¿Cómo controlar los celos? 7 claves fundamentales
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¿Cómo controlar los celos? 7 claves fundamentales

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Podemos sentir celos en muchos tipos de relaciones: con hermanas y hermanos, primos y primas, amistades, etc., pero es frecuente que donde más se nos revelen es en las relaciones de pareja. Pensamos que sentir celos es algo que no deberíamos sentir, como si fuera un pecado, casi como la envidia. Por tanto, si sentimos celos es que no estamos siendo buenas personas o que hay algo malo en nuestro interior. Nada más lejos de la realidad.

Quien nunca haya sentido celos alguna vez, que tire la primera piedra. Los seres humanos como tal, sentimos y nos empeñamos en pretender dejar de sentir aquellas emociones que percibimos como desagradables, lo cual es un error.

En este artículo que queremos desmentir que los celos son tóxicos y explicar qué conductas son tóxicas de verdad. Nos centraremos en cómo afectan y pueden estropear las relaciones de pareja. Además, te daremos algunas claves para aprender a manejarlos en el caso de que aparezcan.

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¿Qué son los celos?

Los celos son, nada más y nada menos, que una emoción. Quien tiene a su lado una persona con celos de forma muy continuada sabe que puede llegar a ser muy duro convivir con ello. Sin embargo, también es duro para la persona que los sufre. La persona que no sabe cómo controlar los celos que le llevan a realizar conductas tóxicas no lo está haciendo aposta, es decir, no elige sentir lo que siente.

Los celos son, básicamente, miedo a perder el vínculo con alguien que te importa cuando hay algo o alguien que amenaza ese vínculo. La mayoría de las personas que reconocen este miedo, al mismo tiempo, reconocen que no quieren sentirse así y que no quieren comportarse de la manera que se comportan. Controlar lo que hace tu pareja, cuestionar los planes de la otra persona, desconfiar de sus respuestas o invadir su privacidad son algunas de las conductas, para nada beneficiosas dentro de una relación, que el cuerpo nos pide hacer cuando sentimos celos.

Sin embargo, que el cuerpo nos lo pida y que suframos por los malditos celos no justifica que ejecutemos finalmente esas conductas. Con esto queremos decir que sentir celos es lícito y válido. Lo que no es excusable es que nos saltemos los límites de la otra persona en base a ellos. Por ejemplo, mirar el móvil de tu pareja sin su consentimiento porque sientes celos y es la única forma que hallas para calmarlos es señal de que no estás sabiendo cómo controla los celos. Por eso, a continuación, te damos algunas claves para que aprendas a gestionar esta compleja emoción.

¿Cómo se comportan las personas celosas?

Los celos en gran intensidad son una suerte de nebulosa que puede ocluir el campo de visión de una persona por completo, imposibilitando observar una realidad más allá de la emoción. Asimismo, sufre porque podría percatarse de cuán perjudiciales son las conductas que lleva a cabo cada vez que se siente celosa —como stalkear compulsivamente o hacerle planteos a su pareja aún sin desear hacerlo—, pero a pesar de ello no consigue cambiar su forma de actuar. Este artículo se centrará en la experiencia de las personas que experimentan celos a menudo, con el objetivo de brindarles ciertas pautas acerca de cómo dar los primeros pasos hacia una forma distinta de relacionarse con los demás, más allá de esta emoción.

Los celos pueden sentirse como una bandada de pájaros carpinteros picoteándote el cráneo desde dentro. Se experimentan como una emoción especialmente incómoda, vienen acompañados de pensamientos los cuales demandan urgente atención de nuestra persona, y nos incitan a hacer cosas de las que luego, probablemente, nos arrepentiremos, pero sólo de tal modo conseguiremos apaciguarlos. Es ésta la paradoja ante la que nos enfrentamos cuando experimentamos celos —lo mismo que también sucede con gran parte de las emociones cuando se manifiestan con gran intensidad—: se sienten tan desagradables que llevamos a cabo conductas para erradicarlos de nuestra mente.

Cuando le preguntamos a nuestra pareja “¿dónde has estado?” incluso cuando ella nos ha advertido que saldría con unas amigas, nuestro tanque de celos a punto de desbordar comienza a decantar. También así podría reducirse nuestro miedo a ser engañados o nuestra ansiedad. En definitiva, con esa pregunta, con ese aseguro, logramos aliviar el malestar.

