La psicología tiene la difícil tarea para explicar y describir con precisón qué es el egocentrismo. Para conseguirlo, muchas veces construye conceptos que se refieren a fenómenos psicológicos muy abstractos, es decir, que pueden manifestarse de múltiples maneras.
El egocentrismo es uno de esos conceptos que la psicología ha desarrollado para describir una gran variedad de comportamientos. En este caso, lo que caracteriza a este estilo comportamental es la tendencia a realizar acciones cuya finalidad última es obtener beneficios para uno mismo, sin tener en mucha consideración a los demás.
A lo largo de este artículo veremos qué es el egocentrismo, cómo se expresa en situaciones reales, y pondremos varios ejemplos.
Índice de contenidos del post
¿Qué es ser un egocéntrico?
El egocentrismo es la tendencia a centrar la atención en los propios intereses y necesidades, sin prestar atención al punto de vista y a los intereses de los demás.
Así pues, las personas que presentan un alto nivel de egocentrismo no solo sitúan la satisfacción de sus propias necesidades y deseos en la diana de casi todas sus acciones; además, ni siquiera tienen en cuenta a los demás cuando beneficiarlas no les costaría nada. En definitiva, el egocentrismo no consiste tanto en aprovecharse de los demás por interés propio, sino es simplemente no tener en cuenta los intereses de los demás, excepto si esto ayuda a atender las propias necesidades. Es como si en la manera de pensar de los egocéntricos faltase la parte que nos permite conectar emocionalmente con los demás y gracias a lo cual no tenemos que poner esfuerzo en imaginar qué quieren y qué no quieren quienes nos rodean.
Curiosamente, esto no significa que las personas egocéntricas no puedan empatizar con nadie. Significa, más bien, que de manera espontánea no lo hacen, a no ser que las evidencias de que lo que han hecho ha dañado a los demás sean muy evidentes, o a no ser que se pongan a pensar deliberadamente en qué es lo que quieren los demás.
Por otro lado, es importante tener en cuenta que el egocentrismo es un fenómeno gradual. Es decir, que hay muy poca gente egocéntrica al 100%, sino que la mayoría de las personas tienen ciertas expresiones de egocentrismo en contextos determinados, y lo único que cambia es nuestra propensión a dejarlo plasmado en nuestras acciones de manera frecuente y muy clara. Por eso, el concepto de egocentrismo «puro» del que hablamos aquí, a la práctica, es muy poco común entre la población, y conforma más bien una referencia para aprender a detectar esta clase de patrones de comportamiento.
Egocentrismo en la infancia y en la adultez
El psicólogo suizo Jean Piaget, desarrolló las diferentes etapas del desarrollo cognitivo e identificó el egocentrismo en los niños como una etapa normal. Sin embargo, cuando esta característica persiste en la adultez, puede convertirse en un obstáculo para las relaciones personales y el crecimiento emocional.
En los niños, el egocentrismo es una parte natural del desarrollo. Durante los primeros años de vida, los pequeños creen que todos piensan y sienten lo mismo que ellos. Con el tiempo, al desarrollar la teoría de la mente, aprenden a reconocer las perspectivas ajenas.
En los adultos, el egocentrismo puede manifestarse de manera más sutil. Algunas personas pueden tener dificultades para aceptar críticas, comprender emociones ajenas o valorar opiniones diferentes. Esto no significa que sean malas personas, sino que pueden haber desarrollado patrones de pensamiento centrados en sí mismos.
Diferencias entre egocentrismo y narcisismo
Aunque a menudo se confunden, el egocentrismo y el narcisismo tienen diferencias importantes.
El narcisismo
El narcisismo es un rasgo de personalidad que en función del grado en que se manifiesta puede conllevar un trastorno conocido como Trastorno Narcisista de la Personalidad. Este trastorno se caracteriza por la necesidad de admiración, falta de empatía, egocentrismo en cuanto sobre-estimación de las propias capacidades e instrumentalización del otro para el propio beneficio.
El egocentrismo
Por su parte, el egocentrismo no implica necesariamente una intención manipuladora o la búsqueda de admiración, sino una indiferencia hacia los demás. Las personas egocéntricas no buscan dañar o dominar; simplemente no consideran los intereses ajenos en su toma de decisiones.
Características del egocentrismo
Estos son algunos de los rasgos característicos de las personas con un alto nivel de egocentrismo.
1. Perspectiva unilateral
Las personas egocéntricas experimentan algunos problemas a la hora de negociar o de captar el interés de los demás al hablar, porque raramente adoptan la perspectiva del resto de personas. Esto hace que el contenido de su discurso parezca, en ocasiones, banal, ya que no apela a los intereses reales del resto; siempre tiene al «Yo» como punto de referencia.
2. Resistencia a compartir
Tienden al egoísmo, compartir significa perder parte de lo que daban por hecho que tendrían. Por eso, no les gusta, y por defecto no plantearán la posibilidad de que ellas compartan algo con otros, a no ser que crean que esto les reportará beneficios claros en otro aspecto de la vida.
3. Tendencia a la manipulación
Otra de las características asociadas al egocentrismo es la facilidad con la que se cae en situaciones de manipulación de los demás. A veces, incluso, creyendo que es por el propio bien de la víctima (al no pararse a pensar en los posibles motivos por los que a esa víctima realmente le podría perjudicar estar en esa situación).
4. No respetan el espacio o los momentos de los demás
Las personas egocéntricas interrumpen más e invaden más el espacio del resto de las personas, porque en muchas ocasiones ni siquiera se les pasa por la cabeza que eso exista y deba ser respetado. Esto hace que se expongan a la creación de conflictos, muchas veces sin darse cuenta.
