Doomscrolling: por qué no podemos dejar de leer malas noticias

Doomscrolling: por qué no podemos dejar de leer malas noticias

Entramos en una red social para consultar una noticia y, media hora después, seguimos leyendo sobre guerras, catástrofes, crisis económicas o sucesos violentos. Cada nueva publicación nos deja algo más preocupados, pero cuesta cerrar la aplicación.

Este comportamiento se conoce como doomscrolling. No suele deberse únicamente a una falta de voluntad. En él intervienen nuestra atención hacia las amenazas, la necesidad de comprender lo que ocurre y la esperanza de encontrar una información que nos permita quedarnos tranquilos.

¿Qué es el doomscrolling?

El doomscrolling consiste en consumir de manera continuada noticias negativas o inquietantes, normalmente a través de redes sociales, medios digitales o buscadores, aunque seguir leyendo ya esté produciendo angustia, cansancio o saturación.

Informarse sobre un acontecimiento grave no es en sí mismo problemático. Ante una guerra, una catástrofe o una crisis política, es normal querer saber qué ha pasado, cómo puede afectarnos o si existe alguna novedad importante.

La diferencia está en que, durante el doomscrolling, la búsqueda deja de tener un propósito claro. Volvemos una y otra vez a las mismas aplicaciones, leemos distintas versiones de una noticia y sentimos que todavía nos falta algún dato. La información no acaba de tranquilizarnos, pero tampoco conseguimos apartarnos de ella.

No se trata de un diagnóstico psicológico ni significa necesariamente que exista una adicción al móvil. Es un hábito que puede aparecer de forma puntual y hacerse más frecuente durante épocas de estrés, incertidumbre o especial preocupación.

El círculo del doomscrolling y estrategias para recuperar el control

¿Por qué nos cuesta dejar de leer malas noticias?

Las amenazas reclaman nuestra atención

Tendemos a detectar con rapidez aquello que puede representar un peligro. Una noticia sobre un posible riesgo suele captar más la atención que otra previsible o cotidiana porque, en principio, conocerla podría ayudarnos a protegernos o tomar decisiones.

Este fenómeno se relaciona con el llamado sesgo de negatividad: la información negativa suele tener un peso especial en nuestra percepción. Eso no quiere decir que estemos condenados a fijarnos únicamente en lo malo ni que todas las personas reaccionen igual. El momento vital, el cansancio y la cercanía que sintamos respecto al acontecimiento también influyen.

Los medios digitales, además, presentan muchas noticias como algo urgente. Expresiones como “última hora”, “alerta” o “nuevos datos” pueden transmitir que necesitamos conocer inmediatamente lo ocurrido, aunque la actualización aporte muy poca información nueva.

El problema no es que prestemos atención a los riesgos. La dificultad aparece cuando recibimos señales de alarma durante todo el día y casi nunca encontramos una indicación clara de que ya sabemos lo suficiente.

Buscar información parece ayudarnos a recuperar el control

Cuando ocurre algo preocupante, no saber qué va a pasar puede resultar muy incómodo. Consultar noticias nos hace sentir que estamos actuando: comprobamos los datos, revisamos distintos medios y tratamos de anticipar posibles consecuencias.

Durante unos instantes, esto puede aliviar la inquietud. Pero cada actualización suele abrir nuevas preguntas. Aparecen versiones contradictorias, predicciones, testimonios y escenarios posibles. En lugar de cerrar la búsqueda, la información deja más asuntos pendientes.

Algunas investigaciones han relacionado la baja tolerancia a la incertidumbre con una búsqueda más insistente de información. Cuanto más difícil nos resulta aceptar que no podemos disponer de todas las respuestas, más probable es que sigamos comprobando si algo ha cambiado.

Hay una expectativa bastante humana detrás de este comportamiento: pensamos que la siguiente noticia quizá sea la que nos tranquilice. Después de varios titulares negativos, continuamos porque esperamos encontrar una explicación, una solución o un dato que indique que la situación no es tan grave.

A veces aparece ese dato, pero el alivio suele durar poco. Al cabo de un rato surge otra duda y volvemos a consultar.

El contenido digital apenas ofrece pausas

En un periódico, una página termina. Un informativo también tiene una duración limitada. En muchas redes sociales, en cambio, el contenido continúa mientras sigamos desplazándonos.

La siguiente publicación aparece sin que tengamos que decidir conscientemente buscarla. A esto se añaden las notificaciones, los vídeos recomendados, las noticias relacionadas y las actualizaciones en tiempo real. Esta forma de consumir contenido rápido y encadenado reduce los puntos naturales de pausa que podrían ayudarnos a preguntarnos si realmente queremos seguir mirando.

