Perdonar una infidelidad: ¿Se puede hacer? ¿En que casos?

Andrea Martínez

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Perdonar una infidelidad: ¿Se puede hacer? ¿En que casos? La infidelidad es uno de los motivos de ruptura más frecuentes; genera un gran dolor cuando se da en las relaciones de pareja y, sin embargo, por frecuente que sea sigue generando un gran debate.

Diferentes estudios sitúan la prevalencia de la infidelidad en un rango tan amplio que va desde el 1,2% hasta… ¡el 85,5%! ¿Por qué nos cuesta tanto llegar a cifras más concretas? Uno de los motivos podría ser el hecho de que no existe una definición clara de lo que constituye una infidelidad. Por eso, en este artículo vamos a tratar de definirla y analizar tanto los predisponentes que pueden llevar a cometerla como las actitudes necesarias para perdonar una infidelidad.

¿Qué es y qué no es infidelidad?

Los modelos de relación cambian con el paso de las generaciones, pero la infidelidad siempre ha sido uno de los principales motivos de consulta en terapia de pareja.

También es uno de los más difíciles, y una de las dificultades que pueden presentar este tipo de casos comienza con la propia definición: es decir, cuando uno de los miembros de la pareja considera que se ha producido una infidelidad mientras que el otro no lo considera como tal.

Quizás hace varias décadas, en los años 50 y 60, existía un mayor consenso a la hora de definir la infidelidad puesto que habitualmente se tenía en cuenta de manera casi exclusiva el sexo penetrativo como lo verdaderamente relevante. A pesar de que hoy sigue existiendo el coitocentrismo y hay quienes consideran que, si no ha habido penetración no hay infidelidad, la definición se ha ampliado bastante. A mediados del siglo XX, el sexólogo e investigador Alfred Kinsey hizo la primera distinción entre la infidelidad sexual (contacto corporal y/o genital) y la infidelidad emocional (vínculo afectivo).

Hoy en día se nos hace bastante evidente a muchas personas que hay muchas acciones que pueden implicar infidelidad a pesar de que no se haya producido ningún sexo penetrativo. ¿Cómo podríamos delimitar entonces qué es infidelidad y qué no lo es? Hay quienes defienden que infidelidad es cualquier tipo de gratificación sexual que excluya a la pareja; ¿deberíamos entonces considerar que el consumo de pornografía o la masturbación implican infidelidad? También hay quienes consideran infidelidad cualquier acto de la pareja que provoque su desconfianza o inseguridad; en este extremo encontramos, por ejemplo, personas heterosexuales que no consienten que sus parejas tengan amistades de otro género.

Sin embargo, las relaciones son diversas y cada pareja tiene sus límites. Por ejemplo, hay personas que mantienen relaciones no monógamas en las que ciertas prácticas sexuales con otras personas no son consideradas infidelidad mientras se den ciertas condiciones consensuadas.

Con todo esto, a día de hoy podríamos quizás adoptar una definición algo más flexible de la infidelidad y entenderla como una transgresión de las normas de exclusividad que existan en la relación de pareja.

Los motivos que pueden llevar a la infidelidad

¿Qué es, entonces, lo que puede llevar a una persona a transgredir el pacto existente con su pareja? Muchas personas que han reconocido haber engañado a sus parejas han alegado sentir insatisfacción sexual o afectiva en su relación, aunque estos no son los únicos motivos. De hecho, es común el mito de que es más fácil que las infidelidades se produzcan cuando las parejas llevan tiempo sumidas en la rutina; por el contrario, la mayor parte de las infidelidades se producen (o se inician) en los primeros cinco años de relación.

Otros motivos que dan lugar a la infidelidad son la búsqueda de nuevas sensaciones, el querer sentirse deseable, el deseo de venganza hacia la propia pareja, los celos (sí, el miedo a la infidelidad a veces lleva a cometer infidelidad), el enamoramiento o el simple hecho de tener la oportunidad de hacerlo.

Existen ciertos factores predisponentes a nivel general a la hora de cometer una infidelidad. Tradicionalmente se ha asociado con mayor frecuencia la infidelidad sexual a los hombres y la infidelidad emocional a las mujeres. No obstante, parece haber ciertos cambios en esta tendencia ya que las actitudes de cada persona hacia el otro género (en parejas heterosexuales) y hacia la propia infidelidad son de gran influencia; por ejemplo, antes estaba completamente normalizado que los hombres casados consumieran prostitución mientras que en las mujeres era prácticamente impensable la infidelidad, y sin embargo a día de hoy estas diferencias por género parecen estar difuminándose poco a poco.

Como acabo de mencionar, la actitud hacia la infidelidad es de gran influencia. Esto tiene que ver con las acciones antes mencionadas que, por no conllevar un contacto sexual directo, no se consideran infidelidad y sin embargo nos acercan a ella. Muchas personas que han cometido infidelidades no planeaban hacerlo y, sin embargo, pensaban que “no pasa nada por quedar a tomar algo” o “sólo es un beso, nada más”… hasta que se han visto en una situación de la que no sabían salir.

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Las secuelas de la infidelidad en las relaciones de pareja

Como ya mencionaba al comienzo del artículo, la infidelidad es uno de los principales motivos de ruptura de las relaciones de pareja. Cuando se descubre un engaño, la persona traicionada experimenta una ruptura abrupta de su confianza en la pareja. Con frecuencia, su percepción de la historia de la relación y de la otra persona sufren un cambio radical, y es frecuente que aparezcan expresiones sobre “haber vivido una mentira” y sentimientos de humillación. En estos momentos iniciales puede haber emociones contradictorias, y un debate entre la posibilidad de perdonar la infidelidad y el deseo de abandonar.

