La infidelidad es uno de los motivos de consulta más habituales en el contexto de pareja. Es normal que así sea, porque es un problema relativamente frecuente en las sociedades occidentales, aunque durante mucho tiempo ha constituido un tabú.
Hoy en día, sin embargo, el hecho de que la infidelidad sea una realidad reconocida permite investigarla mejor y desarrollar estrategias terapéuticas capaces de ayudar a prevenirla y a tratarla en terapia de pareja una vez se ha dado. Eso sí, para poder dar solución a las crisis matrimoniales y de noviazgo a las que da lugar es importante comprender sus causas, aquello que ha desencadenado ese tipo de comportamiento que rompe con los consensos y compromisos en los que se basa la pareja. Por eso, a lo largo de este artículo haremos un repaso por las principales causas de la infidelidad.
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¿Qué es la infidelidad?
Para trabajar con la infidelidad hay que definirla y acotarla. Tradicionalmente se consideraba infidelidad el hecho de mantener relaciones sexuales con penetración con una persona diferente de tu cónyuge. No obstante, esta definición está obsoleta puesto que toma el matrimonio heterosexual monógamo y las relaciones centradas en el coito como elementos fundamentales.
La realidad es mucho más diversa y existen diferentes tipos de relaciones, tanto monógamas (lo que se conoce como “parejas cerradas”) como no monógamas (sin exclusividad sexual o afectiva, como las relaciones abiertas o poliamorosas). Y las infidelidades también pueden ser de muchos tipos: sexuales, infidelidades emocionales, microinfidelidades… La definición más comprehensiva que podemos usar para la infidelidad es que se trata de la transgresión de un límite acordado en una relación. En algunas parejas existe el pacto de tener relaciones sexuales con otras personas pero no entablar relaciones amorosas, mientras que en otras relaciones el flirteo con alguien puede constituir una infidelidad.
¿Por qué somos infieles?
La infidelidad es un hecho complejo que no tiene un único motivo, sino que algunos dependen del contexto mientras que otros se deben más a la historia de cada persona. Uno de los factores sociales es el género: tradicionalmente las conductas de infidelidad han sido más habituales en hombres que en mujeres; esto puede deberse a que socialmente ha estado más normalizado que los hombres sean infieles, mientras que las mujeres podían sufrir consecuencias más graves en caso de cometer una infidelidad. Otro es el nivel socioeconómico, el cual parece incrementar la probabilidad de infidelidad en hombres, aunque no en mujeres.
Otras variables tienen que ver con la historia personal, como las experiencias previas con la infidelidad: haber sido testigo de infidelidades en la familia de origen o haber cometido una infidelidad en alguna relación anterior son elementos que podrían propiciar una mayor aceptación de este tipo de transgresiones. Además de esto, hay factores relacionados con el estilo de vida como el uso de redes sociales, el consumo de alcohol y otras sustancias o el pasar mucho tiempo con otras personas que podrían ser potenciales intereses sexuales y/o románticos (por ejemplo, los viajes de trabajo) que están relacionados con una mayor probabilidad de infidelidad.
Principales causas de la infidelidad
Dicho esto, veamos cuáles son las principales causas de la infidelidad.
1. Incompatibilidades de personalidad
Se ha observado que, por lo general, uno de los elementos psicológicos que mejor explican la infidelidad es la incompatibilidad de personalidad entre quienes forman la relación de pareja. Es decir, que la infidelidad se da mucho más allí donde ambas personas presentan tipos de personalidad muy distintos.
Esto parece sugerir que el acto de ser infiel puede ser facilitado por la insatisfacción generada por esas fricciones entre maneras de ser. Sin embargo, eso no significa que determinadas maneras de expresar los rasgos de personalidad no puedan ser modificados para darles cabida en la relación de pareja; eso sí, es una tarea compleja que merece ser abordada desde la psicoterapia (individual y/o de pareja).
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2. Alto grado de rasgos de personalidad antisocial
Más allá de las diferencias entre la personalidad de ambos, también hay otro aspecto psicológico relacionado con los tipos de personalidad. Concretamente, se trata de la tendencia a la psicopatía, la predisposición a no empatizar con los demás y a verlos como meros instrumentos para lograr fines de carácter individualista.
