Ataques de ira: ¿Cuáles son sus síntomas y cómo controlarlos?

Mujer con un ataque de ira
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La ira es una emoción como otra cualquiera. Suele ocurrir que tendemos a categorizar las emociones en base a buenas o malas o “de segunda categoría”. Está muy mal visto que alguien sienta ira o ataques de ira. Sin embargo, en ocasiones, es así es como nos sentimos.

La ira es una reacción (como toda emoción) de enfado o cólera generada por alguna circunstancia donde la persona siente injusticia, que sus derechos han sido vulnerados o que se ha atacado a su autoconcepto o dignidad. Todos y todas nos hemos sentido así alguna vez. Sin embargo, cuando esto se vuelve frecuente, la persona tiende a padecer lo que conocemos como ataques de ira.

Como la tristeza, el miedo, el asco o la alegría, la ira es una emoción básica y es tan necesaria como cualquier otra. El problema puede venir cuando se siente de forma descontrolada y no se puede gestionar de forma sana con tu entorno, ya sea el familiar, de pareja o el laboral.

En este artículo te explicamos en qué consisten los ataques de ira, cuáles son sus síntomas y cómo controlarlos.

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¿Qué son los ataques de ira?

Los ataques de ira son episodios de un enfado muy intenso en los que el individuo reacciona de forma repentina y violenta ante algo que no ha sido de su agrado, le ha enfadado o considera injusto o abrumador. Este episodio va más allá del enfado, ya que la diferencia con este es que durante un ataque de ira la persona pierde en control, puede llegar a dar golpes, gritar, despotricar, lanzar objetos o pegar a alguien.

Tras los ataques de ira, evidentemente, la persona no se siente bien consigo misma y la emoción que viene a continuación suele ser el arrepentimiento. Además, este comportamiento es claramente algo no deseable, ni para la persona “poseída” por el ataque ni para los que están a su alrededor, que normalmente son sus seres más queridos.

Otra circunstancia que se puede dar es que el propio entorno retroalimente el ataque. ¿De qué forma? Al reprochar el ataque (recordemos, algo que hasta cierto punto la persona no puede controlar) la persona se siente aún más atacada, y además, injustamente, generándose más tensión y pocas probabilidades de llegar a una resolución.

¿Cuáles son las fases de los ataques de ira?

Los ataques de ira siguen un patrón de activación fisiológica y emocional. Como vamos a ver la activación (provocada por la hostilidad, el enfado o el odio) llega a un punto máximo y después va decayendo. Por suerte, los ataques de ira son pasajeros y nadie permanece en este estado durante más de unos minutos. Vamos a ver cuáles son sus fases y por qué se caracteriza cada una.

1. Fase racional

En esta fase es donde nos mantenemos la mayor parte del tiempo y donde estamos preparados y dispuestos para discutir.

2. Fase de disparo

Empezamos a sentirnos irritados y sentimos que “se está abriendo la caja de Pandora”. Una vez, lo hace la racionalidad deja de existir y empezamos a descargar aquí toda nuestra ira y hostilidad, retroalimentándolas y haciendo que aumenten.

3. Fase de enlentecimiento

No se puede estar en fase de disparo eternamente, por lo que la reacción acaba por calmarse. Eso sí, si el entorno sigue interviniendo eso hará que la persona vuelva a la fase de disparo y vuelva a descargar toda la ira.

4. Fase de afrontamiento

Aquí es cuando la persona se da cuenta de que la emoción se le ha ido de las manos.

5. Fase de enfriamiento

Cuando la persona entiende que ha perdido los estribos y, si se siente comprendida, se irá calmando paulatinamente.

6. Fase de solución del problema

Cuando ha pasado la tormenta, la persona ya ha vuelto a la fase racional y es capaz de sentarse a hablar para solucionar aquello que ha generado desacuerdo y conflicto de forma más relajada.

¿Cómo controlar los ataques de ira y ansiedad? 7 claves fundamentales

Si sientes que los ataques de ira te ocurren con facilidad o ante cualquier cosa que te moleste, aquí te damos algunas claves para aprender a manejarlos:

1. Conoce las fases de la curva de la ira

Como te hemos explicado en el apartado anterior, conocer como funcionan los ataques de ira va a ser fundamental para aprender a manejarlos. Ten en cuenta que “todo lo que sube, baja”, es decir, no puedes estar en el pico máximo de la ira eternamente y se acabará pasando.

2. Aprende a reconocer en qué fase estás

Al mismo tiempo, será fundamental que detectes en ti las señales que te digan que puedes estar a punto de tener uno de esos ataques de ira que te hacen perder el control. Por ejemplo, notas que los pensamientos fluyen con mucha rapidez, deseas interrumpir a la parte con la que estás discutiendo o deseas que lo que te está molestado acabe de inmediato o notas que el corazón te late con más fuerza. Cada cual tiene sus señales y es importante aprender a detectarlas. Esto lo podrás practicar en las fases racionales de las discusiones.