5. Búsqueda constante de validación
Suelen necesitar confirmación constante de su valor y capacidades. Aunque no siempre lo expresen de forma directa, buscan ser el centro de atención en las conversaciones y situaciones, y pueden sentirse frustradas o ignoradas cuando no lo consiguen.
6. Baja tolerancia a las críticas
El egocentrismo está asociado con una alta sensibilidad a las críticas. Las personas egocéntricas tienden a reaccionar de manera defensiva o incluso agresiva ante comentarios que perciben como ataques, incluso si son constructivos.
7. Dificultad para pedir disculpas
Reconocer errores es complicado para alguien egocéntrico, ya que implica aceptar que han fallado o perjudicado a alguien. Su soberbia les impide admitir sus fallos, pues lo ven como una amenaza a la imagen que tienen de sí mismos. Por ello, evitan pedir disculpas o lo hacen de manera superficial.
8. Enfoque excesivo en logros personales
A menudo, destacan constantemente sus logros o habilidades, incluso en contextos donde no es relevante. Esta necesidad de validación puede derivar en arrogancia, ya que buscan reafirmar su importancia frente a los demás y demostrar su supuesta superioridad.
9. Poca disposición para comprometerse
El compromiso implica flexibilidad y considerar las necesidades de los demás, algo que resulta difícil para una persona egocéntrica. Por ello, suelen evitar situaciones donde tengan que ceder o ajustar sus expectativas.
10. Uso estratégico de la empatía
Aunque no suelen empatizar espontáneamente, pueden usar la empatía oscura de manera estratégica para manipular o influir en los demás cuando perciben que esto les beneficia
11. Dificultad para mantener relaciones a largo plazo
Debido a su tendencia a centrarse en sí mismos, las personas egocéntricas encuentran difícil mantener amistades, relaciones laborales o amorosas duraderas. Esto se debe a que su comportamiento puede ser percibido como agotador o egoísta por quienes los rodean.
12. Competitividad excesiva
A menudo sienten la necesidad de destacar sobre los demás en cualquier situación, incluso en contextos que no son competitivos. Esto puede llevarlos a subestimar o menospreciar a los demás para reforzar su autoestima.
10 Ejemplos del egocentrismo en la vida cotidiana
Algunos ejemplos de personas egocéntricas serían:
- Interrumpir en una conversación
Imagina un grupo de personas hablando sobre un tema común. Una persona egocéntrica interrumpría constantemente para redirigir la atención hacia sus propias experiencias o intereses, sin considerar que los demás también desean compartir sus ideas. - Ignorar las filas
En una cafetería o un supermercado, una persona egocéntrica podría ignorar la fila y colarse, justificándose con frases como «solo será un momento», sin preocuparse por los demás que esperan su turno. - Dejar tareas inconclusas en el trabajo en equipo
En un proyecto grupal, una persona egocéntrica podría centrarse únicamente en la parte que le beneficia o le da visibilidad, dejando de lado las tareas compartidas y afectando la dinámica del grupo. - Ocupar espacios compartidos sin consideración
Al visitar una playa o parque, alguien egocéntrico podría extender sus pertenencias (sillas, mantas, etc.) ocupando más espacio del necesario, sin considerar que otras personas también necesitan lugar. - Exigir prioridad en el tráfico
Un conductor egocéntrico puede ignorar reglas de tránsito, como ceder el paso a los peatones, o tocar la bocina repetidamente en atascos, sin empatizar con los demás conductores que están en la misma situación. - Hacer planes unilateralmente
En un grupo de amigos o en pareja, una persona egocéntrica decidiría las actividades a relizar sin consultar a los demás, priorizando únicamente lo que a ella le resulta interesante o conveniente. - No devolver favores o ayuda
Alguien egocéntrico podría aceptar ayuda de otros en momentos de necesidad, pero cuando le piden algo en retorno, suele ignorar o minimizar la importancia de apoyar a los demás. - Interrumpir momentos privados
Un egocéntrico podría llamar o visitar a alguien sin previo aviso en un horario inapropiado, esperando atención inmediata sin considerar si la otra persona está ocupada o necesita su espacio. - Rechazar críticas constructivas
En un entorno profesional, una persona egocéntrica podría ignorar comentarios o sgerencias para mejorar, asumiendo que ya hace todo perfectamente y que los demás están equivocados. - Acaparar la atención en eventos sociales
En una reunión familiar o de amigos, alguien egocéntrico podría monopolizar las conversaciones, asegurándose de que todo gire en torno a sus logros o anécdotas, dejando poco espacio para los demás.
¿Se puede cambiar el egocentrismo?
Sí, aunque no es fácil, con esfuerzo y autoconciencia es posible modificar este rasgo. Desarrollar la empatía es clave, y para ello se recomienda practicar la escucha activa, ponerse en el lugar del otro y ser consciente de los propios sesgos. Estas acciones permiten entender mejor a los demás y reducir la tendencia a centrarse solo en uno mismo.
Mejorar las relaciones personales también ayuda en este proceso. Aceptar críticas sin defensividad, mostrar un interés genuino por los demás y valorar la diversidad de opiniones facilita conexiones más equilibradas y significativas. Esto no solo fortalece los vínculos, sino que también fomenta un crecimiento personal más saludable.
En algunos casos, la terapia psicológica resulta fundamental para modificar patrones de pensamiento egocéntricos. Un psicólogo especializado en Madrid puede ayudar a fortalecer la inteligencia emocional y mejorar la forma en que se interactúa con los demás, fomentando relaciones más equilibradas, sanas y auténticas.
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