar y reconocer a un egoísta

Hay una amplia variedad de situaciones que pueden desencadenar comportamientos de tipo egoísta, y tal y como pasa siempre en el mundo de la psicología, no existen acciones voluntarias que tengan detrás una sola causa: todo lo que hacemos es el resultado de distintas variables combinadas interactuando entre sí. Sin embargo, a la hora de comprender por qué a veces tendemos al egoísmo, destacan las siguientes causas.

1. Predisposición a la psicopatía

Hay personas que presentan una predisposición a ver a los demás como meras herramientas para lograr sus fines; es lo que ocurre con quienes obtienen puntuaciones altas en las escalas de medición de psicopatía. Cuando esto ocurre, hay una gran parte de esa predisposición al egoísmo que no es circunstancial, sino que forma parte del modo en el que esa persona ha aprendido a socializar con los demás.

Las personas con altos niveles de psicopatía empatizan muy poco con los demás, y es por ello que sufren menos malestar al ver que el resto de personas sufren o lo pasan mal de algún modo. Ahora bien, eso no implica que estén siempre perjudicando a los demás. Muchas veces aprenden que la mejor manera de vivir bien en sociedad es respetar los derechos del resto de conciudadanos, aunque lo hagan siguiendo una lógica pragmática para evitar problemas. Por otro lado, las personas con niveles muy altos de psicopatía son muy escasas, y en la mayoría de las ocasiones, el egoísmo queda mejor explicado por otras causas.

2. Tenemos en cuenta la prioridad de distintas necesidades

Al planificar nuestras acciones, solemos hacerlo centrando nuestra mente en la satisfacción de necesidades y la satisfacción de metas que nos motivan. Sin embargo, algunas de esas necesidades nos las atribuimos a nosotros, y otras las atribuimos a los demás, a gente a la que podemos ayudar. Y por otro lado, también priorizamos ciertas necesidades frente a otras, ya que algunas de ellas no pueden ser satisfechas a la vez, al ser total o parcialmente incompatibles. Si creemos que al realizar una acción aportaremos menos bienestar a otra persona que la cantidad de malestar que generaremos en nosotros, lo más probable es que no realicemos esa acción, comportándonos de una manera que puede ser percibida como egoísta.

3. Ponerse en el lugar de los demás implica esfuerzo

Finalmente, hay que tener en cuenta que aunque egoísmo y egocentrismo no sean lo mismo, incluso entre quienes no son egocéntricos, ponerse en el lugar de los demás implica esfuerzo y algo de tiempo.

Es decir, en la mayoría de las ocasiones somos conscientes casi de inmediato acerca de lo que nos apetece en un momento dado, pero hipotetizar qué pueden necesitar o querer los demás requiere que realicemos inferencias de manera consciente y deliberada. Y por las circunstancias del momento nos quedamos cortos con nuestra estimación del esfuerzo y tiempo que requiere ese proceso, probablemente nos comportemos de manera egoísta por no considerar información relevante que deberíamos haber tenido en cuenta para entender de verdad lo que quiere o no quiere, o lo que necesita o no necesita esa persona. Aquí el egoísmo tiene más que ver con no molestarnos tanto a pensar en los demás como intuimos que sería necesario.

Así pues, por ejemplo, es frecuente que quienes llegan a casa agotados tras muchas horas de trabajo intenso tiendan más al egoísmo que si hubiesen podido descansar bien, al tener menos recursos para pensar de manera exhaustiva en el estado psicológico de los demás.

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Referencias bibliográficas:

Ayarza Montero, A. (2010). Factores del egoísmo, y presencia del egoísmo psicológico en la conducta del individuo. unizar.es.
Batson, C.D. & L. Shaw (1991). “Evidence for Altruism: Toward a Pluralism of Prosocial Motives,” Psychological Inquiry 2: 107–122.
Sober, E.; Wilson, D.S. (1998). Unto Others: The Evolution and Psychology of Unselfish Behavior. Harvard: Harvard University Press.

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