Los 12 efectos psicológicos del alcohol

Los 12 efectos psicológicos del alcohol

Cualquier tipo de adicción a una sustancia genera una peor calidad de vida, y el alcohol no es una excepción.

El consumo excesivo de esta clase de bebidas genera tanto daños a nivel físico como a nivel psicológico, y sus efectos son distinto a corto y a largo plazo. Al fin y al cabo, el órgano que se ve más afectado por cualquier tipo de adicción es uno muy importante, el cerebro, ya que este es muy sensible a los cambios que se experimenta en el organismo.

En este artículo nos centraremos en los efectos psicológicos del consumo del alcohol, para comprender mejor cómo nos afecta esta sustancia.

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Los principales efectos psicológicos del alcohol

Al hablar de los efectos psicológicos del consumo del alcohol, es importante dividirlos en dos grandes grupos según el momento en el que se desarrollan y se expresan. Es decir, si aparecen inmediatamente tras su consumo (a corto plazo) o tras un tiempo consumiendo (a largo plazo). Por eso, aquí los veremos clasificados de esa manera, aunque estos efectos no son los mismos en todas las personas y dependen factores como la edad, el sexo o el peso corporal.

A corto plazo

Si nos centramos en los efectos psicológicos del alcohol que surgen en cuestión de minutos tras su consumo, destacan los siguientes.

1. Lapsos de memoria

La ingesta de alcohol puede producir alteraciones en la región de la memoria del cerebro (hipocampo), lo que provoca pérdidas de memoria momentáneas o de sucesos completos, según la cantidad ingerida.

2. Cambio emocional

Es uno de los efecto más visibles. Las personas suelen beber alcohol para desinhibirse y volverse más sociables, pero la verdad es que se trata de un depresor del sistema nervioso, y por eso pasados los primeros efectos genera cambios emocionales como la tristeza, la ansiedad o la agresividad.

3. Impulsividad

Relacionado al anterior, este efecto psicológico del consumo de alcohol se debe a que afecta a la región del córtex prefrontal, donde se controla la impulsividad de la persona, entre otras cosas. Por ello, ingerir bebidas alcohólicas tiende a hacer que seamos más impulsivos en la tomas de decisiones y arriesgado.

4. Pérdida de conocimiento

Al consumir grandes cantidades de alcohol en poco tiempo, se provoca un aumento vertiginoso en la cantidad de esta sustancia que hay en la sangre, lo que puede inducir a un desmayo o pérdida de la conciencia cuando el contenido de la bebida pasa a ser metabolizado.

A largo plazo

Ahora, pasemos a ver cuáles son los efectos psicológicos del alcohol a largo plazo, es decir, en la escala de semanas, meses y años.

1. Destrucción neuronal

El consumo continuo de alcohol provoca un descenso marcado en la cantidad de neuronas que hay en el cerebro, debido a que muchas mueren por la exposición a los efectos de la sustancia en el sistema nervioso.

2. Trastornos emocionales

Si a corto plazo el alcohol modifica el carácter, a largo plazo este efecto psicológico por el consumo de alcohol es más potente y duradero.

El consumo continuado de esta droga lleva en muchos casos a disminuir la cantidad de serotonina, neurotransmisor implicado en el estado de ánimo, lo que lleva a que un alcohólico presente, típicamente, cuadros depresivos.

A esto hay que sumarle otros factores externos, como el rechazo social o la sensación de tristeza o inutilidad, que alimentan aún más la situación.

 

3. Inmadurez emocional

El abuso del alcohol y la situación de la persona frente la sociedad llevan a las personas alcohólicas a tener una conducta inmadura; en otras palabras, les cuesta afrontar problemas, sufren baja autoestima y tienen sensación de fracaso en sus vidas.

4. Problema en el desarrollo cerebral

El consumo abusivo del alcohol en jóvenes afecta a un correcto desarrollo del cerebro. Esto se traduce en dificultades de aprendizaje y memoria. Por desgracia, el consumo de bebidas alcohólicas se da cada vez en edades más tempranas.

5. Distorsión de la realidad

Este efecto psicológico derivado del consumo del alcohol lleva a las personas a generarse ideas falsas, autoengañarse y desconfiar de los demás, lo que sumado a lo anterior, agrava estados de depresión.

6. Demencia

Si a corto plazo ocurren ya daños en el sistema nervioso propiciados por las bebidas alcohólicas, a largo son peores. El alcohol puede destruir las neuronas del hipocampo, lo que implica dificultades en retener recuerdos, por lo que surgen problemas de memoria. En algunos casos, estos daños son permanentes incluso una vez superada la adicción.

7. Psicosis

En las adicciones prolongadas, el exceso de alcohol en sangre hace que algunas personas propensas a los síntomas psicóticos experimenten alucinaciones. Asimismo, cortar de forma repentina el consumo provoca un síndrome de abstinencia al alcohol que se representa con movimientos involuntarios, temblores, náuseas o incluso la muerte.

8. Síndrome de Wernicke-Korsakoff

Esta alteración tiene su origen en la carencia de vitamina B1, y es habitual en personas que sufren de alcoholismo. Este síndrome es la suma de la encefalopatía de Wernicke, enfermedad que genera entre otros efectos una descoordinación a la hora de caminar o mover los ojos, y el síndrome de Korsakoff, basado en problemas de memoria.

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Referencias bibliográficas:

Elzo, J. (dir) et al (2009): Las culturas de las drogas en los jóvenes y fiestas. Vitoria, Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco.
Gómez-Jarabo, G. (1999). Farmacología de la conducta. Manual básico para psicoterapeutas y clínicos. Madrid: Síntesis psicología.

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