¿Y cuál es el problema, entonces? Bueno, solo bastan unos segundos para darnos cuenta. Nuestra pareja probablemente se enfadará por nuestro comportamiento, sí. Pero lo importante es que nosotros mismos repararemos en que, a los pocos días —o horas, quizás—, habrá una nueva situación ante la que nos podamos sentir celosos otra vez. A corto plazo, la estrategia de actuar con el objetivo de eliminar los celos es muy eficaz; pero a mediano o largo plazo, donde están puestos en juego elementos sumamente valiosos de nuestra vida —como podría implicar “ser una persona respetuosa con nuestro/a compañero/a”, por ejemplo—, podremos darnos cuenta que actuar para evitar el malestar no suele ser muy útil para convertirnos en la clase de personas que queremos ser.

¿Son normales los celos?

Entonces, alguien podría preguntarse: si actuar en función a los celos no suele ser una estrategia útil a la larga, ¿para qué están *ahí*, molestándome? Pues bien, la realidad es que aunque sentir celos sea una experiencia muy desagradable, también tienen, como todas las emociones, una función adaptativa. Podríamos sostener que los celos son una emoción que surge como consecuencia del afán de poseer algo o alguien de manera exclusiva. Esto, en algún momento de nuestra historia como especie, nos fue de gran utilidad para responder a los desafíos amenazantes del medio.

La pérdida de algo o alguien deseado podría habernos costado la supervivencia. Sin embargo, los celos también son útiles si pensamos de cara al presente, ya que una cuota moderada de celos puede permitirnos llevar a cabo conductas que sean funcionales con aquello que podría ser importante para algunos de nosotros, por ejemplo, ser una pareja fiel y que el otro también así lo sea con nosotros —claro está, esto si tenemos una idea de fidelidad más bien “tradicional”—. Eso sí, no podemos dejar otros componentes de lado, ya que el motivo por el cual nos sentimos celosos podría estar determinado por los mandatos culturales más enraizados en las sociedades en las que vivimos, como es el caso de la monogamia. Por otro lado, también podría depender de vivencias de nuestra historia personal que nos hayan marcado en el pasado, como un desengaño o una pérdida.

El impacto de los celos en las relaciones amorosas

Los celos, en sí mismos, son normales —y como señalamos, pueden ser útiles en escenarios específicos—. Todos sentimos celos y está bien que así sea, aunque algunos los experimentemos con mayor frecuencia o intensidad que otros. Nuestras emociones, lo que sentimos, como así también nuestros pensamientos y nuestros recuerdos son, en términos de Steven Hayes, “ecos de nuestra historia”.

Nos indican el lugar de donde provenimos, los vínculos que nos han marcado, las experiencias que nos lastimaron y, por el contrario, de las que salimos airosos. Hay muchos motivos por los cuales podemos sentirnos celosos ante una situación que otra persona siquiera se sentiría amenazada. El punto está en que no es necesario batallar contra nuestra historia, por más dolorosa que sea, sino ver qué podemos hacer junto con ella.

¿Qué puedo hacer si soy celoso?

En otras palabras, no hay nada de malo con sentir celos (son normales, aunque produzcan un gran malestar), pero para poder desarrollar una vida que consideremos significativa aún en presencia de esos celos necesitamos evaluar qué acciones concretas emprendemos usualmente para evitarlos. De tal modo, después podremos evaluar de qué valor nos estamos alejando a costa de apaciguar el malestar.

 Los valores, desde algunas terapias de tercera generación, son las brújulas que nos orientan para buscar actividades alineadas con lo que es verdaderamente importante para nosotros; pueden ser cualidades de acción —”ser una madre afectuosa con mis hijos”—, una persona, una forma de vivir la vida. Van más allá de los objetivos concretos. El problema está en que, muchas veces, cuando sentimos experiencias internas tan desagradables como los celos, acabamos actuando con el fin de dejar de sentirnos mal en lugar de responder a aquello que en verdad nos importa.

La propuesta ideal sería trabajar los celos con un terapeuta, con las estrategias e intervenciones propias del marco teórico al que que éste adhiera. Sin embargo, de una manera reducida y afín a los propósitos de este artículo, podemos proponer las siguientes preguntas para ser más conscientes acerca de cómo actuamos en torno a los celos, para así después poner en práctica nuevas formas de responder al experimentarlos:

  • ¿Qué o quién es importante? ¿Qué clase de persona quisiera ser, incluso si ninguna persona, pensamiento o emoción me lo impidiera?
  • ¿Cuáles son las experiencias internas —emociones, imágenes, recuerdos, pensamientos— que aparecen si intento dirigirme hacia eso que me importa? Aquí es muy probable que aparezcan los celos, pero también otras emociones o pensamientos dolorosos.
  • ¿Qué comportamientos llevo a cabo después de sentir esas experiencias? Por ejemplo, algunas podrían ser revisarle el teléfono a mi pareja, encerrarme en la habitación, responder de manera agresiva, etcétera. Anótalo sin juzgarte. El primer paso para cambiar es darse cuenta.
  • ¿Cuál es el efecto a corto plazo de llevar a cabo esa acción? ¿Y el efecto a mediano o largo plazo? ¿Es útil esta estrategia a largo plazo?
  • ¿Qué acciones concretas podría llevar a cabo, aún en presencia de las experiencias internas dolorosas, para acercarme a aquello que verdaderamente me importa? Por ejemplo, a pesar de tener el pensamiento de “me está engañando” porque mi pareja aún no regresa a casa, podría en su lugar preparar la cena (siempre y cuando haya algún valor para mí detrás de esa acción, como “ser una persona atenta o detallista”).

Puede suceder que no se sienta bien moverse hacia lo importante a corto plazo, ya que el propósito no es controlar los celos, no es que estos se reduzcan o desaparezcan, sino actuar como verdaderamente quisiera de manera relativamente independiente a ellos. Lo más probable es que al cambiar nuestro modo de comportarnos, como “efecto secundario”, éstos acaben siendo disminuyendo su intensidad, aunque no es el objetivo principal. Las emociones pueden ser útiles, pero podemos adquirir la habilidad de actuar en función a ellas cuando es necesario, o redirigir nuestros movimientos hacia otra parte si no vale la pena hacer lo que nos piden. Esto sigue un poco la lógica de darse cuenta que somos más que nuestras emociones y pensamientos, por lo que podríamos sostener que “dejar de ser celoso” siquiera es una posibilidad en sí. En cambio, preguntarnos cómo podemos accionar en función a estos celos que sentimos en este preciso instante… parece una tarea más efectiva y alcanzable.

7 claves para saber cómo controlar los celos.

A continuación describiré siete consejos clave para evitarlos:

1. Reconoce la emoción

En muchas ocasiones, nos ocurre que sentimos celos y los estamos confundiendo con otras emociones como el enfado o la tristeza. Creemos que la forma en que nos sentimos tiene un detonante: lo que nuestra pareja hace, está haciendo o deja de hacer. Es decir, responsabilizamos a la otra parte de nuestra emoción. Este es un paso importante, pues hasta que no reconozcas que es celos lo que sientes no vas a poder tomar cartas en el asunto. Otra emoción con la que se suele confundir los celos es la envidia (cuando nuestro vínculo tiene algo que nosotros o nosotras anhelamos).

2. Comunica tus celos

Trata de comunicarlo sin atacar y sin echar culpas. Comunicarlos es responsabilizarte tú de ellos. Por lo tanto, debes comunicarlos de manera asertiva. El objetivo de esto no es que te sientas vulnerable o mostrar esa vulnerabilidad, sino que especifiques que es aquello que te da miedo. Por ejemplo, en lugar de “te vistes muy sexy y vas provocando”, qué tal un “cuando te vistes sexy me encanta y al mismo tiempo siento miedo de que alguien te mire y te guste esa persona más que yo”. De este modo, tu pareja entenderá cómo te sientes y podréis conectar.

3. Evita el descontrol

Como decíamos antes, cuando los celos se apoderan de nuestra mente y nuestro cuerpo, este nos pide que hagamos algo para remediarlo. Tenemos por costumbre que, en lugar de comunicar lo que nos pasa (como señalábamos en el punto anterior) resolver las emociones por nuestra cuenta haciendo como que todo está bien o fingiendo que no tenemos inseguridad, evitando mostrarnos débiles. No puedes elegir sentir celos o no, pero sí puedes elegir no gritar, no espiar las redes sociales o no cuestionar a tu pareja.

4. Sé consciente de tus pensamientos

Intenta utilizar la razón. Los pensamientos van y vienen y cuando tienes uno que te molesta o que te está haciendo demasiado daño (ej.: “mi pareja me va a dejar por otro/a”), la mente nos la juega y nos creemos todo lo que nos dice. Si reflexionas sobre ello te darás cuenta de que los pensamientos de este tipo están en tu cabeza y como están ahí, tu cabeza tenderá a buscar cualquier señal para confirmar que estos pensamientos son ciertos (por ejemplo, que tu pareja esté en línea y no te conteste cuando puede que esté atendiendo un mensaje urgente por otro lado).