3. Evita acumular ira

Una de las causas de los ataques de ira es que tendemos a callar aquello que nos molesta por miedo a generar conflicto. Esto hace que tus emociones, en concreto, la ira, se acumulen y acaben estallando en forma de ataques de ira. Antes de que esto ocurra, trata de expresar cómo te sientes ante los conflictos, propón acuerdos o conversa con familiares o amistades sobre lo que te molesta para que puedas desahogarte.

4. Evita el esquema ganador-perdedor

Más de lo que creeríamos, cuando tenemos una conversación o una discusión parece que tiene que haber alguien que siempre lleve más razón que otro. Fíjate en cualquier conversación en una comida familiar, por ejemplo, con en conversaciones entre amigos. Esta forma de pensar es un error, ya que supone un esquema mental demasiado rígido. Practica la escucha activa cuando converses, esto es, escuchar para entender a quien tienes enfrente y no para contestarle. Verás que incluso tu nuevo esquema puede ser: ganador-ganador.

5. Practica Mindfulness o meditación

Con la práctica del mindfulness aprendemos a no evitar los pensamientos más irritantes que pasan por nuestra cabeza. De este modo, tomamos distancia con ellos de forma que no nos afecten tanto emocionalmente. Observa tus pensamientos y las reacciones de tu cuerpo sin juzgarte. Esto también será clave a la hora de aprender a detectar las señales que te dicen que puedes estar a punto de tener ataques de ira.

6. Descansa

Otra de las causas que pueden provocar ataques de ira es que estamos por una época de nuestra vida en la que no descansamos bien, no respetamos las horas sueño y dormimos poco y mal. O, por ende, dedicamos mucho tiempo a las obligaciones cotidianas y poco a nuestras aficiones, descanso o tiempo libre. Es lógico pensar que si percibimos que estamos muy implicados en el trabajo, por ejemplo, y menos en actividades placenteras, vamos a estar más sensibles y, efectivamente, entramos en ese estado de “cualquier cosa me molesta”.

7. Ve a terapia

Si con esto no te es suficiente y crees que te vendría bien un buen profesional que te guiase y te diera pautas para gestionar los ataques de ira, pide ayuda psicológica. En la terapia, no solo se te darán dichas pautas sino que el psicólogo analizará tu caso particular y te ayudará a comprender las circunstancias particulares que desatan tu ira. El autoconocimiento es una de las mejores herramientas para gestionar nuestras emociones.

Conclusiones sobre los ataques de ira

Hemos de tener en cuenta que el entorno va a jugar un papel muy importante en cómo se resuelve el ataque de ira o si estos se repiten. Reprochar no es una buena opción, ya que quien sufre los ataques de ira se va a sentir muy invalidado y volverá a tener ese sentimiento de injusticia, pudiendo incluso desatar otro ataque. En estos casos, lo mejor es tratar de comprender a la persona sin reforzar su reacción, es decir, trataremos de comprenderla pero no validaremos que se ponga de esa forma.

Si te ha pasado en algún momento puntual en la que alguna situación te ha desbordado o “ya no podías más”, no es algo de lo que te debas preocupar. Si bien es cierto que a nadie le gusta perder el control y que, las consecuencias de ello pueden dejarte triste o enfadado, hemos de asumir que, a veces, lo perdemos. Machacarse por ello es algo que no tiene mucho sentido.

Lo mejor que puedes hacer es ponerle remedio para evitar en la medida de lo posible que te vuelva a ocurrir y que, cuando vaya a ocurrir, tengas herramientas para gestionar, sean leves o fuertes dichos ataques de ira. Si no puedes solo, pide ayuda.

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Referencias bibliográficas:

Painuly, N., Sharan, P., & Mattoo, S. K. (2005). Relación de la ira y los ataques de ira con la depresión. RET: Revista de Toxicomanías45, 11-18.

Palmero, F., Guerrero Rodríguez, C., Gómez-Íñiguez, C., Carpi Ballester, A., & Cons, M. T. (2009). La ira y la agresión.

Favicela Yanchaliquin, V. A. (2022). La expresión de la ira y su relación con las habilidades sociales en adolescentes (Bachelor’s thesis, Universidad Técnica de Ambato/Facultad de Ciencias de la Salud/Carrera de Psicología Clínica).

Zapata, P., Betancur, D., & Díaz, G. (2022). Revisión De Bitácora De Viaje Proyecto De Investigación Evaluativa: Potencializar a través del Aprendizaje Experiencial, el Reconocimiento y la Gestión Emocional (Miedo, Ira, Tristeza) en adolescentes de los grados décimo y Once de la IE Enrique Vélez Escobar.

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Brenda Ruano Bodemer
Brenda Ruano Bodemer
Brenda Ruano Bodemer (Madrid, 1993) se graduó en Psicología por la UCM. Trabaja en la consulta privada desde 2016. Desde entonces, lleva formándose en distintos ámbitos de la psicología: Máster en Sexología, educación sexual, asesoramiento y terapia sexual (UCJC, IUNIVES), Máster en Psicoogía deportiva (UNED). Máster en Psicología General Sanitaria (Universidad de Nebrija). Título en Psicología Afirmativa en Diversidad Sexual y de Género (COP). Además de la consulta privada, ha trabajado en centros de día de adicciones y, actualmente, imparte talleres de Educación Sexual en institutos y da formación a profesores sobre Educación Sexual.
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