Trastorno Desintegrativo en la Infancia

Trastorno Desintegrativo en la Infancia

El desarrollo infantil es un proceso largo y complejo que estamos lejos de entender en su totalidad. Estudiemos el Trastorno Desintegrativo en la Infancia

Por supuesto, sabemos de una manera aproximada cómo se produce el crecimiento de los órganos y las diferentes partes del cuerpo en la mayoría de seres humanos, pero es bastante más complicado saber cómo se transforman los rasgos psicológicos y los procesos mentales durante la infancia. Y cuando lo que intentamos explicar es cómo surgen las alteraciones psicológicas que se dan en una minoría de la población, la cosa se complica (aunque esto no significa que no sea posible ofrecer ayuda terapéutica).

Es por eso, entre otras cosas, que el Trastorno Desintegrativo de la Infancia resulta tan difícil de comprender. En este artículo veremos en qué consiste esta alteración psicológica rara que actualmente está incluida en el concepto de Trastornos del Espectro Autista.

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¿Qué es el Trastorno Desintegrativo de la Infancia?

“Trastorno Desintegrativo de la Infancia”, es un término utilizado hasta hace muy poco para referirnos a una alteración psicológica que se da en niños y niñas alrededor de los 3 años de edad (aunque el momento de inicio varía), y en el que se aprecia un retraso del desarrollo de habilidades cognitivas y comunicativas, e incluso algunas veces una regresión de estas. Esta alteración psicológica también es llamada a veces Síndrome de Heller, o psicosis desintegrativa.

Así pues, se trata de un trastorno generalizado del desarrollo en el que hay una interrupción en el ritmo de evolución de las capacidades cognitivas y comportamentales; tras al menos 2 años de desarrollo normal, este experimenta un parón o incluso sufre una regresión, volviendo a etapas pasadas.

Se trata de una alteración psicológica rara, con una prevalencia mucho más baja que la de, por ejemplo, el Síndrome de Asperger. Concretamente, se estima que aparece en 1,7 personas de cada 100.000.

Por otro lado, actualmente el Trastorno Desintegrativo Infantil forma parte de los Trastornos del Espectro Autista, debido a sus semejanzas con el resto de trastornos psicológicos del desarrollo incluidos en esta categoría.

Síntomas

Los síntomas del Trastorno Desintegrativo de la Infancia se expresan en diferentes dominios del comportamiento: la capacidad psicomotriz, el uso del lenguaje, y la interacción social.

Tal y como hemos visto, los primeros síntomas de este trastorno aparecen alrededor de los 3 años después de un periodo de desarrollo normal acorde a la edad; sin embargo, en algunos casos estos pueden aparecer más tarde, incluso a los 9 o 10 años. La aparición de estas afectaciones suele ser ràpida, hasta el punto de que en ocasiones el niño o niña se da cuenta de que le ocurre algo extraño sin que los demás le digan nada. Además, estos cambios pueden darse en una sola “fase” o en varias fases sucesivas, que acostumbran a ocurrir una detrás de otra sin mucha demora entre ellas.

En cuanto a los síntomas concretos del Trastorno Desintegrativo Infantil, se considera que para que un caso pueda ser descrito con esta denominación deben cumplirse al menos dos de estos requisitos:

  •  Afectación significativa de las habilidades sociales
  •  Afectación de las habilidades psicomotoras.
  •  Fallos en el control del esfínter.
  •  Afectación de la capacidad para comprender el lenguaje oral y escrito.
  •  Afectación de la capacidad para emitir lenguaje.
  • Merma de la capacidad para involucrarse en el juego (incluyendo habilidades de pensamiento simbólico).

En general, las personas con Trastorno Desintegrativo Infantil terminan teniendo las funciones del lenguaje muy afectadas, y se considera que es una de las formas de Trastorno del Espectro Autista más incapacitantes, por lo que es muy importante contar con asistencia psicológica y médica.

Causas

Tal y como ocurre con los Trastornos del Espectro Autista, no se conocen las causas exactas del Trastorno Desintegrativo de la Infancia, aunque se cree que tiene un fuerte componente genético, y que su raíz es fundamentalmente neurológica, más que ligada a aprendizajes pasados o a experiencias traumáticas.

Tratamiento

Actualmente no existe una cura que permita revertir los síntomas del Trastorno Desintegrativo de la Infancia; lo que se hace con la ayuda profesional es dar apoyo a estos jóvenes y a sus familias desde el inicio de la detección de los síntomas, para mejorar todo lo posible sus condiciones de vida (si bien las personas con esta alteración probablemente necesitarán ayuda durante toda su vida).

En lo respectivo a la psicoterapia, se utiliza mucho terapia de conducta, mediante la cual se facilita el aprendizaje de claves de comportamiento útiles para que los pequeños ganen autonomía sin necesidad de comprender totalmente lo que se les dice, y se les incentiva para que regulen y limiten conductas que pueden dar problemas en ciertos contextos, como las estereotipias.

Por otro lado, desde los tratamientos psiquiátricos pueden recetarse ciertos psicofármacos para tratar síntomas; en la mayoría de los casos, se hace uso de los antipsicóticos. Sin embargo, debido al riesgo de efectos secundarios, solo se hace uso de estos recursos cuando es necesario, y siempre bajo supervisión médica.

 

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Referencias bibliográficas:

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Hendry, C.N. (2000). Childhood disintegrative disorder: should it be considered a distinct diagnosis?. Clin Psychol Rev. 20(1): pp. 77 – 90.
Mouridsen, S.E. (2003). Childhood disintegrative disorder. Brain Dev. 25(4): pp. 225 – 228.
Myers, S.M.; Johnson, C. P. (2007). Management of Children With Autism Spectrum Disorders. Pediatrics. 120(5): pp. 1162 – 1182.

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