Condicionamiento operante ¿Qué es y cómo funciona?

Condicionamiento operante ¿Qué es y cómo funciona?

Condicionamiento operante ¿Qué es y cómo funciona?. Los seres humanos aprendemos, básicamente, a partir de la experiencia. En otras publicaciones anteriores ya hemos hablado sobre el conductismo, que explica cómo nuestro comportamiento está mediado por determinados condicionamientos. A veces, cuando hablamos de conducta y condicionamiento, se piensa que los principios del aprendizaje y la modificación de la conducta aplican solamente a las ratas en el laboratorio que tienen que tirar de una palanquita para obtener comida: sin embargo, aunque sea a niveles más complejos, estos principios también son la base de lo que hacemos los seres humanos.

En este artículo, en concreto, vamos a centrarnos en el condicionamiento operante. Es posible que en otros artículos lo hayas encontrado bajo el nombre  condicionamiento instrumental, pero aquí vamos a usar el término “operante” ya que se refiere a la manera en que “operamos” (es decir, alteramos lo que ocurre) en nuestro ambiente con lo que hacemos. Para saber más sobre este fenómeno, primero conviene conocer un poco mejor los procesos por los cuales adquirimos las conductas; por eso vamos a introducir un poco de teoría sobre los mecanismos de aprendizaje.

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Los principios del aprendizaje

Según explican la Psicología conductista (y su herramienta aplicada, el análisis funcional) aprendemos a comportarnos, grosso modo, de tres maneras: Una de ellas es el aprendizaje vicario o modelado: por imitación, por decirlo de alguna manera. Las otras dos son los diferentes tipos de condicionamiento, es decir, las relaciones entre los estímulos y las respuestas que experimentamos en nuestras vivencias del día a día. ¿A qué nos referimos con esto exactamente?

El ser humano está en constante interacción con su ambiente, y es por esto que no podemos nunca considerar al individuo sin tener en cuenta su contexto. Muchas veces tendemos a atribuir los comportamientos a ciertos rasgos innatos, a nuestra “manera de ser” dicho coloquialmente, como si tuviéramos algo dentro que no sabemos muy bien cómo explicar, pero que nos mueve a comportarnos de una manera o de otra. Hay teorías psicológicas que tienden especialmente a buscar en este tipo de aspectos internos y abstractos la explicación de por qué hacemos lo que hacemos, pero la Psicología basada en la evidencia siempre tiene en cuenta la historia de aprendizaje de cada persona.

¿Qué es el condicionamiento operante? El condicionamiento clásico y el condicionamiento operante

Como ya mencionaba en el apartado anterior, podemos hablar de dos tipos de condicionamiento: el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante; es en este último en el que va a centrarse el contenido del artículo, pero antes vamos a tratar de comprender también en qué consiste el condicionamiento clásico para poder diferenciarlos bien. Al condicionamiento clásico también se le conoce como condicionamiento pavloviano por el famoso experimento de los perros de Pavlov: este investigador ruso hacía sonar una campana cada vez que administraba comida a los perros, y descubrió que éstos comenzaron a salivar cada vez que escuchaban la campana aunque no hubiese comida. Aunque este fenómeno por el cual se elicitan respuestas ante estímulos condicionados ya había sido descubierto sin mucho revuelo por el psicólogo Edwin B. Twitmyer, fue el experimento de Ivan Pavlov el que causó gran revuelo y dio tal sobrenombre al condicionamiento clásico.

Si bien el condicionamiento clásico tiene que ver con las respuestas que se activan ante determinados estímulos, el condicionamiento operante tiene más que ver con las contingencias de las respuestas: o sea, con lo que ocurre cada vez que hacemos una cosa u otra. Esto fue en primera instancia propuesto por el psicólogo Edward Thorndike, cuando formuló la Ley del Efecto: una conducta tiene más probabilidad de repetirse si va seguida de una consecuencia apetitiva (agradable, podríamos decir) y será menos probable que vuelva a darse si le sigue una consecuencia aversiva. Esto sería posteriormente más desarrollado en los trabajos de John Watson y B. F. Skinner. Vamos a ver cómo se aplica esto en el día a día para comprender en qué consiste todo esto.

El condicionamiento operante en la vida cotidiana

En total hay cuatro tipos de contingencias que modulan nuestro comportamiento. Podríamos aglutinarlas en dos grandes subgrupos: reforzamiento y castigo. Y dentro de cada categoría encontramos dos subtipos: positivo y negativo. Cuando hablamos de reforzamiento, nos referimos a las consecuencias que “refuerzan” la conducta, es decir, que facilitan que se siga dando. El castigo, por el contrario, es todo aquello que reduce la probabilidad de que un comportamiento vuelva a darse. Los términos positivo y negativo no se refieren aquí a “bueno” y “malo”, sino a añadir o retirar estímulos. Vamos a ver esto con unos pocos ejemplos para ilustrarlo mejor:

 

