Traumas: ¿Qué son, cómo se dan y cómo puedes superarlos?

Qué son los traumas y cómo se pueden tratar desde la psicología
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Los traumas psicológicos son parte de los aspectos de la mente humana que más interés generan. Es en parte por eso que en obras de ficción de todo tipo algunos personajes quedan definidos como seres traumatizados, cuya identidad pende de heridas emocionales relacionadas con su pasado. En estos casos, dicha vulnerabilidad sirve para mantener la historia en movimiento.

Sin embargo, más allá de la carga dramática o incluso el glamour que los traumas imprimen en el mundo de la literatura, el cine y similares, en la vida real este tipo de trastornos mentales no dependen de arcos narrativos: de hecho, eso es algo que los vuelve aún más dolorosos.

Por sí solo, el trauma psicológico no es un medio que nos lleve a transformarnos en alguien más interesante o maduro que antes, eso depende enteramente de nuestra manera de gestionarlo y de regular su capacidad de hacernos sentir mal. Y es ahí donde entra en juego la importancia de la psicología y concretamente de la psicoterapia. Así pues, veamos qué son los traumas y cómo podemos tratarlos desde la psicología.

Nuestra Terapia para los Traumas

¿Qué es un trauma?

Un trauma psicológico es un conjunto de recuerdos pertenecientes principalmente a la memoria emocional que han quedado almacenados en nuestra mente de manera que vienen a nuestra consciencia de manera relativamente frecuente y nos causan un gran malestar, normalmente vinculada a la angustia y muchas veces también a la vergüenza y los sentimientos de indefensión.

A la práctica, los traumas están basados en experiencias pasadas que están relacionadas de algún modo con la violencia y la muerte: palizas, abusos sexuales y violaciones, pérdidas de seres queridos por accidentes, etc.

Por otro lado, el concepto de trauma no es en sí una categoría diagnóstica en psiquiatría o en psicología clínica, sino que es un concepto más global y abstracto que se expresa a través de trastornos más definidos y acotados; sobre todo, el Trastorno de Estrés Postraumático y el Trastorno por Estrés Agudo.

En estas categorías diagnósticas se describen cuadros clínicos en los que la persona sufre episodios de fuerte ansiedad, malestar general y pensamientos intrusivos tras haber vivido una experiencia marcada por la violencia en alguna de sus formas, sufrida por uno mismo de manera directa o presenciada mientras les ocurría a otros.

Estas imágenes recurrentes que saltan a la consciencia de manera incontrolada e imprevista, por su contenido, tienen que ver con esas vivencias, y producen una gran incomodidad y angustia.

La principal diferencia entre el Trastorno por Estrés Agudo y el Trastorno por Estrés Postraumático es la duración: en el segundo caso, los síntomas duran varios meses.

Síntomas del trauma psicológico

Los principales síntomas relacionados con los traumas son los siguientes.

1. Estado de alerta e hipervigilancia constante

En las persona con fuertes traumas, hay fases de aparición frecuente en las que se está en un estado de alerta constante, irritabilidad, reacciones exageradas ante estímulos poco significativos, y problemas para dormir.

2. Pensamientos intrusivos

Ideas e imágenes vinculadas a la vivencia traumática invaden la consciencia de la persona de manera imprevista, trayendo consigo toda una serie de sensaciones altamente desagradables o dolorosas: vergüenza, frustración, miedo…

3. Evitación de situaciones vinculadas al trauma

La persona con traumas intenta estar alejada de los lugares o contextos que le recuerden la experiencia que originó el trastorno psicológico.

4. Síntomas del estado de ánimo

Quien sufre por traumas psicológicos se siente agotado anímicamente, en parte por tener que gestionar todos los síntomas vistos hasta ahora, y es más difícil que experimente placer o que tenga sentido del humor.

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Causas del trauma psicológico

Las causas de la aparición de traumas tienen dos componentes: uno experiencial y otro neuropsicológico.

En el primero encontramos hechos que con mucha frecuencia son vistas como fuentes de peligro o señales de que algo muy grave pasa en el entorno, como un accidente de tráfico o un abuso sexual. Estos eventos tienen implicaciones significativas para la integridad de las personas, y por eso tienen una alta carga emocional.

En el segundo, el aspecto relacionado con el funcionamiento del sistema nervioso, encontramos el modo en el que la información referente a estos hechos es procesada y almacenada por el cerebro.

Como en episodios de alta ansiedad el encéfalo trabaja de un modo algo diferente, porque segrega proporciones de sustancias químicas distintas a las habituales, la experiencia queda “grabada” en el cerebro junto a aquellos rastros que deja la activación anormal del sistema nervioso.

Dicho de otro modo, en el encéfalo queda un rastro de la experiencia traumática que hace que esta tenga una gran facilidad para ser “recordada” una y otra vez, junto a toda una serie de sensaciones y emociones negativas.