Hay quienes, a raíz de la infidelidad, comienzan a experimentar celos y un gran miedo a la reincidencia de su pareja. Otras personas, por el contrario, desean vengarse y se plantean la infidelidad como posible acto de resarcimiento y revancha. En los casos más graves, la infidelidad puede dejar secuelas en la autoestima de la persona engañada, pudiendo incluso llegar a presentar síntomas similares a los del Trastorno por Estrés Postraumático: con evitación, hipervigilancia y reexperimentaciones.

Además, la infidelidad no tiene por qué generar dolor en sólo uno de los miembros de la pareja. La persona que ha cometido la infidelidad puede experimentar una gran disonancia entre sus valores y sus acciones, lo que en algunas ocasiones desencadena gran ansiedad y alteraciones del estado de ánimo y las relaciones personales.

¿Es posible perdonar una infidelidad?

Respuesta corta: sí. Respuesta larga: sí… pero en los casos en los que es posible perdonar una infidelidad requiere mucho tiempo y esfuerzo. Y digo “los casos en los que es posible” porque no todas las parejas son capaces de vivir con una infidelidad en su historia.

Para que la reconciliación sea posible, el primer requisito imprescindible para perdonar una infidelidad es que ambas personas adquieran un compromiso de trabajar en recuperarse como pareja (esta no es condición suficiente, pero sí necesaria); lo que no funciona en casi ningún caso es que quien ha cometido la infidelidad “arrastre” a la otra persona a terapia o lleve a cabo cualquier otro intento desesperado si esta no desea (o no puede) darle otra oportunidad.

Para la persona que ha sufrido la infidelidad es necesario trabajar el perdón, sin que esto quiera decir que lo ocurrido se va a olvidar como si nada; perdonar es la elección de “soltar” el episodio vivido para seguir adelante. El trabajo para poder perdonar una infidelidad requiere mirar a la otra persona con empatía (lo cual no es fácil) para no interpretar sus acciones como actos de crueldad.

En lo relativo a quien ha cometido la infidelidad, el trabajo ha de centrarse en la responsabilidad. Es común que aparezca la necesidad de justificarse e incluso de poner parte de la culpa en la pareja, pero es necesario abandonar la actitud defensiva y examinar si el arrepentimiento es genuino para hacerse cargo de lo ocurrido.

Cuestión de confianza

Una vez dado el paso de perdonar la infidelidad, el trabajo no termina ahí. Recuperar la confianza en la pareja no resulta fácil, y es posible que aparezca la tendencia a revivir conversaciones sobre la infidelidad. Por eso es importante plantear hasta dónde se desea conocer los detalles de lo sucedido y para qué, ya que en ocasiones puede hacer más mal que bien.

Cuando la infidelidad desencadena inseguridades y conductas de celos, es necesario trabajar la confianza. Al igual que en el caso del perdón, confiar es una elección; confiar implica aprender a tolerar la incertidumbre en lugar de estar en una constante búsqueda de pruebas.

Además, cuando la relación continúa tras la infidelidad es conveniente buscar el equilibrio entre la conexión mutua y la independencia de los miembros de la pareja. Evidentemente todo este proceso es complejo y requiere un trabajo individualizado acorde a la situación de cada pareja, pero lo más importante es que ambas partes estén implicadas en trabajar por la relación.

La importancia de definir los límites para poder perdonar una infidelidad

Volviendo a la idea del inicio del artículo, es esencial que cada pareja defina sus propios límites acerca de qué supondría una infidelidad en su relación y qué no. Para ello puede ser útil que cada cual se plantee posibles escenarios y trate de imaginar si determinadas situaciones pondrían en peligro la confianza en su pareja. Por ejemplo, “¿Cómo me sentiría si mi novia practicase sexting con alguien que no sea yo?” o “¿Me parecería bien que mi marido se fuese de viaje con una amiga?”.

Teniendo esto claro, el siguiente paso sería compartirlo en pareja para comprobar si existe un acuerdo o si es necesario renegociar los límites de la relación.

Terapia de pareja para aprender a perdonar una infidelidad

El trabajo en casos de infidelidad es difícil, pero no imposible. Eso sí, es fundamental tener en consideración algunas pautas imprescindibles. La primera de todas es que cuando se da el paso de acudir a terapia el contacto con las personas involucradas en la infidelidad debe cortarse de inmediato. Si la infidelidad se mantiene, el compromiso con la terapia y con la relación es prácticamente inexistente.

En el caso de que la terapia de pareja se iniciase por otros motivos pero se revele la infidelidad en una sesión individual, se ha de compartir la información con la pareja o dar la terapia por finalizada. ¡La terapia no puede funcionar si se le pide a la profesional que guarde secretos!

Mientras exista un compromiso de trabajo y honestidad, nuestro equipo de especialistas de Avance Psicólogos pondrá lo mejor de su formación y experiencia para atenderte. Puedes contar con nuestros servicios tanto a nivel presencial en Madrid como a distancia.

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Referencias bibliográficas:

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Scheeren, P., de Alda Martínez de Apellániz, I. y Wagner. A. (2018). Marital Infidelity: The Experiences of Men and Women. Temas em Psicologia 26(1), 371-385.
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Wilson, K., Mattingly, B. A., Clark, E. M., Weidler, D. J. y Bequette, A. W. (). The Gray Area: Exploring Attitudes Toward Infidelity and the Development of the Perceptions of Dating Infidelity Scale. The Journal of Social Psychology, 151(1), 63–86.

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