  • Reforzamiento positivo. Es cuando se añade algo agradable, por decirlo de manera simple. Por ejemplo, si pruebas una comida y te gusta, es probable que quieras comer más de ella. O si tienes un gesto amable con una persona y esta te sonríe o te da las gracias, será más probable que realices acciones similares en el futuro.
  • Reforzamiento negativo. Cuando consigues que desaparezca algún estímulo desagradable. Por ejemplo, si coges a un bebé en brazos y este deja de llorar. O cuando bebes agua en un día caluroso y esto hace que se alivie tu sed.
  • Castigo positivo. Es cuando aparece un estímulo desagradable que hace que dejes de hacer algo. Como cuando intentas beber el café recién hecho y te quemas. O, por ejemplo, si cruzas un paso de peatones en rojo y te pitan desde un coche.
  • Castigo negativo. Esto ocurre cuando desaparece un estímulo agradable. Un ejemplo sería estar en una reunión con amistades en la que todo el mundo está riéndose y sonriendo; si de repente haces un chiste inapropiado, podrían callarse  y bajar la mirada. También sería un castigo negativo si estás jugando de manera muy brusca con un balón y este se pincha.

Las contingencias en terapia psicológica

Como puedes ver, estas contingencias están produciéndose constantemente. Sobre algunas de ellas tenemos mayor control que sobre otras. Muchas de estas relaciones de reforzamiento y castigo están detrás de los comportamientos problemáticos y dificultades psicológicas, por lo que es fundamental evaluar esto en terapia para conocer no sólo cómo ha podido originarse el problema, sino por qué puede estar perpetuándose. Conocer estas interacciones permite conceptualizar correctamente la problemática y modificarla con promoviendo cambios en las conductas y en las contingencias.

Esto se trabaja tanto en el transcurso de las propias sesiones como en las tareas fuera de la consulta. Durante las sesiones, tu terapeuta se centraría en reforzar la conductas proterapéuticas (fomentar tus comportamientos que sean más favorables a tus objetivos) y en “castigar” las conductas antiterapéuticas (modificar las cosas que haces que vayan en contra de tus objetivos o tu bienestar). Por ejemplo, puede felicitarte por hacer un comentario positivo respecto a tu autoimagen y frenarte si entras en un bucle de rumiación. Además del trabajo dentro de la propia consulta, se pactarían tareas que vayan encaminadas a modificar los comportamientos problemáticos haciendo uso de los diferentes tipos de contingencias.

La terapia de conducta

Existen diferentes modelos de trabajo en terapia que se basan en el análisis funcional de la conducta y el manejo de las contingencias (o sea, que hacen uso del condicionamiento operante en favor del bienestar de sus consultantes). Uno de ellos es, evidentemente, la Terapia de Conducta; también entrarían aquí la Terapia Cognitivo Conductual y las Terapias de Tercera Generación o Terapias Contextuales (como la Psicoterapia Analítico-Funcional o FAP y la Terapia de Aceptación y Compromiso o ACT).  Si bien pueden tener sus parecidos y sus diferencias en lo que a herramientas de evaluación y técnicas de intervención se refiere, todas ellas tienen presente el papel de los procesos de condicionamiento tanto en el origen y el mantenimiento de los problemas como en las herramientas de cambio terapéutico.

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Referencias bibliográficas:

 Benjumea, S. et al. (2012). Conductismo radical y práctica investigadora: ¿por qué es skinneriano el Análisis Experimental del Comportamiento? Apuntes de Psicología, 30(1-3), 49-62.

Cruz, B. M. et al. (2018). Fisiología de las emociones desde la perspectiva de la teoría del condicionamiento operante. Revista Inclusiones, 5(4), 184-200.

Jiménez, A. A. et al. (2021). Adquisición de la conducta operante: no todas las alturas de palanca funcionan igual. Conductual, 9(1), 30-44.

Lee, G., De Pascual, R. y Froxán, M. X. (2019). Los procesos de condicionamiento clásico en la interacción verbal terapéutica. Revista Mexicana de Análisis de la Conducta, 45(1), 90-110.

Froxán, M. X. (2020). Análisis Funcional de la Conducta Humana: Concepto, Metodología y Aplicaciones. Madrid: Ediciones Pirámide.

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Andrea Martínez
Andrea Martínez
Andrea Martínez es licenciada en Psicología por la Universidad de Deusto. Posee un Máster en Psicología Clínica Basada en la Evidencia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Salud Sexual y Psicología Clínica por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Especialista en Terapias Contextuales (ACT, FAP y técnicas Mindfulness) por el Madrid Institute of Contextual Psychology. También se ha formado en Psicología Afirmativa en Diversidad Sexual y de Género por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Desde 2019 forma parte del equipo de Avance Psicólogos ofreciendo terapia psicológica, sexológica y de pareja con perspectiva de género. Además, ejerce como divulgadora y formadora en varias plataformas relacionadas con la Educación Sexual.
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