El diseño de las plataformas facilita que permanezcamos conectados, pero no explica todo el fenómeno. La misma red social puede resultar fácil de cerrar un día y absorbente al siguiente. Cuando estamos preocupados, cansados o atravesando un momento de especial vulnerabilidad, suele costar más poner fin a la consulta.

Cómo se forma el círculo del doomscrolling

El mecanismo suele comenzar con una noticia que despierta miedo, enfado o incertidumbre. Buscamos más información para comprender qué está sucediendo y recuperar cierta sensación de control.

Sin embargo, las siguientes publicaciones muestran otros riesgos, nuevas imágenes o predicciones todavía más inquietantes. La preocupación aumenta y, para intentar reducirla, continuamos buscando.

La conducta que usamos para calmarnos termina manteniendo el mismo malestar que nos lleva a repetirla:

Noticia preocupante → incertidumbre → búsqueda de información → más contenidos negativos → mayor sensación de amenaza → nueva búsqueda.

Un estudio sobre patrones de navegación encontró que el estado de ánimo y el tipo de contenido consultado pueden influirse mutuamente. Las personas con peor ánimo tendían a visitar páginas más negativas y, tras exponerse a contenidos negativos, aumentaba la probabilidad de que siguieran buscando información del mismo tono.

Esto no significa que leer una noticia preocupante provoque por sí solo un problema emocional. Ayuda, eso sí, a entender por qué a veces entramos en una secuencia que se va alimentando mientras navegamos.

¿Cómo saber si estamos haciendo doomscrolling?

No existe un número de minutos que permita distinguir automáticamente entre estar informado y haber entrado en un patrón de doomscrolling. Es más útil observar qué estamos buscando, cómo nos sentimos y si somos capaces de parar.

Algunas señales habituales son:

  • Entrar repetidamente para comprobar si ha ocurrido algo nuevo.
  • Dedicar mucho más tiempo del previsto a leer titulares y comentarios.
  • Continuar aunque notemos angustia, irritación o agotamiento.
  • Consultar las noticias nada más despertar o justo antes de dormir.
  • Leer muchas versiones de un mismo hecho sin obtener información realmente útil.
  • Tener dificultades para volver al trabajo, al estudio o a una conversación.
  • Sentir que desconectar durante unas horas equivale a quedar desprotegido o desinformado.

Estas señales no son criterios diagnósticos. Hay días en los que prestamos más atención a las noticias porque ha sucedido algo importante. Conviene observarlo cuando se repite, cuesta interrumpirlo y nos deja sistemáticamente peor de lo que estábamos.

¿Cómo puede afectarnos leer malas noticias continuamente?

La exposición repetida a contenidos amenazantes puede mantener una sensación de alerta. Aunque el acontecimiento ocurra lejos o no tenga consecuencias directas en nuestra vida, emocionalmente puede sentirse próximo y urgente.

Muchas de esas noticias hablan de problemas reales. No tendría sentido responder restándoles importancia. Aun así, cuando una sucesión de sucesos graves se convierte en nuestra principal ventana hacia el mundo, puede alterar la percepción de su frecuencia y cercanía. Acabamos sintiendo que todo es más peligroso, inestable o incontrolable.

También puede aparecer cansancio mental. Durante el doomscrolling saltamos de un titular a un vídeo, de ahí a los comentarios y después a otro medio. La atención cambia constantemente de foco y, al terminar, no siempre tenemos una comprensión más clara de lo sucedido.

Es posible pasar una hora leyendo y después no saber explicar qué información nueva hemos obtenido. Lo que permanece es una mezcla de saturación, impotencia y dificultad para concentrarnos en otra cosa.

Por la noche, además, importa tanto la pantalla como el contenido. Después de leer testimonios, imágenes o predicciones inquietantes, la mente puede seguir repasando posibles escenarios. Incluso después de dejar el móvil aparece la tentación de comprobar una vez más si hay novedades.

Los estudios disponibles han encontrado asociaciones entre el doomscrolling, el malestar psicológico, el miedo a perderse información y niveles más bajos de bienestar, como muestra una investigación sobre doomscrolling y bienestar psicológico. También se ha observado que la exposición diaria a noticias negativas puede relacionarse con más preocupación, tristeza o afecto negativo.

Conviene interpretar estos resultados con prudencia. Buena parte de la investigación es correlacional: permite observar que dos fenómenos están relacionados, pero no afirmar que el doomscrolling sea la causa única y directa de problemas como la ansiedad o la depresión.

Cómo reducir el doomscrolling sin dejar de estar informado

El objetivo no tiene que ser evitar todas las noticias. Podemos seguir conociendo lo que ocurre sin mantenernos pendientes de cada actualización.

