¿Para qué sirven los antidepresivos?

¿Para qué sirven los antidepresivos

Los trastornos del estado de ánimo relacionados con la depresión están entre los problemas de malestar psicológicos más extendidos. De hecho, la mayor parte de las personas van a sufrir en algún momento un episodio depresivo (no necesariamente depresión mayor).

Ante esto, se han desarrollado varios fármacos utilizados para ayudar a las personas con esta clase de malestar: se trata de los antidepresivos. Pero… ¿para qué sirven los antidepresivos exactamente? De esto des de lo que vamos a hablar en este artículo.

¿Qué son estos psicofármacos?

Los antidepresivos son un conjunto heterogéneo de medicamentos que cruzan la barrera hematoencefálica, es decir, son capaces de pasar de la sangre al cerebro y ejercer su influencia en nuestras células nerviosas.

Una vez dentro del encéfalo, el principio activo del antidepresivo, que es una molécula, interactúa con distintas partes de las membranas de las neuronas, desencadenando determinado efecto. Normalmente, se “ancla” a receptores que están pensados para captar neurotransmisores, los cuales son las moléculas que usan las neuronas para comunicarse entre sí.

Cada tipo de antidepresivo tiene su manera particular de interactuar con la membrana de las neuronas, pero todos tienen en común que, estadísticamente, se ha comprobado que alivian uno o varios de los síntomas de la depresión, la distimia, el trastorno bipolar u otras alteraciones psicológicas similares.

 

¿Para qué sirven los antidepresivos?

Tal y como hemos visto, por lo general, la utilidad de los antidepresivos  se centra en mitigar los síntomas de los trastornos psicológicos vinculados a la depresión o al bajo estado de ánimo en general. Sin embargo, en ciertos casos también pueden resultar prácticos para aliviar otros tipos de síntomas de alteraciones mentales que no tienen nada que ver con los trastornos del estado de ánimo. Esto es así porque en el cerebro no existe una separación clara entre el funcionamiento cerebral propio de la depresión y el funcionamiento cerebral que se da en otros trastornos.

En cualquier caso, los antidepresivos se comercializan sobre todo para ser utilizados por pacientes con depresión o complicaciones similares (siempre bajo prescripción médica). El hecho de recetar uno u otro a un paciente determinado depende de varios factores, pero en general se intenta empezar con los que tienen menos probabilidades de generar efectos secundarios graves en el paciente. Porque sí, tal y como veremos, los antidepresivos pueden producir efectos dañinos a tener en cuenta.

En cuanto a los cambios concretos que el consumo de estas sustancias tienen en los pacientes, en general, los antidepresivos sirven para mitigar los síntomas típicos de la depresión, que son los siguientes.

  • Anhedonia (incapacidad de sentir placer)
  • Abulia (falta de motivación)
  • Pensamientos suicidas
  • Tendencia al llanto
  • Rumiación (pensamiento circular)

Por otro lado, cada antidepresivo incidirá más en uno u otro tipo de síntoma. Para saber de manera más detallada el modo en el que estos principios activos influyen en la actividad cerebral, hay que consultar con el médico.

 

Efectos secundarios

Tal y como hemos mencionado antes, los antidepresivos van asociados al riesgo de producir efectos secundarios, tal y como ocurre con prácticamente cualquier medicamento. Esto es así porque estas sustancias no interactúan con el síntoma directamente, sino con zonas del cuerpo muy diversas, algunas de las cuales ni siquiera están detrás del trastorno que se padece (no contribuyen a la aparición de los síntomas).

¿Y por qué los antidepresivos entran en contacto con estas partes del organismo que no juegan ningún papel en el trastorno? Porque a día de hoy no existe una manera de desarrollar psicofármacos que actúen exclusivamente en las células diana, aquellas que interesa modificar para que el tratamiento funcione. Lo que se hace, en definitiva, es aprovechar la existencia de ciertas moléculas que una vez consumidas por los pacientes parecen mejorar su estado en una cantidad significativa de ocasiones, y se asume que es inevitable la aparición de efectos secundarios.

Por consiguiente, la comunidad médica considera que el objetivo no es usar antidepresivos sin efectos secundarios, algo imposible, sino minimizar el riesgo de que surjan varios efectos secundarios y que estos serán lo suficientemente intensos como para dañar la calidad de vida del paciente. Si en los primeros días o semanas de su uso estos efectos adversos son demasiado perjudiciales, se cambia de fármaco, intentando usar otro que sea también relativamente seguro.

Por otro lado, aquellos antidepresivos que en estudios científicos en los que se ha visto que son demasiado peligrosos, no se comercializan en el sistema de venta legal de medicamentos.

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