A su vez, el temor a experimentar otra vez los efectos dolorosos del trauma aumenta la ansiedad anticipatoria, lo cual contribuye a que ese recuerdo dañino no se debilite con el paso del tiempo.

¿Cómo superar un trauma y pasar página?

Sigue estos consejos generales para afrontar y superar un trauma y los problemas psicológicos vinculados a este malestar emocional.

1. Acudir a psicoterapia

Cualquier vía para superar un trauma debe pasar por la terapia psicológica, pues es en este contexto en el que la persona contará con apoyo profesional adaptado a su caso y que no se limitará a mitigar los síntomas, sino a intervenir sobre la raíz del problema (que tiene que ver con el modo en el que la persona recuerda los recuerdos del evento traumático). Además, en algunos casos es recomendable disponer también de asistencia psiquiátrica, sobre todo para aliviar a medio plazo los problemas derivados de la ansiedad al revivir el trauma.

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2. No entrar en las dinámicas de la evitación

El trauma lleva a muchas personas a intentar por todos los medios no exponerse a situaciones o lugares que pueden revivir los recuerdos dolorosos asociados a lo traumático. Pero esta aparente solución, a pesar de evitar el malestar a corto plazo, lo refuerza a medio y largo plazo, dado que modificar mucho nuestro comportamiento para hacer “encajar” el trauma en nuestro día a día tan solo hace que toda nuestra vida gire alrededor de él. Lo ideal es aprender a afrontarlo de manera progresiva, aunque eso implique pasar unos momentos difíciles o incómodos.

Precisamente uno de los objetivos de la terapia es apoyar y supervisar al paciente en este proceso.

3. No intentar suprimir totalmente el malestar

En la línea de lo anterior, para superar un trauma hay que procurar no caer en la trampa de creer que podemos bloquear totalmente el malestar que nos genera. De lo contrario, lo que realmente conseguiremos es revivir el trauma de una manera más frecuente y con mayor intensidad, de manera que no seremos capaces de reponernos ante él y nos frustraremos. El objetivo es aceptar que no podemos controlar totalmente nuestros pensamientos para no darle más fuerza de la que realmente al recuerdo vinculado al trauma. Solo de esa forma lo debilitaremos y lo podremos interpretar desde otras perspectivas menos centradas en el dolor que nos genera en el presente.

4. Mantener una vida social activa

Tener una vida social estimulante nos permitirá crear nuevas conexiones en nuestra memoria, de manera que no todo nos lleve a revivir el recuerdo traumático de la misma manera. Es decir, que socializar nos ayuda a encontrarle más matices a la vida, y esto es un elemento protector en la salud mental.

5. Asistir a grupos de apoyo

Paralelamente al tratamiento psicológico nos puede beneficiar también asistir a grupos de apoyo, entendidos estos como grupos formados por personas que se reúnen de manera periódica para hablar y compartir vivencia sobre un problema que les afecta y comparten los distintos miembros.

Hablar con nuestro entorno cercano de cómo nos sentimos es favorable y nos reconforta, pero es realmente con las personas que están pasando por nuestra misma situación con quienes nos sentiremos comprendidos y veremos que no somos los únicos con ese problema. Los grupos de apoyo nos permiten expresarnos y encontrar un ambiente seguro donde no nos sintamos diferentes y podemos compartir tanto momentos malos como estrategias y técnicas que nos están siendo útiles en nuestro proceso de recuperación.

6. Cuestionar la interpretación pesimista de las cosas

Es obvio que no es causa-efecto, que con solo pensar en positivo no haremos desaparecer el estrés o los síntomas que comporta. Pero como en otras circunstancias de la vida, mantener un estilo de pensamiento que se aleje del pesimismo constante favorece la recuperación o hace más fácil el proceso de tratamiento. Afrontar las situaciones o los distintos acontecimientos del día a día desde una mentalidad constructiva pasa por cuestionarnos si las creencias desalentadoras y que generan desesperanza encajan bien con la realidad; esto predispone a tener un mejor estado tanto cognitivo como emocional, y también ayuda a salir y a romper el bucle de pensamientos negativos y preocupaciones, a mostrarnos más motivados para hacer cosas y mantenernos activos.

Es decir, pensar en positivo no es intentar auto-imponernos ideas agradables, sino poner a prueba aquellas que nos anclan al malestar y no dar por supuesto que son acertadas. Ello nos permitirá percibir la vida de manera más favorable o positiva, o al menos no tan catastrófica.