5. Recuerda que tienes una vida

Y tu pareja tiene otra. A veces, el origen de los celos es que estamos demasiado apegados o apegadas a la pareja. No tenemos más vínculos importantes alrededor y si los tenemos, puede que los estemos dando de lado y no nos estemos dando la cuenta suficiente. Por supuesto, está bien cuidar a tu pareja y estar pendiente, siempre y cuando no descuides el resto de las áreas de tu vida. Si no tienes más vida más allá de tu pareja, ¿cómo no vas a sentir celos y miedo si ves algo que amenaza la relación?

6. Trabaja la confianza

Puede ser que hayas sufrido con tu pareja actual o con parejas anteriores algún episodio doloroso en el que sufriste mucho a causa de una tercera persona u otra circunstancia que hiciera que el vínculo se tambalease y que se te olvidara cómo controlar los celos. Si es el caso, trabajar la confianza en ti y en tu pareja será la mejor opción. No es un paso fácil si tienes estos miedos del pasado, pero seguramente merezca la pena.

7. Erradica creencias sobre el amor romántico

En general, tendemos a idealizar los celos (en especial, si es tu pareja y no tú quien los sufre, lo cual no es justo). Esto quiere decir que nos creemos esa falsa creencia de que si hay celos es porque de verdad te quiere o que le importas. Es importante saber que, si te quiere, te querrá con o sin celos y, a pesar de sus inseguridades. Los celos no son una señal de amor, es una señal de miedo. Si tenemos esto en cuenta, cuando tú sientas celos, podrás focalizar en ti y empezar a trabajar en tu autoestima y en tu autoconfianza.

En conclusión…

Aunque el origen más inmediato del sentimiento de celos es el miedo a perder un vínculo, puede haber diversas causas de esta emoción. Las principales son la baja autoestima o un autoconcepto negativo, las inseguridades o la falta de autoconfianza. Por eso, cuando los celos dejan de ser puntuales y se sienten de forma muy recurrente, lo más recomendable es acudir a terapia y comenzar a trabajar en ti. Focalizar en tu pareja o en aquello de activa los celos no te va a servir de mucho si la inseguridad está en ti.

Por otro lado, queríamos mencionar la tendencia que existe en la sociedad en general a romantizar los celos a causa del mito de “si siente celos es que te quiere”. Como decíamos los celos no son una señal de amor. Recuerdo en una ocasión que estaba dando un taller sobre relaciones y, hablando de los celos, alguien de alumnado me rebatió diciendo que los celos, en realidad, molaban. Le contesté que si no había sentido nunca celos tenía que saber que era algo tremendamente desagradable y que desear que alguien sufra celos por tu causa es desear que alguien a quien quieres (o a quien supuestamente quieres) lo pase mal.

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Si sientes celos y te estás dando cuenta de que la forma en que los manejas no solo no está dando resultado, sino que está perjudicando tu relación de pareja, a lo mejor ha llegado el momento de que pidas ayuda. En Avance Psicólogos contamos con psicólogas y psicólogos expertos en relaciones que te pueden asesorar. Te ayudaremos a encontrar el origen de tus inseguridades y de esos celos y entender qué lo está manteniendo, así como guiarte en el aprendizaje de nuevas herramientas para gestionar los celos.

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Referencias bibliográficas:

Casany, D. F., & Aiguabella, A. K. (2018). Intervención psicológica en un caso de patológicos. Psicosomática y psiquiatría, (6).

Marín-Cortés, A., Palacio, D., Medina, J., & Carmona, A. (2021). Compasión, y envidia: emociones sociales y Cyberbullying entre adolescentes. Revista Colombiana de Ciencias Sociales12(2), 494-515.

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autor/a del artículo

Brenda Ruano Bodemer

PSICÓLOGA SEXÓLOGA COLEGIADA M-34490

Brenda Ruano Bodemer (Madrid, 1993) se graduó en Psicología por la UCM. Trabaja en la consulta privada desde 2016. Desde entonces, lleva formándose en distintos ámbitos de la psicología: Máster en Sexología, educación sexual, asesoramiento y terapia sexual (UCJC, IUNIVES), Máster en Psicología General Sanitaria (Universidad de Nebrija). Título en Psicología Afirmativa en Diversidad Sexual y de Género (COP). Además de la consulta privada, ha trabajado en centros de día de adicciones y, actualmente, imparte talleres de Educación Sexual en institutos y da formación a profesores sobre Educación Sexual.

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