Síndrome post-aborto ¿realidad o mito?

síndrome post-aborto

En algunos medios se ha hablado de la existencia de un “Síndrome Post-Aborto”, un trastorno con sintomatología ansioso-depresiva que sobreviene como consecuencia de someterse a la interrpución voluntaria del embarazo. Pero, ¿realimente existe tal trastorno? La idea de sufrir un síndrome de este tipo hace que muchas personas teman no solamente al propio procedimiento, sino también a sus posibles secuelas. A día de hoy no figura ningún trastorno de tales características en los manuales de diagnóstico, pero ante la pregunta de si el aborto podía producir secuelas psicológicas se han realizado varias investigaciones en los últimos años.

En este artículo estudiaremos el síndrome post- aborto. ¿Realidad o mito?

Síntomas

Los estudios llevados a cabo hasta la fecha se han centrado en posibles indicadores de depresión, ansiedad, baja autoestima y afectación del bienestar subjetivo. Estos estudios se han venido desarrollando para comprobar si eran ciertas las hipótesis de investigaciones pasadas que defendían la existencia de este síndrome, las cuales fueron invalidadas por la comunidad científica ya que no cumplían los criterios necesarios para poder afirmar sus conclusiones.

Pues bien, se ha comprobado que después de la interrupción voluntaria de un embarazo no deseado no se producen aumentos significativos de los índices de depresión ni se dan síntomas de estrés postraumático.

Se han explorado los motivos para abortar de las participantes, que incluían dificultades económicas, problemas de pareja, falta de madurez o preparación emocional, la existencia de más hijos a quienes atender o simplemente el hecho de que no fuese un buen momento. Por todo esto se ha llegado a la conclusión de que no es el aborto en sí sino la existencia de unas circunstancias difíciles previas al embarazo lo que podría ser causa de posibles síntomas ansioso-depresivos. Esta hipótesis se refuerza en el hallazgo de que los niveles de autoestima y estado de ánimo eran más bajos antes de la interrupción del embarazo, tras lo cual se producía una cierta mejoría.

De hecho, también se ha comprobado que ante un embarazo no deseado es mayor el riesgo de sufrir secuelas psicológicas cuando se niega el acceso al aborto que cuando se realiza uno; cuando se impide abortar habiéndolo solicitado, los índices de ansiedad son más altos.

Lo esperable

Sí es común experimentar tristeza y duda después del proceso, ya que no resulta fácil. Estas reacciones emocionales son razonables, y por eso no constituyen en sí un trastorno psicológico. Es más, se ha encontrado que el momento de mayor malestar es el que se produce justo antes de la intervención, mientras que inmediatamente después comienzan a aparecer sentimientos de alivio.

Por lo general, se trata de una experiencia compleja que suele provocar una mezcla de emociones positivas y negativas, variando desde el pesar y la tristeza al inicio hasta la liberación y la tranquilidad posteriormente (especialmente cuando hay una reafirmación y un convencimiento de que la decisión tomada ha sido la correcta).

La mayor parte de las personas que han tomado la decisión de abortar han manifestado estar conformes con ello, incluso cuando se trata de algo que genera emociones encontradas. Este balance positivo se da sobretodo cuando se tiene una red de apoyo y el respaldo de las personas del entorno.

Cuando sí quedan secuelas

Aunque la mayoría no sufren las temidas secuelas, un pequeño porcentaje de quienes se someten a la interrupción del embarazo pueden experimentar arrepentimiento un tiempo después (los estudios realizados han hecho seguimientos de hasta cinco años).

El mayor factor de riesgo para experimentar este malestar es la existencia de un trastorno psicológico previo al aborto. Haber sufrido una depresión, un trastorno de ansiedad o las secuelas de un evento traumático (como los abusos en la infancia o la violencia de género) en el momento del embarazo aumenta las probabilidades de sufrir secuelas. Pero ojo, esto no sólo se refiere a posibles secuelas de un aborto. Tanto interrumpir un embarazo como llevarlo a término pueden ser experiencias intensas. Por esto mismo, tener un bebé habiendo un trastorno previo  ncrementa aún más la probabilidad de experimentar una exacerbación de los síntomas anteriores e incluso la aparición de otros nuevos.

Otros factores de riesgo incluyen la ambivalencia ante la decisión, las creencias religiosas o ideológicas opuestas al aborto, la existencia de violencia en la pareja, la falta de apoyo del entorno y las condiciones de clandestinidad o escasez de profesionalidad que se dan en algunas situaciones.

De todos modos, todos estos datos se refieren a los casos en los que se afronta un embarazo no deseado. Cuando se produce un aborto espontáneo o un aborto terapéutico durante un embarazo buscado las reacciones de duelo son esperables y totalmente justificadas.

Pedir ayuda

Sea como sea, el afrontamiento de un embarazo no deseado y la decisión de interrumpirlo es una experiencia que puede resultar muy difícil. Independientemente de las circunstancias previas al embarazo es necesario anticipar lo que puede suponer la decisión para elaborar bien el duelo. Esto es importante ya que si no se elabora bien, este podría salir a la luz en un embarazo posterior.
Igualmente, es fundamental trabajarlo en pareja cuando corresponda, porque si no se hace podría causar futuros problemas en la relación. Otro elemento a tener en cuenta es el estigma que conlleva el aborto, puesto que al ser un tema tabú puede generar una gran sensación de aislamiento.

Por todos estos motivos el apoyo es fundamental. Es recomendable contar con la compañía de alguna persona de confianza, pero cuando esto no es posible (o no resulta suficiente) también existe la posibilidad de contar con apoyo profesional. Si bien no existe un protocolo muy específico para estos casos, la terapia puede ayudar a gestionar las emociones que surjan durante y después del proceso.

 

Nuestra Terapia Psicológica

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