Elegir cuándo informarnos

Consultar titulares cada vez que sentimos inquietud hace que las noticias ocupen buena parte del día. Elegir uno o dos momentos concretos ayuda a recuperar cierto límite.

Es preferible que esas consultas no sean justo antes de acostarnos. También puede ser útil desactivar las notificaciones de medios o redes que interrumpen constantemente otras actividades.

No hace falta aplicar una norma rígida. Se trata de comprobar qué horario nos permite informarnos sin quedarnos atrapados.

Entrar con una pregunta concreta

Antes de abrir una aplicación, podemos preguntarnos qué queremos saber.

No es lo mismo consultar si se ha aprobado una medida determinada que entrar “para ver qué pasa”. Cuando la búsqueda es indefinida, tampoco existe un criterio que nos indique cuándo terminar.

Una pregunta concreta permite elegir una fuente, localizar la información y cerrar después. Cuando ya tenemos la respuesta, continuar desplazándonos no suele aportar una comprensión mucho mayor.

Saber cuándo la información ha dejado de ser útil

Una pregunta sencilla puede ayudar:

¿Lo que estoy leyendo me permite comprender mejor la situación, actuar o tomar alguna decisión?

Si la respuesta es no, quizá estemos buscando alivio más que información.

En ese momento conviene reconocer qué emoción está detrás. Puede ser miedo, enfado, impotencia o la dificultad de aceptar que todavía no existe una respuesta clara. Seguir leyendo titulares no siempre reduce esa emoción; a veces la mantiene activa.

Diferenciar entre estar informado y estar actualizado al minuto también es importante. Podemos conocer suficientemente un acontecimiento sin saber cada declaración, imagen o pequeño cambio en tiempo real.

¿Cuándo conviene prestar más atención a este hábito?

El doomscrolling merece atención cuando empieza a interferir de forma habitual en el sueño, la concentración, el trabajo, las relaciones o el estado de ánimo.

También cuando intentamos reducirlo, pero regresamos constantemente porque sentimos que algo malo podría ocurrir si dejamos de comprobar las noticias.

En algunos casos, la consulta repetida es la parte más visible de una preocupación más amplia. El trabajo no consistiría únicamente en apartar el móvil, sino en comprender qué intentamos controlar mediante esa búsqueda y aprender a manejar mejor la incertidumbre.

Cuando la preocupación se mantiene y afecta a la vida cotidiana, puede ser útil abordarla con ayuda profesional. En Avance Psicólogos colaboramos con psicólogos especialistas en ansiedad en Madrid que trabajan estas dificultades tanto en terapia presencial como online.

Referencias bibliográficas:

Bartoszek, G., Ranney, R. M., Curanovic, I., Costello, S. J., & Behar, E. (2022). Intolerance of uncertainty and information-seeking behavior: Experimental manipulation of threat relevance. Behaviour research and therapy154, 104125.

de Hoog, N., & Verboon, P. (2020). Is the news making us unhappy? The influence of daily news exposure on emotional states. British Journal of Psychology111(2), 157-173.

Kelly, C. A., & Sharot, T. (2025). Web-browsing patterns reflect and shape mood and mental health. Nature human behaviour9(1), 133-146.

Satici, S. A., Gocet Tekin, E., Deniz, M. E., & Satici, B. (2023). Doomscrolling Scale: its Association with Personality Traits, Psychological Distress, Social Media Use, and Wellbeing: Doomscrolling Scale: its Association with Personality Traits, Psychological Distress, Social Media Use, and Wellbeing. Applied Research in Quality of Life18(2), 833-847.

Este artículo ha sido elaborado y revisado por una psicóloga general sanitaria colegiada del equipo colaborador de Avance Psicólogos.

Su objetivo es orientativo e informativo y no sustituye una evaluación psicológica individual.


Para su elaboración se han tenido en cuenta:

  • La práctica clínica diaria con pacientes reales.
  • Criterios diagnósticos y guías basadas en evidencia científica (DSM-5, APA, NICE)
  • La necesidad de ofrecer información clara, comprensible y útil para el lector.

Revisión editorial clínica:

El contenido ha sido revisado por el equipo de redacción clínica de Avance Psicólogos, asegurando coherencia, rigor y claridad en la información.

Avance Psicólogos es un centro de psicología en Madrid con amplia trayectoria, formado por profesionales especializados que trabajan desde un enfoque integrador y basado en la evidencia.

Puedes consultar en detalle cómo elaboramos y revisamos nuestros contenidos psicológicos en nuestro proceso editorial.


Artículo escrito y revisado por:

Imagen de Laura Palomares Pérez - Psicóloga General Sanitaria M-15270
Laura Palomares Pérez | Licenciada en psicología, colegiada nº M-15270 con más de 25 años de experiencia como psicóloga general sanitaria.

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