Tratamiento psicológico de los traumas y los beneficios de la terapia psicológica

Tal y como vimos antes, los recuerdos no son una realidad estática que queda “sellada” y conservada intacta en nuestra memoria. Al contrario, se trata más bien de una huella cognitiva (basada en información que puede ser expresada en palabras) y emocional (basada en emociones que van más allá de las palabras) que, en mayor o menor medida, siempre está evolucionando y transformándose. Una de las implicaciones de esto es que los recuerdos nunca son fiables al 100% tal y como hace algunas décadas fue demostrado por la psicóloga Elizabeth Loftus. Pero esto significa, además, que existe la posibilidad de superar los trastornos psicológicos que surgen de una mala gestión de los recuerdos, porque los podemos “reincorporar” a nuestro sistema de memoria emocional desde la aceptación y la mentalidad constructiva, y sin que nos generen malestar.

Es por ello que desde hace tiempo han ido siendo desarrolladas formas de intervención psicoterapéuticas muy eficaces encaminadas a ayudar a las personas que sufren traumas. Veamos cuáles son sus beneficios.

1. Permite afrontar los miedos de una manera adaptativa

Desde la psicoterapia se trabaja con métodos que permiten afrontar aquello que nos genera ansiedad y angustia a partir de un contexto controlado en el que el paciente dispone de la supervisión del psicólogo. Esto hace que la persona “se habitúe” a los contenidos de esos recuerdos sin magnificar el malestar y sin contribuir a que capten toda su atención y desaten una respuesta emocional muy fuerte.

2. Ayuda a desprenderse de los patrones de conducta desadaptativos

Parte del malestar generado por el trauma psicológico suele tener que ver con lo que hace la persona para, precisamente, evitar ese malestar. Sin que se dé cuenta, puede estar exponiéndose más a esa clase de reacciones de ansiedad o de angustia; por ejemplo, si se obsesiona con evitar que los pensamientos intrusivos aparezcan en su consciencia, algo que los atrae y les da más poder. En terapia se trabaja para que el paciente aprenda a detectar estos comportamientos automáticos y semi-inconscientes y deje de alimentarlos en su día a día.

3. Hace posible trabajar la culpa para superar los traumas

Muchas de las personas que sufren por un trauma psicológico se sienten muy culpables, hasta el punto de que asocian todo lo negativo que les ocurrió a su propia identidad, como si fuese una parte esencial del “Yo” e indicase que uno no vale nada. Por ejemplo, en víctimas de abuso sexual, es muy común que la víctima sienta que no fue lo suficientemente clara con sus intenciones, o que “iba provocando”, y que por consiguiente lo que le ocurrió es la consecuencia lógica de su manera de ser.

En terapia se trabaja para que la persona se cuestione estas creencias problemáticas y se desprenda de ellas, comprendiendo la experiencia del trauma a partir de su contexto. También se interviene para saber hasta qué punto los recuerdos asociados al trauma son razonables y realistas o si hna sido magnificados posteriormente a partir de un esquema mental pesimista o manipulado por alguien más.

4. Ayuda a mantener una buena autoestima

Una vez hemos aceptado los contenidos de los recuerdos que daban paso al trauma, es mucho más fácil comprender que aquellos sucesos no delimitan nuestro valor en el presente, y que como individuos tenemos la capacidad de trascender aquella experiencia, tanto si fuimos víctimas directas de un caso de violencia como si no lo fuimos, y tanto si la responsabilidad de lo que nos pasó fue en parte nuestra como si no lo fue.

5. Se trabaja para mantener a raya los pensamientos intrusivos y superar los traumas

Otra fuente de malestar habitual en los casos de trauma son los momentos en los que los “flashbacks” emergen en la consciencia de la persona, transportándola de nuevo al momento en el que ocurrió lo que la traumatizó. El simple hecho de temer que estos pensamientos intrusivos aparezcan genera una ansiedad capaz de dañar la calidad de vida del paciente, y en terapia se utilizan técnicas para mitigar esta clase de síntomas.

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Si quieres asistir a terapia psicológica, ponte en contacto con nuestro equipo de profesionales. En Avance Psicólogos trabajamos atendiendo a pacientes de todas las edades, y ofrecemos intervención psicoterapéutica, neuropsicológica y psiquiátrica. Las sesiones pueden realizarse en la modalidad presencial (en nuestro centro situado en Madrid, en el barrio de Goya) o a través de la modalidad de terapia online.

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Referencias bibliográficas:

Caballo, V. E. (1998). Manual de técnicas de terapia y modificación de conducta (4ª edición). SIGLO XXI.

Frommberger, U. (2014). Post-traumatic stress disorder – a diagnostic and therapeutic challenge. Deutsches Arzteblatt International. 111 (5): 59 – 65.

Caballo, V. E. (1998). Manual de técnicas de terapia y modificación de conducta (4ª edición). SIGLO XXI.
Frommberger, U. (2014). Post-traumatic stress disorder – a diagnostic and therapeutic challenge. Deutsches Arzteblatt International. 111 (5): 59 – 65.

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