Eso sí, aunque el concepto de “psicópata” haya sido popularizado a través de películas algo siniestras, cabe aclarar que aquí estamos hablando de un espectro de personalidad; es decir, una manera de ser que puede ser medida cuantitativamente, de menos a más. No hace falta ser un caso extremo de “psicópata” para obtener puntuaciones relativamente altas en psicopatía en comparación con el resto de la población.
3. Malentendidos y diferencias culturales
La infidelidad no siempre lo es de un modo que no deja lugar a dudas. A veces, se basa en malentendidos. Esto ocurre a veces cuando quienes forman esa relación de pareja provienen de contextos culturales diferentes no hablan lo suficiente cuáles son los límites y las normas del noviazgo. La infidelidad tiene una definición adaptable dependiendo de la definición que le dé cada pareja, pero a veces no es suficientemente consensuada o explicada, dando lugar a ambigüedades.
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4. Insatisfacción sexual
La insatisfacción sexual puede ser uno de los desencadenantes de la infidelidad. Esta puede estar producida tanto por trastornos y desajustes de la libido de carácter patológico, como por falta de comunicación en los temas relacionados con el sexo (A causa de que se lo considera un tabú), entre otras cosas.
5. Revanchismo
Otra de las causas de la infidelidad tiene que ver con la mala gestión de los conflictos. En concreto, con las ganas de “devolvérsela” al otro tras un conflicto o una discusión, aunque sea calculando mal el alcance de lo que un acto como la infidelidad puede tener en una relación de pareja.
6. Deseo de terminar con la relación
La infidelidad puede ser una excusa para hacer que la otra persona dé por finalizada con la relación. Muchas personas quieren cortar con su pareja, pero no se atreven a hacerlo, por lo que optan por desencadenar situaciones de esta clase por la vía de los hechos. Sin embargo, normalmente infravaloran la capacidad de hacer sentir mal a las personas que tiene una infidelidad.
Consecuencias de la infidelidad en la pareja
Superar una indelidad no es fácil. La infidelidad deja una marca profunda en la relación, afectando tanto a nivel emocional como psicológico. El impacto puede manifestarse en forma de desconfianza, distanciamiento y dolor emocional que, si no se aborda adecuadamente, puede intensificarse con el tiempo. La persona que ha sido víctima de la infidelidad suele experimentar sentimientos de traición, inseguridad y autoestima baja, mientras que quien ha sido infiel puede sentir culpa, confusión o incluso alivio temporal. Estos efectos varían según la historia de la pareja y la naturaleza de la relación antes de la infidelidad.
Además, la infidelidad puede generar un quiebre en la comunicación y un aumento en los conflictos cotidianos. Las discusiones frecuentes o el silencio emocional son respuestas habituales ante el dolor no resuelto. Sin embargo, aunque el daño es significativo, es posible reconstruir la relación si ambas partes están dispuestas a trabajar en ello. La terapia de pareja se convierte en un espacio seguro para expresar emociones, entender las causas subyacentes y redescubrir la conexión que pudo haberse perdido. Este proceso no es inmediato, pero ofrece la oportunidad de sanar y fortalecer el vínculo.
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Cómo prevenir la infidelidad
Prevenir la infidelidad implica construir una relación basada en la confianza, la comunicación abierta y el respeto mutuo. Es fundamental que ambos miembros de la pareja se sientan cómodos expresando sus necesidades, deseos y preocupaciones. A menudo, las infidelidades surgen de malentendidos o insatisfacciones no verbalizadas, lo que hace que abordar los problemas desde el principio sea una herramienta clave para mantener la relación saludable. Hablar sobre los límites y expectativas de fidelidad ayuda a prevenir confusiones y refuerza los acuerdos de la pareja.
Fortalecer la intimidad emocional y sexual también desempeña un papel importante. Dedicar tiempo de calidad juntos, practicar la empatía y mantener viva la pasión son formas efectivas de nutrir la relación. Además, cuidar el bienestar individual y fomentar el crecimiento personal contribuye a que cada persona se sienta plena dentro de la pareja. La prevención de la infidelidad no se basa en la vigilancia constante, sino en la construcción de un entorno donde ambos se sientan valorados y seguros.
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Referencias bibliográficas:
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Haseli, A.; Shariati, M.; Nazari, A.M.; Keramat, A.; Emamian, M.H. (2019). Infidelity and Its Associated Factors: A Systematic Review. The Journal of Sexual Medicine, 16(8): pp. 1155 – 1169.



